Fue en 1964 cuando el ministro de Información y Turismo de entonces, Manuel Fraga, obligó por decreto a todos los restaurantes de España que, según su categoría, incluyeran en su carta un menú del día a precios populares, asequibles. Su implantación se mantuvo hasta el 2010.
Hoy en cada jornada se consumen cuatro millones de menús del día, según datos de la Confederación Empresarial de Hostelería, que reúne a 52 asociaciones.
Este enero los menús mantienen un precio medio que oscila entre los quince y veinte euros con dos platos a elegir entre tres o cuatro primeros y tres segundos, más postre o café, pan y agua o vino.
Yo frecuento semanalmente dos casas de comidas que siguen esta fórmula en Madrid, donde son muy populares sirviendo menús diarios: El pescador y El porche de Lazcano.
Era habitual que en la carta de platos ofertada tuvieran los jueves de otoño e invierno cocido completo como plato estrella y al llegar el buen tiempo fuera la paella mixta el eje que vertebra los mediodías. Había acuerdo en el sector para que los jueves cumplieran con sus clientes con «la carta magna» del condumio hispano.
Caso distinto son los menús de carretera, parar para comer, almorzar en ruta siguiendo la tradicional leyenda urbana que asegura calidad alimentaria en aquellos figones, cafeterías o restaurantes donde hacen parada para comer los camioneros. Recuerdo con nostalgia gastronómica el restaurante del Hotel Landa llegando a Burgos; el Mesón, en Despeñaperros; Juanito, en La Roda, o Casa Rufo, en Bilbao. Estos son algunos de los establecimientos que, dispersos por la geografía de las carreteras y autopistas , han demostrado su buen hacer en los pucheros.
No me olvido de Mariño en Irún o del Cruce zamorano. Todos ellos ya van en su tercera generación y siguen sirviendo aquellos platos que quedaron registrados en nuestra memoria.
Viajero habitual, de origen y destino, de ida y vuelta surfeando seiscientos kilómetros de la Nacional VI, suelo detenerme en La Bañeza, en La Hacienda o en el restaurante que está al pie de la autopista en Vega de Valcarce en una esquina galaico leonesa del Bierzo. Mantengo una fidelidad canina a ambos establecimientos.
Hoy quiero rendir desde aquí mi pequeño homenaje a estos templos de la cocina popular y al decreto ley de Manuel Fraga, que puso a nuestra disposición los menús a buen precio que han coexistido con la cultura tan española del bocadillo de queso o jamón, el pincho de tortilla o la ración de ensaladilla. El humilde menú del día puso mesa y mantel a nuestras comidas de urgencia. Y como estamos en invierno, los jueves hay cocido…