El joven que quiere ayudar a los municipios gallegos a limpiar sus montes
FORESTAL
Este francés afincado en Vilagarcía busca arrancar su proyecto empresarial, una cooperativa para la gestión de residuos forestales
20 dic 2025 . Actualizado a las 10:39 h.Un día, Nicolás Lamarque se levantó para ir a pasear por Xiabre junto a su perra Leia y se encontró con un vertido de residuos que reconocía de sus primeras incursiones por el monte vilagarciano hacía ocho años, recién llegado a Galicia.
Este es el punto de partida del proyecto que este joven francés afincado en la capital de O Salnés quiere poner en marcha: una cooperativa para la recogida y gestión de residuos en los montes gallegos. El problema no es nuevo. La gente deposita sus pertenencias en el monte sin control, especialmente voluminosos, y tanto para las autoridades como para los propietarios es complicado mantener el ecosistema limpio. Lamarque presenta un detallado plan empresarial para poner fin a este conflicto, muy documentado, que se ajusta a la normativa vigente y que toma inspiración del plan forestal Galicia 2021-2040, aprobado por la Xunta. Su idea es crear una fórmula que se encargue, entre otras cuestiones, de vigilar el monte Xiabre —dado que «lo conozco como la palma de mi mano», aunque asegura que es perfectamente adaptable a otros lugares—, a poder ser a través de cámaras trampa que no solo sirvan para localizar los vertidos, sino como elemento disuasorio.
Lamarque tiene conocimientos en la gestión adecuada de la basura gracias a que lleva tiempo colaborando con el punto limpio de Vilagarcía y manteniendo contactos con Urbaser, la empresa adjudicataria de la gestión de residuos en el concello, quien, asegura, lo animan a sacar adelante su idea. De hecho, en los últimos meses ha puesto en práctica lo aprendido en un terreno próximo al antiguo campo de fútbol del Victoria C.F., empleado por mucha gente como vertedero improvisado —a pesar de su proximidad con el punto limpio—, al cual le ha dado una cara nueva. Su iniciativa ha captado el interés de la comunidad de montes de Trabanca Sardiñeira, que debatirán en una asamblea extraordinaria apostar por el proyecto.
Porque en este punto, lo que necesita Lamarque es apoyo y medios para materializar sus ideas. El joven declara haber mantenido contactos con el Concello de Vilagarcía, entendiendo que pueden ser uno de los actores más interesados: «Las multas para los ayuntamientos que no se hacen cargo de sus vertidos forestales es de 2 millones de euros. A menudo los municipios no tienen medios para llevar a cabo esta limpieza. Este proyecto podría ser una solución». Esas conversaciones fueron, en principio, fructíferas, pero desde hace meses ha dejado de recibir respuesta: «Sentí que aunque les gustaba mi idea y no dudaban de su viabilidad, veían que implicaría mucha burocracia», indica, aunque mantiene la esperanza, ya que lo último que le transmitieron es que se encuentran estudiando su propuesta. Uno de los motivos por los que busca amparo del Concello es para impulsar una de las iniciativas que plantea como vía inicial de ingreso —el cual, según sus cuentas, necesitaría 100.000 euros de inversión para arrancar—: el aprovechamiento de los envases y botellas generadas por los bares y cafeterías vilagarcianas que quisiesen participar en el proyecto.
La generación verde
Mientras, no quiere quedarse de brazos cruzados, el trabajo que está realizando por su cuenta en el monte le está sirviendo para avanzar en otro de sus objetivos personales y que también le gustaría que formase parte de su proyecto empresarial: la concienciación ambiental. Lamarque señala que una de las cosas que más le chocó a su llegada a España es ver que la gente tira demasiada basura al suelo «y a veces tienen una papelera al lado», o bien apuntando que «ya hay quien lo limpie», un hábito que le gustaría erradicar. En su cuenta profesional de Instagram muestra a sus seguidores cómo lleva a cabo sus actividades de limpieza, de regeneración del suelo —en el mismo terreno de Xiabre que ha limpiado, ha estado poniendo en práctica técnicas de compostaje empleando, por ejemplo, algas— y divulga sobre cuestiones relacionadas con el medio ambiente. También ha contactado con algún centro escolar para sondear la posibilidad de llevar a cabo actividades formativas al aire libre con estudiantes en caso de que su empresa arranque, encontrando un clima propicio: «Un amigo me dijo que es complicado cambiar la visión de los más pequeños sin cambiar la de sus padres. Yo respondí que si los formamos bien serán los hijos los que hagan cambiar a sus padres. Construir la generación verde».
Su actividad ha llamado la atención, incluso, de un productor, con quien está realizando un documental que confía en que pueda servir también para darle un empujón a una iniciativa que a él le gustaría que acabase involucrando a tantos actores de la sociedad como fuere posible.
Reinserción social
Concienciado con construir una sociedad mejor, a Lamarque le gustaría que la cooperativa fuese una vía para dar segundas oportunidades. Los puestos de trabajo generados por su actividad le gustaría que fuesen cubiertos por personas con discapacidad o bien por ex presidiarios, «y una vez acaben su contrato de inserción, si muestran valor, les haré con un contrato típico». Él mismo ve en esta aventura una oportunidad para salir adelante, después de que debido a una discapacidad reconocida, le haya costado en los últimos tiempos reengancharse al mercado laboral.
Pero si la iniciativa empresarial no arranca, ya trabaja alternativas con las que reconvertir su idea en actividades que no necesiten el apoyo público. Lo que tiene claro es que no va a bajar los brazos.
