La ourensana María José Bravo Bosch, delegada de la Xunta en Vigo, debería saber que las Cíes, el segundo destino turístico de Galicia, están en el municipio de Vigo. No lo sabe, por lo visto. Y así le parece estupendo que Aena quiera hacer de Lavacolla un aeropuerto volcado en el turismo, mientras Alvedro y Peinador se centran en los viajes de negocios. Olvida también el potencial de las Rías Baixas para atraer visitantes cada verano. Con su querido Sanxenxo como emblema.
Profesora de la facultad de Derecho del campus de Ourense, ciudad de la que fue concejala de Hacienda de 1995 a 1998, la ourensana María José Bravo Bosch ha venido esta semana a impartir sus ya clásicas lecciones sobre qué es Vigo, cómo deben pensar los vigueses, qué nos conviene y qué no terminamos de entender. Se trata de un espíritu entre didáctico y misionero del que lo único aprovechable es su parte cómica. Si eres de Vigo y te esfuerzas, la delegada de la Xunta te hace gracia.
Dice la ourensana María José Bravo Bosch que son unos «incoherentes» quienes critican que se postergue Peinador y luego vuelan por Oporto. Como hice tal cosa esta misma semana, me doy por aludido. Cierto que yo no le pago el sueldo a esta señora para que venga a faltarme al respeto. Pero le voy dar la satisfacción de explicarme.
Esta semana he volado a Barcelona, ida y vuelta, por Oporto, por 122 euros. Claro que intenté volar desde Vigo. Pero me costaba 396 euros. Y, el viaje de vuelta, tenía que hacerlo con escala en Barajas porque no había plaza en vuelo directo.
Para la información de la amable ourensana, y su incansable labor misionera sobre los aborígenes vigueses, le diré que yo tengo una economía muy modesta. Y no puedo tirar 274 euros. También le diré que, desde Vigo, tengo ocho frecuencias de autobús diarias con el Sá Carneiro. Y ni una sola directa con Lavacolla.
Para ser exactos, sin embargo, a mí los billetes desde Oporto no me costaron 122 euros. Sino unos cuantos más, que salen de los impuestos que gustosamente pago y que la Xunta despilfarra regalándolos a Ryanair para que opere en Santiago. Ese dinero lo pagamos todos los gallegos, volemos o no. Y se lo lleva un señor a Dublín. Mientras no hay un euro para subvencionar, por ejemplo, un autobús rápido que conecte las tres terminales gallegas.
Además, en mi caso, los billetes me los pago yo. Mientras que a ella se los pagamos con dinero de las arcas públicas. Es un matiz que no debería haber olvidado, antes de hablar con la audacia propia de quien viene a catequizar a los gentiles.
La misión de Bravo Bosch parece ser la de explicar lo inexplicable: la política de la Xunta con Vigo. Aunque lo haga con unas formas didácticas propias de otra época, en concreto las de las misiones durante el colonialismo africano. Su caso, por desgracia, no es único. Es un clásico de Vigo que venga cualquiera de fuera y nos dé lecciones sobre nuestra ciudad. Y que muchos vigueses lo acepten gustosos. Pero hay que decirle a Bravo Bosch que cobra como delegada de la Xunta. No, como delegada del Domund.
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