¿Está «Adolescencia» basada en una historia real? La inspiración de la serie que remueve conciencias

SOCIEDAD

Los creadores de la serie han basado la aclamada ficción en la creciente ola de asesinatos con cuchillos en el Reino Unido y en los efectos de los creadores de contenido que promueven la masculinidad más tóxica
20 mar 2025 . Actualizado a las 18:38 h.La serie británica Adolescencia convierte en cuatro angustiosos capítulos la mayor pesadilla de cualquier padre. Una historia que, a través de cuatro virtuosos planos secuencia, nos permite acompañar a víctimas, verdugos y afectados directos o colaterales de un crimen como si estuviéramos a su mismo lado. Su acertadísima decisión técnica incrementa el realismo de la propuesta hasta el punto de que resulta difícil por momentos pensar que se trata de una ficción. La pregunta que surge tras esta experiencia inmersiva es: ¿se basa la producción de Netflix en una historia real? La respuesta la han revelado los propios creadores: y es un sí, pero no.
El caso concreto de Jaime Miller, interpretado con impactante veracidad por un primerizo Owen Cooper, no ha existido realmente. Pero de serlo, el suyo sería solo uno más de la creciente ola de crímenes cometidos con cuchillos que se han producido en Reino Unido en los últimos años. En el caso de los adolescentes, la preeminencia de este tipo de armas es aún mayor: el 83 % de los jóvenes de entre 13 y 19 años asesinados entre el 2023 y el 2024 fallecieron por un objeto punzante. Y algunos de estos crímenes habían sido cometidos por adolescentes. Cada vez más. Y no es ni mucho menos un fenómeno exclusivo de las islas británicas.
La terrible tendencia fue la excusa perfecta para convertir lo que era un problema palmario de la sociedad británica en una ficción. Pero si Stephen Graham pudo saber de la existencia de estos casos fue por uno en concreto. «Hubo este incidente en el que un chaval había [supuestamente] apuñalado a una chica», le contó el creador de la serie al blog Tudum, en Netflix, «me quedé impactado, porque me dejó pensando: "¿qué está pasando? ¿qué le pasa a la sociedad actual para que un niño apuñale a una niña hasta la muerte? ¿qué es lo que lo lleva a hacer eso?"». Lo que vio es que no era un caso aislado. «Pasaba otra vez, y otra y otra».
Y la respuesta a su investigación llegó en forma de una serie que intenta escudriñar las posibles razones que llevan a un joven a cometer un crimen tan atroz como este. «Era una de nuestras intenciones, la de preguntarnos: ¿qué les pasa a los jóvenes hoy en día, y cuáles son las presiones a las que se enfrentan por parte de sus iguales, de internet o de las redes sociales?», declaró.
«Manosfera», «incels» y la píldora roja
De este modo llegó la exploración de los desafíos de la masculinidad en la era de la globalización, de las redes sociales y de los foros, y de los efectos de la irrupción de la conocida como manosfera —algo así como «esfera de hombres»—. Hablamos de esa horda cada vez más presente y ruidosa de foreros, blogueros y youtubers fundamentalmente de extrema derecha que apelan a una enfatización de los valores trasnochados del macho tradicional, aderezados con rechazo hacia las mujeres y una fuerte y declarada oposición al feminismo, sus avances y sus estrategias.
Es un entorno que transforma las frustraciones de los hombres, y especialmente de unos adolescentes más vulnerables aún por las inseguridades propias de la edad, en rabia masculina y en misoginia. Y se representa esta ideología con el símbolo de la «píldora roja», en referencia a la película Matrix, simbolizando con esa opción a quienes han abierto los ojos y se han desprendido de la que ellos consideran una cultura dominante castradora que convierte a los llamados a ser «machos alfa» en «machos beta».
Cuando el cocreador de la serie se puso a investigar, el concepto de manosfera le era totalmente ajeno. «No supe nada hasta que Jack Thorne [el otro cocreador] me habló de ello, y me quedé asombrado», declaró.
Reflexión sobre la masculinidad actual
Y eso les llevó a una reflexión propia, de su condición como hombres, como padres, como compañeros, maridos y amigos. A cuestionarse cuántos de sus comportamientos cotidianos se debían a patrones que, en última instancia, podían llevar a desarrollar esa ira masculina en sí mismos o en trasladársela como influencia hacia sus seres queridos. «Es un sendero que nunca había tomado como escritor, y me dio miedo y me excitó a partes iguales, porque me hizo ver que sí tenía algo que contar», ha comentado Thorne.
En el caso de Stephen Graham, su autoexploración psicológica lo llevó al punto de meterse en el papel del sufrido y cuestionado padre del niño arrestado por asesinato. Su imagen habitual como hombre muy masculino en sus interpretaciones a lo largo de su carrera le hacían la opción natural. Y en él está la clave de la idea que tenían de la serie, que rehúsa dar explicaciones o hacer recaer únicamente en la educación paternal los actos del niño. Fue una decisión intencionada. «Quería mitigar todo ese discurso y preguntar: ¿Y si no es por eso?», le contó el actor y guionista a la revista Vanity Fair.
«No quiere decir que tengamos las respuestas, porque no las tenemos, pero para mí y para Jack lo importante era ponerle un espejo a la sociedad y decirle: "Mirad esto, porque ha pasado y está pasando"», ha concluido.