La península coruñesa de Barbanza todavía esconde lugares a los que acude muy poca gente incluso en estos meses
23 jul 2009 . Actualizado a las 12:04 h.Barbanza es el nombre de una península coruñesa bien conocida, pero que esconde todavía cientos de rincones en los que apenas hay gente. La ruta propuesta combina lugares que figuran en las guías con otros poco frecuentados y, como en algún lugar hay que fijar la partida, ese será la iglesia de la Atalaia, en Porto do Son, paraje cuidado que hace dos milenios era un castro.
Enfilando la carretera hacia Ribeira (C-550), una vez dejado atrás el famoso castro de Baroña, un desvío lleva a dos lagunas que durante el verano quedan reducidas a su mínima expresión, si bien en cualquier caso encierran un gran valor ecológico. Sus nombres: San Pedro de Muro y Xuño (este último topónimo, perversión de Juno, ya que que se refiere al militar romano que creó la aldea cercana).
Siguiendo la pista hasta el final se desemboca en otra que parece más ancha -mera ilusión- que procede coger a la izquierda. O sea, que toca subir prestando gran atención a las curvas, de por sí muy cerradas. No hay que tener miedo a dar luego la vuelta al coche, ya que arriba se extiende una explanada. Claro que esta no llega hasta la cumbre, a la que se accede por un camino fácil de recorrer y que remata ante una gran cruz y magnífico mirador sobre el parque natural de las dunas de Corrubedo.
Abajo y hasta el final, para acabar en la carretera que conduce por la diestra a Corrubedo y por el lado contrario a la mencionada C-550. Si queda tiempo, en ese tramo espera uno de los mejores dólmenes de Galicia, el de Axeitos.
Oleiros no tiene gran interés, pero ahí está el cruce, señalizado, que sube hacia A Curota. No es necesario llegar a ese bien conocido punto montañoso, sino que en determinado lugar se alza un sobresaliente crucero: el de Moldes. A su alrededor, como bien está indicado, hay mámoas, enterramientos de hace más de cinco milenios. Algunas resultan fáciles de ver: son esas pequeñas lomas entre la arboleda.
A Illa y Cabío
Bajada a A Pobra y, sin entrar en el centro, se bordea la localidad con el fin de acceder a dos playas vecinas entre sí aunque diferentes: la de A Illa tiene menos servicios, es más pequeña y está menos poblada. La de Cabío, bandera azul, pasea su fama por media Europa y con la marea alta se ve abarrotada; cuenta con muy buenos servicios. Y, si lo que se quiere es caminar, al final de Cabío arranca un paseo de madera que lleva a otro buen mirador: A Pena da Moura. El regreso a O Son, también por Moldes.
DATOS ÚTILES
Dónde comer
Restaurante Cabío. En la playa que le presta el nombre. Amplia y cuidada carta con toques originales no exentos de elegancia. Precios medios. Resérvese cuanto antes con el fin de coger una de la mesas del exterior, bajo los árboles. Trato cordial. 981 833 017.
Refugio d?Curota. En el alto de A Curota. Por fuera no es muy atrayente, pero derrochan amabilidad, el local está cuidado y las mesas ofrecen unas estupendas vistas sobre la ría. Hacen arroces por encargo. Buenos churrascos. 645 343 270.
Con niños
Playa de Cabío. Alquiler de pequeñas embarcaciones tipo piragua.
A Pobra. Espacio amplio y seguro al final de la Alameda.
Otros lugares. Tanto la subida final del monte Tahúme como el paseo a A Pena da Moura no los deben hacer solos.
Alquiler de bicicletas
En el Refugio d?Curota. Para mayores y pequeños. 3 euros la hora, 5 las dos horas y 10 todo el día.