En los manuales básicos de supervivencia de cualquier directivo, de esos que se venden en el quiosco de Lavacolla, se incluyen siempre algunos recursos para resistir al frente de las organizaciones más complejas. Una de las lecciones básicas es generar expectativas de futuro, planes estratégicos y horizontes cronológicos a medio plazo para ganar tiempo y, poco a poco, divisar la playa de la jubilación sin estar expuesto al escrutinio permanente.
El presidente Feijoo, o en su defecto el PPdeG y el Gobierno gallego, ha hecho una jugada de esas, pero en clave política, con la suerte para Santiago de que ha escogido como hito el Xacobeo 2021. Habrá, y así está ya reflejado en los presupuestos del 2019, partidas extraordinarias hasta entonces para preparar un evento que ya tiene apellidos: «O mellor da historia».
La memoria es muy traidora y tendemos a pensar que ese título lo tiene el Xacobeo 93, un año esplendoroso que nos sorprendió en un breve ciclo de crisis y que se forjó al borde de la improvisación, con Vázquez Portomeñe diseñando el Pelegrín en una servilleta de O Gato Negro. Pero lo que de verdad tuvo sustancia, de lo que seguimos disfrutando a día de hoy, es de la planificación turística y de infraestructuras que se ejecutó entre el mítico 93 y el siguiente domingo coincidente con el 25 de julio, que fue en 1999. Esos seis años cambiaron para siempre la historia de Compostela gracias, entre otras cosas, a un montón de millones de pesetas y al entendimiento institucional a prueba de siglas y egos políticos. Hubo dos protagonistas indiscutibles: Manuel Fraga y Xerardo Estévez. Los millones, ahora de euros, los vamos a tener. ¿Y los líderes?