Verdad y deseo

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

Goya

09 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El filósofo, matemático y físico francés René Descartes poseía entre sus muchas habilidades el don de la elocuencia. Dicen que es el autor de la sentencia «pienso, luego existo», que aparece en sus textos El discurso del método y en Principios de la filosofía. La frase, en realidad, ya la habían proferido otros sabios anteriormente. Descartes rompe con la Escolástica, que se estudiaba entonces en las universidades, y comienza el camino del racionalismo. Padre de la geometría analítica (lo que une álgebra y geometría) y autor de diversas contribuciones en el ámbito de la óptica o de la física. Aquí nos interesa el método cartesiano, pero no creemos demasiado en él. Es difícil pensar que un pequeño conjunto de reglas racionales puedan conducirnos a alcanzar la certeza absoluta y el conocimiento. Y mucho menos en estos tiempos falaces, en los que los inventores del término «posverdad» campan a sus anchas en el mundo de la política. Descartes era un intelectual elocuente. Y además del «pienso, luego existo» posee un florilegio de sentencias dignas de atención y elogio. Esta es una de ellas: «Es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado una vez». Y todo esto para qué, se preguntará el lector. Para decir eso: en esta España no podemos fiarnos de quien administra el destino de España. O sea, el Gobierno.

 No existen ni la concordia ni los acuerdos. Y no existen porque por primera vez en la historia democrática ya nadie se fía de nadie. La argumentación y la razón, tan queridas por Descartes, han dejado su lugar a la soflama y la perorata estéril. A Feijoo hace siete días le han dicho que no respetaba la democracia, concretamente en la comisión de la Dana de Valencia, y quien ha proferido tal aseveración ni se ha inmutado. Feijoo contestó cómo no iba a respetar la democracia el que ha ganado las elecciones y está en la oposición. Mayor muestra de respeto, imposible. Pero se diga lo que se diga, no hay forma de que los acuerdos se eleven. La demagogia ha triunfado. Los discursos vacuos y cargados de doctrina, incluso de dogmas, se han aposentado en la democracia. La polarización es el pan de nuestros días. Las dos Españas. Las de Machado. Las que nos llevaron a los momentos más oscuros de nuestro pasado. Es el momento de detener el curso del reloj. El simplismo ha sustituido al razonamiento. Las frases hechas y asumidas por algunos líderes, han traspasado las barreras del intelecto libre. Y lo malo de todo ello es que las posturas parecen irreconciliables. El duelo a garrotazos de Goya vuelve a ser la pintura de nuestros días. Todo esto debe terminar. La verdad solo es una (la posverdad resulta mentira) y mi deseo es que la verdad, frente al populismo, se imponga. En la sociedad civil y en los partidos. Cualquier otro camino sería yermo y desgarrador.