El glaciar del juicio final amenaza al planeta

jon garay COLPISA

SOCIEDAD

El Thwaites tiene el tamaño de Gran Bretaña y, si se derrite, el nivel del mar podría aumentar 65 centímetros

19 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

A más de 7.000 kilómetros al sur de la ciudad brasileña de Belém, donde este pasado lunes comenzó la COP30, descansa su enorme mole el glaciar Thwaites, uno de los mayores del mundo. «A diferencia de los glaciares de montaña de los Pirineos, que son pequeños, su tamaño se mide en países», dice Jesús Revuelto, investigador del Instituto Pirenaico de Ecología. Efectivamente, sus dimensiones son abrumadoras. Con un ancho de 128 kilómetros, casi 200.000 kilómetros cuadrados de superficie y un grosor de dos kilómetros en algunos puntos, su tamaño es similar al de Gran Bretaña.

Pero no es esto lo que tiene en vilo a los científicos, «ya que los hay bastante más grandes», explica Jorge Álvarez Solas, especialista en glaciares del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Lo que de verdad despierta la preocupación de los expertos es su estado de fragilidad. Tan es así que en 2018 se puso en marcha el Proyecto Internacional de Colaboración sobre el Glaciar Thwaites (ITGC, por sus siglas en inglés), cuya misión es «comprender los procesos físicos críticos que controlan el glaciar en el clima actual y durante los últimos miles de años, y elaborar una predicción más fiable de cómo cambiará el glaciar en el futuro y por qué».

«Es el más grande de los que están en riesgo de colapso. Si se derritiera por completo, se calcula que el nivel del mar subiría 65 centímetros. Puede que en vertical no sea una cifra muy elevada, pero en horizontal son potencialmente muchos kilómetros», destaca Álvarez. «Además, su pérdida desestabilizaría zonas adyacentes de la capa de hielo de la Antártida Occidental y podrían contribuir con más de 3 metros al aumento del nivel del mar», añade el geólogo Robert Lartes, uno de los investigadores principales del ITGC. Razones todas ellas que explican el sobrenombre del ‘glaciar del juicio final'.

Un gigante con pies de barro

Este gigante de hielo fue descubierto en enero de 1947 gracias a unos estudios fotográficos desde el aire llevados a cabo por la Armada de Estados Unidos en la llamada Operación High Jump, una serie de maniobras militares para probar a las tropas y el material militar en las condiciones extremas de la Antártida. Una cartografía más detallada no llegó hasta años después, entre 1959 y 1966. Su desgaste comenzó ya en aquella época. «El retroceso actual se inició por el aumento del flujo de agua relativamente cálida y profunda sobre la plataforma continental -la parte del fondo submarino más próxima a la costa- desde mediados del siglo XX, impulsado por cambios en los patrones de viento predominantes consecuencia del cambio climático global», explica Lartes.

¿Qué es lo que lo hace tan vulnerable? «En la Antártida, la temperatura del aire es lo suficientemente baja para que no haya ablación, es decir, para que no se derrita. Casi todo se pierde en contacto con el océano», apunta Álvarez y confirma el geólogo británico. Hay que mirar entonces lo que ocurre bajo la superficie. Su debilidad viene por dos razones principales que se entrelazan. La primera es su ubicación. El gigante desemboca en el mar de Amundsen, «una zona que está experimentando una subida de las temperaturas por el cambio climático», explica el especialista del CSIC. En cuanto a su morfología, «casi todo su lecho se asienta muy por debajo del nivel del mar, con lo que recibe el agua relativamente cálida de la Corriente Circumpolar Antártica que fluye hacia la plataforma continental», dice Lartes. Esto hace que la parte del glaciar que se asienta sobre la roca esté retrocediendo, lo que permite que esas corrientes cada vez más cálidas desgasten al glaciar desde abajo.

Queda la parte del coloso que flota sobre el mar. También está adelgazando por estas corrientes cálidas. Pero hay una razón más: una parte se asienta sobre una cresta submarina que ejerce una fricción sobre el hielo que lleva a su fractura y a que se desgajen icebergs. «Es lo que se llama efecto calving y está produciendo rupturas a un ritmo más elevado que las provocadas por las altas temperaturas», dice Álvarez.

El papel de esta plataforma flotante es clave porque ejerce una función de «arco romano o tapón». Si desaparece, la parte del glaciar situada sobre la roca, que por el propio peso del hielo fluye varios kilómetros al año -el agua en su base también ejerce de lubricante-, fluiría todavía más rápido». Este punto es el verdaderamente «preocupante. Los icebergs no suben el nivel del mar. Ocurre como con un cubo de hielo en un vaso de agua. Si se derrite, no sube la cantidad de agua. Pero sí lo hace si se derrite la parte del glaciar que llegaría al mar».

«Esta aceleración del río de hielo genera un círculo vicioso, ya que hace que la línea de flotación del Thaiwates retroceda y aumente la inestabilidad de la parte flotante, cada vez más débil para contener un río de hielo cada vez más rápido… Todo ello lleva a un colapso que algunos dicen que ya ha empezado. Si no se toman medidas para frenar el calentamiento global, podría acabar afectando a glaciares todavía más grandes», concluye Álvarez.