«El robo del siglo», el espectacular atraco que puso en jaque a Colombia

Netflix estrena hoy el crimen que cambió la historia de la banca del país


Miami / EFE

El asalto bancario «más grande de Colombia» es recreado en la ambiciosa y audaz serie de Netflix El robo del siglo, que explora el crimen que cambió la historia de la banca del país y que, según han declarado a Efe sus tres protagonistas, será un hito para la televisión nacional. «La serie es un poco de todo. Es una serie de policías y ladrones, de suspenso, de relaciones intrafamiliares, de las crisis de vida de los hombres y de la situación de las mujeres en la sociedad colombiana en 1994», explica la actriz colombiana Marcela Benjumea, quien interpreta a Doña K.

Ella representa a la única mujer de la impresionante banda criminal que robó el equivalente a 33 millones de dólares (28 millones de euros) de la bóveda de un banco de provincia. Le acompañan Andrés Parra y Christian Tappan, dos de los principales actores latinoamericanos, que se han dado a conocer en series como Patrón del mal, El presidente y La reina del sur.

«A pesar de que fue un gran escándalo en Colombia y tuvo sus consecuencias, no fue un hecho realmente mediático, por lo que creo que la gente, incluso en el país, va a encontrar la historia fascinante», dice Parra, quien encarna a Chayo, un fracasado vendedor de joyas, que mantiene un lujoso estilo de vida con un segundo «empleo» como atracador.

Ninguno de los tres actores recordaba claramente el incidente, a pesar de que tuvo tal magnitud en la economía local, que los negocios tenían en las paredes una lista de los números seriales de los billetes robados -que aun no habían entrado en circulación- y debían romperlos si los llegaban a recibir. Los billetes recibieron el nombre de los «billetes vallenatos» y es el nombre que más recuerdan los colombianos.

«Se trata de una historia muy local y muy universal a la vez por el drama humano que vive cada uno de los involucrados y la dinámica tan complicada entre ellos», describe Tappan, quien encarna a El abogado, el gran estratega de las operaciones de la banda y quien rescata el lado emocional que cuenta la serie.

Personajes muy complejos

Doña K es una mujer «muy cerebral, pero con mucho corazón», indica Benjumea, quien además celebra que los guionistas hayan podido crear a un personaje que, a pesar de que tiene una vida complicada y criminal, «también tiene grandes amores». «Eso la vuelve muy humana», completa.

Uno de esos amores es Chayo, a quien Parra ve como un hombre en una profunda crisis: «Él está muy lejos del estereotipo del ladrón al que nos tiene acostumbrados el mundo del entretenimiento», comenta. El Abogado es su amigo y socio, quien vive una situación igual de grave que Chayo, pero por razones muy diferentes. «Él es una persona muy clara, brillante, que sufre un fuerte deterioro», revela.

Para los actores el verdadero desafío ha sido «reflejar la humanidad de los personajes. Transmitir esas situaciones, que más allá de lo que están haciendo, son muy universales. No tienen fronteras».

En los tres episodios a los que ha tenido acceso Efe, se puede ver cómo la relación entre Chayo y El Abogado es el esqueleto de la historia, que se estrena este viernes, 14 de agosto, en Netflix.

Las comparaciones con «La casa de papel»

En esos capítulos también se entiende por qué algunos han comenzado a comparar a El robo del siglo con la exitosa serie La casa de papel, lo que a los actores les parece tan sorprendente como divertido. El principio de la serie se enfoca en los preparativos del robo, al igual que la producción española. Sin embargo, tras el atraco, que los actores afirman que son »escenas muy apegadas a la realidad«, viene la parte del escape y la persecución. «Historias de atracos siempre va a haber. La diferencia es cómo se cuentan», subraya Parra.

Esta, particularmente, es contada con una mezcla de realidad y ficción, pues no se sabe casi nada sobre los involucrados, con excepción de una entrevista con uno de los ladrones y un libro sobre los detalles de cómo fue el robo. «Esto permitió que los guionistas se dieran licencias de ficción para recrear los hechos», indica Benjumea.

Lo que sí tienen en común ambas producciones es la increíble química entre los actores, que se traslada a la pantalla. «Hablamos mucho entre nosotros y también nos divertimos mucho», confiesan, y para que el público tenga una idea de la intensidad de lo que pasaron, Parra y Tappan mencionan una escena en la que un camión se queda atascado en el barro. «Para grabar esos dos minutos nos llevamos dos días y terminamos con barro hasta en la ropa interior», bromean. 

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