Uno de los grandes talentos de la nueva cocina gallega, Pepe Solla, no duda en afirmar que «con las tapa también se puede hacer alta cocina». Y de hecho Ferrán Adriá elevó a la élite de la restauración ese nuevo concepto de la cocina en miniatura.
Solla hasta llegó a tener un local de tapas en Sanxenxo durante un verano, El Arrufo, que dejó, no porque le fuese mal, sino porque su restaurante de marca de Poio, con una estrella Michelín y nominado para la segunda, le exigía una dedicación plena y permanente y una presencia muy notoria.
Además, este gran chef apoyó la anterior edición de PontedeTapas, celebrada el pasado mes de abril, en vivo y en directo. Muchos recordarán la improvisada cocina que montó en la plaza de Curros Enríquez y en la que preparó cuatro delicias absolutamente innovadoras. Una de ellas bautizada como Navalla lima-limón fue elegida por el público presente, que tuvo la oportunidad de degustarla, como la tapa oficial de Pontevedra para la Vuelta Ciclista a España que recaló en la ciudad el día 1 de septiembre. Sus otras propuestas fueron un tartar de jurel con mostaza de uva linta y una sopa de pescado y verduras.