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La periodista y escritora publica el libro autobiográfico «Animales heridos» sobre una relación tóxica que acaba en divorcio y dice que sus heridas «están cerradas»
24 dic 2022 . Actualizado a las 18:18 h.«La escudella es un ritual que no se puede perder. El día antes empieza el show», advierte esta periodista que se ha metido en la cocina para tomar el relevo de su madre, convaleciente de un ictus, y bordar el plato típico de la Navidad catalana. Elisenda Roca (Barcelona, 1963) acaba de publicar Animales heridos, donde una mujer se enfrenta a un divorcio tras una relación tóxica... «Hay algo de mí en ese personaje», admite la autora.
—Su libro habla de volver a empezar cuando la vida nos golpea. Y la vida a usted la ha golpeado.
—Sí, pero lo importante es darnos una segunda oportunidad, que a veces creemos que no la merecemos. A mí no me costó nada darme otra oportunidad. Lo que me costó fue aclimatarme de nuevo a la felicidad.
—Ya ha dicho que sufrió maltrato psicológico...
—Lo he vivido. Pero, es curioso, cuando tienes una relación así tiene que ser alguien quien te avise desde fuera. Yo no me reconocía como víctima, lo atribuía a su mal carácter, a su ira, a sus prontos... Lo maquillas, lo disfrazas. Y cuando te dice que cambiará, tú le crees. Pero estas personas no cambian.
—-¿Por qué la víctima se lo niega a sí misma?
—Básicamente porque estás débil, porque la autoestima ha quedado minada, destruida. Eres fuerte cuando sales de casa y vuelves a sentir miedo cuando entras en ella. Los hijos duelen mucho e intentas protegerlos. Yo no me consideraba víctima ni nada. Ha sido ahora al retratar a Nora, y ponerlo negro sobre blanco, que me he reconocido y me he dado cuenta.
—¿Y al escribirlo ha cerrado heridas o las ha reabierto?
—Es un libro que duele pero no he reabierto nada. Mis heridas ya están cerradas. Las cicatrices te hacen más fuerte.
—¿Ya no se siente un animal herido?
—No. Soy un animal que lleva sus heridas pero que afortunadamente se han cerrado bien. Y eso ha sido gracias a que me he reconstruido pero también gracias a la gente. Hay personas refugio. Y afortunadamente yo tengo buenas personas refugio.
—Presentadora de televisión, profesora, escritora, dramaturga... Le habrán dicho que no da el perfil de mujer que ha soportado quince años de maltrato.
—No fueron quince años. Los primeros cinco fueron buenos. Y los cuatro últimos, los peores. La relación empezó de maravilla, tuve una historia de amor preciosa y no me arrepiento. Pero luego empieza el desgaste. Y es a fuego lento, una lluvia suave que te va calando. Crees que poniéndote un chubasquero lo solucionas. Pero no. Es algo que te atraviesa la piel. Lo peor es que lo normalizas. Tú crees que lo puedes manejar... Ahora me digo ¿pero cómo aguanté tanto?
—¿Por qué ha decidido hacerlo público ahora?
—Cuando me preguntaron por el personaje de Nora dije la verdad: que hay mucho de mí. Y a partir de ahí se desató un interés que me ha resultado un poco sorprendente. Creo que hay muchas más Noras de las que pensamos.
«Borrada de mi vida»
—¿Se ha puesto esa persona en contacto con usted?
—Noooo... Vamos, esa persona está borrada de mi vida. No lo espero en absoluto, de ninguna de las maneras.
—¿Cómo ha educado a su hijo, Adriá?
—Con mucha calma y, naturalmente, en el feminismo, en la igualdad. Mi hijo cocina muy bien. Es una persona independiente y generosa. Yo lo he intentado proteger todo lo que he podido. Y he hablado mucho, claro, sobre todo desde que es adulto. Tiene 25 años y compartimos un pódcast: «Algo de esto quedará». Tenemos una relación muy estrecha.
—Nació el día de San Valentín. ¿Le ha perdido el romanticismo?
—No creo mucho en el amor romántico. El enamoramiento es precioso pero es un espejismo.
—Es la voz en off de «Saber y Ganar». ¿Aspira a que se le pegue algo de la eterna juventud de Jordi Hurtado?
—Lo intento, ja, ja, ja... Pero es que lo que hace Jordi es cuidarse. A él le hace mucha gracia lo de la eternidad. Que digan de ti que eres eterno es bonito.
—¿ Si tuviera que darle un consejo a la Elisenda Roca de hace unos años qué le diría?
—Sal de ahí, rápido. No esperes. Sal.