
La directora del Festival internacional de teclado de Tui-Valença (Ikfem) está a punto de grabar un disco con Warner Music sobre la obra del monje Fray Rosendo Salvado
08 dic 2019 . Actualizado a las 01:20 h.«No empezamos a leer con el Quijote, pues quizás hay que empezar escuchando un vals de Chopin y no el concierto de 50 minutos». Andrea González (Tui, 1987) ha sumado a sus innumerables tareas la de crear una play-list para introducir a los oyentes de la radio en la música clásica. Es una de sus obsesiones, que la música culta sea más conocida, que la mayoría social cruce el muro que hay entre Queen y Mozart y descubra un estilo muy variado que tiene géneros para todos los gustos.
Esa mujer se ha convertido en una de las figuras más importantes en el panorama musical gallego, no solo por su faceta de pianista, sino también por su papel como organizadora de eventos musicales. Es la fundadora y directora del Ikfem, el festival internacional de instrumentos de tecla que se celebra en verano entre Tui y Valença do Miño, un evento que une a pianistas de dos lados de la frontera. Es, además, impulsora del programa Camiños Sonoros de la Xunta y profesora en el conservatorio Karl Nielsen de Ourense. Ha cerrado dos veces el puente internacional de Tui para hacer sonar la música. La primera vez para instalar diez pianos de cola y ponerlos a tocar sobre esta histórica infraestructura. La segunda vez que cerró el puente fue este verano para un desfile de la reina de corazones de la moda en España: «Hablé con Agatha Ruiz de la Prada hace unos días y me dijo que está loca por volver. Me confesó que, de todos los desfiles de este año, el del Ikfem fue el más emotivo», confiesa orgullosa. Andrea González puso en marcha este festival en el 2013. Cuando iba a eventos musicales por Europa pensó: «¿Por qué no organizar algo así en Tui?». El hermanamiento entre Tui y Valença fue el detonante. El Ikfem es ya una referencia, con 7 años de trayectoria.
Andrea González acaba de ser seleccionada como una de las mujeres Top 100 en España. Con solo 32 años lleva toda una vida entre partituras. «Fue un flechazo. Mi familia no es familia de músicos. La única persona que tocaba era mi prima Sonia que tocaba el piano como afición. Me acuerdo de verla un día cantando y tocando el piano en su casa y fue un flechazo fulminante. Tenía 7 años. Desde muy joven sentí la llamada. Empecé a hacer concursos y como iba bien, seguía profundizando». Cuando le preguntaban qué quería ser de mayor, solo pensaba en pianos.Aunque, como ella misma confiesa, es un oficio que requiere mucha entrega, muchas horas, mucho esfuerzo y mucha lucha interna: «Es una carrera de fondo en la que tienes que superarte a ti misma», explica. Ahora Andrea dedica entre 3 y 5 horas al día al piano para preparar su disco sobre la obra del monje gallego Fray Rosendo Salvado. Este obispo de Tui, conocido por ser el que introdujo en eucalipto en Galicia tras sus misiones en Australia, es un compositor desconocido en muchos ámbitos que esta tudense quiere poner en valor. «Vamos a grabar la música del monje gallego. Descubrí su música en el 2014 y ahora ya estoy dando muchas horas para hacer un disco que espero que sea maravilloso. Este monje se fue a las antípodas con los aborígenes, con poblados caníbales… No tenía nada, llegó hasta sin zapatos, no consta que tuviese instrumentos, no sabemos cómo logró componer un concierto de 3 horas para recaudar dinero para la misión. Es un virtuoso», explica sobre una figura sobre la que lleva años investigando. González grabó junto al roquero Rosendo Mercado un documental en Australia sobre el misionero gallego. Se tituló De Rosendo a Rosendo, una obra que al principio a esta tudense le pareció una locura pero de la que está muy orgullosa: «Fue una experiencia genial. Estuve una semana conviviendo con Rosendo e hicimos mucha amistad. El documental tuvo una enorme repercusión y fue premiado en Hollywood», explica.
Además de ganar importantes premios en Portugal, España e Italia, esta pianista ha dado conciertos en Portugal, Inglaterra, Italia, Australia o Cuba. En el país latino actuó en el Teatro Nacional de la Habana: «Cuando gané el premio en la Fundación Wagneriana de Milán su presidente me propuso irme a La Habana a tocar el concierto número 1 para piano y orquesta de Chopin. Fue una experiencia maravillosa. ¡Con qué pocos recursos aquellos pianistas cubanos lograban interpretar! Tienen mucho ingenio. Recuerdo clases con pianos a los que le faltaban cuerdas, con pedales que no funcionaban pero les hablabas de buscar sonoridad, y conseguían hacerlo en sus pianos de lata».
Su otro gran proyecto, además del Ikfem, es Camiños Sonoros: 40 conciertos en distintos espacios patrimoniales de la Vía de la plata cuyos protagonistas son jóvenes talentos de los conservatorios incluyendo todos los estilos, también música electrónica o jazz. La Xunta ha dejado de apoyar esta apuesta cultural, «una lástima» , lamenta la pianista. «Estos proyectos siguen haciendo falta para acercar la música a una mayoría social». Las ideas para conseguirlo siguen fluyendo en su cabeza, conviviendo con las notas de sus partituras.
SU CANCIÓN FAVORITA
«Bewitched, Bothered and Bewildered», de Ella Fitzgerald. «Me encanta la sutileza de la canción, la variedad de su voz, cada vez la interpreta de una manera distinta. Conecta mucho con la técnica que nos enseñan en el conservatorio, tocar la misma frase de maneras diferentes, jugar con la variedad del sonido...»