Esperanza González, médico de psicotécnico: «95 años es muchísima edad para conducir y 89 o 90 sigue siendo mucha»

Carlos Punzón
Carlos Punzón VIGO / LA VOZ

VIGO

XOAN CARLOS GIL

Pediatra, doctora de urgencias, hasta en la selva con la guerrilla, combate ahora la falta de condiciones para renovar el carné. «Es una enorme responsabilidad», advierte

25 ago 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Ha viajado en burro, a caballo, en avioneta, todoterreno o piragua para atender enfermos y heridos. Se ha adentrado en la selva colombiana para curar hasta a guerrilleros de las FARC. Hoy, Esperanza González Domonte (Guanare, Venezuela, 1966) tiene en su mano y conocimiento la decisión de renovar o denegar el carné de conducir, permisos de armas y la licencia náutica de los clientes del centro psicotécnico donde trabaja, Psicotécnico Vigo. «Me gusta esto, me gusta de verdad», dice tras haber sido médico de urgencias, pediatra e integrante del cuadro sanitario de la Hermandad Gallega de Caracas.

Su vida es de ida y vuelta continua, de reinventarse, de emigrar sobre lo emigrado. Con tres meses llegó a Santa María das Neves de Grixoa, la parroquia materna del concello ourensano de San Amaro. A los ocho volvió a Venezuela y en el 2017 regresó por segunda vez a Galicia. «No tuve conflictos de identidad. Me sentía de allá y de acá».

Pero el retorno fue complejo, partir de cero de nuevo tras haber logrado un reconocimiento profesional notable, «aunque en los diez o quince últimos años en Venezuela trabajábamos con las uñas, hacíamos una auténtica medicina de guerra». Eso, que acabó por lanzarle a volver a Galicia, le hizo darse cuenta de que quien tiene dinero en su país, cuenta con todo tipo de atención y medicinas, mientras la sanidad pública se muere. «Dejé de vacunar a los niños por falta de vacunas. Reaparecieron las epidemias de tuberculosis, sarampión o varicela. Las vacunas se volvieron un negocio y eso me hizo mucho daño», recuerda.

En el año que pasó en el campo, prerrogativa obligatoria en la formación como médico en Venezuela, Esperanza González tuvo un baño de extrema realidad. «En Papelón, el pueblo que me tocó, muchas veces no tenía ni agua ni luz ni nada». Monos, cocodrilos y serpientes le salían al paso en sus traslados. Y como en un relato de realismo mágico, la doctora González Domonte narra como un día en la zona más delicada de la UCI pediátrica vio a un médico apoyado en una de las cunas. En un segundo reparó en que ella era la única doctora de la unidad y al volver la vista atrás ya no vio a nadie. «Fue lo que viví. Quedé blanca, sentada y una de las enfermeras me dijo, ¡ya vio al beato!» Era el beato José Gregorio Hernández, pionero de la medicina experimental en Venezuela, y el primer fallecido en su país por atropello de coche. Una figura del médico aparecido en su ronda está presente en su consulta.

En su nueva ocupación dice haber encontrado la estabilidad a cambio de haber perdido la adrenalina de las urgencias. El conocimiento adquirido le permite con un golpe de vista hacerse una idea del paciente que quiere renovar el carné. Cómo se sienta y levanta, cómo pone la cabeza para escuchar, cómo habla... Las cosas han cambiado en los psicotécnicos, de mero trámite burocrático se ha pasado un examen pormenorizado. «Nuestra responsabilidad es muy grande», advierte como jueza que determina quién puede y quién no seguir al volante. «Es muy duro tener que retirar el carné a un mayor, es decirle que se acabó una etapa de su vida. Hay que tener mucho tacto», concluye de una situación que este verano le ha llegado a ocurrir siete veces en una misma jornada.

Para tratar de rebajar el impacto de esa escena suele pedir que un familiar acompañe en la cita, y si no están de acuerdo con el resultado, pueden pedir a la DGT otro punto de vista. «Está pasando lo contrario, que llama un allegado para pedir que le quitemos a su padre o abuelo el permiso porque no lo ven en condiciones de conducir, pero no se atreven a decírselo», mantiene la doctora. «Y es cierto, hay mucha gente conduciendo por ahí sin condiciones para ello». Incluso mayores a los que no ha considerado aptos los ha visto después en su coche y en dirección contraria. «Tuve que llamar y dar parte, ¡claro!».

Desvela que se puede restringir la conducción a solo unos pocos kilómetros del domicilio, o hacerlo obligatoriamente acompañado, o durante el día, o prohibir ir por autovía, se puede llegar a adaptar el permiso a condiciones personales, pero hay 118 dolencias y enfermedades que de entrada reducen el tiempo de vigencia del carné o lo impiden. «Hay que examinar y decidir con mucho cuidado, porque estamos viendo ese tipo de accidentes de personas mayores que en un segundo no es capaz de dominar su auto e invade una acera llena de gente, como ha pasado en Vigo este año, o que conducen en contradirección. Cuando ocurre algo así todos se preguntan: ¿cómo pudo pasar el examen psicotécnico?», dice.

Esperanza González extrae una conclusión de sus consultas: «95 años es muchísima edad para conducir y 89 o 90 sigue siendo mucha; los reflejos y la atención ya...», aunque alguno de sus pacientes se ponga a dar saltos para tratar de demostrar que sigue siendo un chaval.

 

Esperanza González Domonte, el día de su bautizo en Guanare (Venezuela) en 1966
Esperanza González Domonte, el día de su bautizo en Guanare (Venezuela) en 1966 Álbum familiar

EN DETALLE

-Primer trabajo

-«En la clínica en la que nací, en Guanare, con el título provisional antes de tener el oficial definitivo incluso. Estaba realmente asustada en aquella guardia».

-Causa a la que se entregaría

-«Como médico, con los niños. Son el futuro, son vitales, lo primero».