¿Llegarán hasta nosotros las réplicas del seísmo de Birmania?

Juan Ramón Vidal Romaní PROFESOR EMÉRITO DE GEOLOGÍA DE LA UNIVERSIDADE DA CORUÑA

OPINIÓN

MABEL R. G.

01 abr 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El seísmo del 28 de marzo pasado en Myanmar (Birmania), y con consecuencias en Tailandia y China, parece lejos de la Península Ibérica y sin nada que ver con nosotros. Pero, empatía aparte, como seres humanos, y también alivio porque nos toca de lejos, podemos decir que está equivocado quien piense así. La nomenclatura geológica es a veces confusa, por mezcla de fuentes actualizadas o atrasadas, y nos dice que el movimiento sísmico tuvo lugar en un tramo del borde sur de la placa euroasiática (la tercera en extensión después de la pacífica y la norteamericana, según el último mapa de placas tectónicas para la Tierra publicado en el 2022). Grosso modo, la placa euroasiática incluye toda Europa continental, Rusia, también Asia, Lejano Oriente, incluido Japón. En todo su borde sur se han registrado, desde hace miles de años, los movimientos sísmicos más peligrosos para la vida. Y aunque la placa solo incluye fondos oceánicos en el oeste (océano Atlántico), afortunadamente poco activos sísmicamente, el resto del perímetro está expuesto a tsunamis enviados desde las placas limítrofes. La mayor parte de la población mundial lleva viviendo precisamente en esta zona de Eurasia desde el principio de la historia. Aunque en la Tierra todas las placas tectónicas están rodeadas de placas, la actividad sísmica depende del tamaño de estas y de su actividad. Y Eurasia está sometida al empuje de las placas: norteamericana, africana, arábiga, india, australiana y la pacífica. Y de ahí la intensa actividad sísmica y volcánica en ese borde sur. Hay varias enseñanzas que nos trae el nuevo desastre: sabemos mejor que nunca dónde y por qué se producen estos sismos. Y que se van a producir mientras vivamos, y después también. En los muchos países situados en la zona cero, desde el sur de Europa hasta Japón, hay algunos que se han concienciado del riesgo perpetuo a los sismos aprendiendo a mejorar su predicción para prevenir sus desastres (recuerden entre enero y febrero de este año en Santorini), aunque otras veces todo suceda «inesperadamente». En algunos países desarrollados (Japón), la actividad sísmica y su predicción están bien controladas y las construcciones son adecuadas. Por eso apenas recibimos información de un fenómeno que se produce con la normalidad de todos los días. En otros, este es el caso de Myanmar, en guerra desde hace años, ni siquiera se han interrumpido las actividades bélicas para atender a los afectados por el sismo.