Laura Pausini: «En Eurovisión prefiero que un extranjero cante en italiano a que un italiano cante en inglés»

Arantza Furundarena MADRID / COLPISA

SOCIEDAD

Tommy Napolitano

La cantante cuenta en una película que estrenará Amazon cómo habría sido su vida si no hubiese ganado el festival de San Remo

14 feb 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Mientras se prepara para presentar Eurovisión —«a fondo porque hablaré en inglés», precisa— Laura Pausini (Faenza, 1974) se sacude el letargo de la pandemia estrenando una película (Un placer conocerte) y una canción (Caja). El filme es un documental donde la cantante habla con la mujer que habría podido ser de no haber ganado San Remo a los 18 años. «Sería desconocida pero habría triunfado igual, porque el éxito no es la fama», advierte. 

—Dice que está volviendo a empezar. ¿Ha dejado atrás lo malo?

—Lo intento porque no quiero seguir viviendo en la ansiedad típica de mi carácter. Quiero salir de esa fase, sonreír y sentirme optimista.

—¿Qué ha aprendido?

—Que me gusta mucho estar en casa, donde desde hace 29 años nunca paraba más de tres días seguidos. He conocido el placer de dormir en la misma cama y de tener mis cosas en el armario y no en la maleta. Parar me desequilibró. Pero luego me ha gustado. He descubierto pausas, silencios, muchas horas para hablar con mi hija y mi marido. Ahora trato de encontrar el equilibrio entre la vida que hacía antes de la pandemia y la que he conocido después.

—Entre la Laura de antes y la pausada Pausini de ahora.

—Ja, ja, ja... ¡Adoro eso! Se lo voy a copiar. Sí, calma es una palabra que nunca me ha gustado pero empiezo a comprender lo importante que es.

—Vuelve a lo grande, con un largometraje.

Amazon llevaba años planteándome un documental y yo me resistía porque ya había contado mi historia en otro producido por mí. Pero insistían y pensé que había llegado el momento de mostrar cómo hubiera sido mi vida de no haber ganado San Remo. Desde el 28 de febrero de 1993 me hago esa pregunta y he tenido muchas respuestas. El 7 de abril las descubrirán.

—¿Qué cambiaría desde San Remo hasta hoy?

—Cambiaría a algunas personas. Si un hada madrina me dijera qué puedo cambiar algo, le pediría una lista de personas que no debo frecuentar. Y creo que ella necesitaría un papel bastante grande, ja, ja, ja...

—¿No ha aprendido a esquivar a los que no le convienen?

—No soy muy buena en eso. Sigo confiando demasiado en las personas, me abro mucho y es difícil. No sé reconocer quién se quiere aprovechar o me quiere dañar. He crecido desde niña con la imagen de que todos somos hermanos. Hoy se lo enseño a mi hija. Pero también le digo: Ojito, párate a evaluar quién se te acerca. Pero soy muy mala maestra.

—¿Le hubiera gustado que en Eurovisión a Italia la representara una española?

—No veo la polémica con Ana Mena. Ella ha tenido un éxito enorme en mi país y canta en italiano. No es la primera vez que en San Remo canta alguien de fuera. Como cantante y ciudadana italiana creo que lo importante es que no se olvide el idioma. Prefiero uno de fuera que canta en italiano que un italiano que cante en inglés.

—¿Cómo se quedó cuando no le dieron el Oscar?

—Muy feliz. Te juro que no me disgusté en absoluto. Peleo continuamente con mi marido porque él me dice que nadie me va a creer. Pero cuando vean mi documental lo entenderán.

—He leído que su hija Paola, a sus nueve años, todavía duerme con usted. ¿Es muy «mamma»?

—Soy la mamma de una niña que ha vivido una pandemia, que está con mascarilla dentro de la escuela y que me pregunta todos los días cuándo se va el coronavirus. En la noche siempre se levanta y viene a nuestra cama, y no la llevo a la suya porque ella necesita algo que la nueva generación está perdiendo, que es el contacto físico. En la escuela están alejados, tienen miedo a abrazarse. El único contacto verdadero de amor lo tiene con sus padres. Quiero que aprenda que siempre tendrá su refugio en nuestros brazos.

—Sin importar la edad.

—Claro. Yo tengo 47 años y, cuando voy a ver a mis padres al pueblo, muchas veces me voy a la cama con ellos y me pongo allí a charlar. Me miran como si estuviera loca, pero al final veo que sus ojos están llenos de amor por ese gesto.