La que se avecina es Bárbara


De Monte Alto a Montepinar. La actriz coruñesa Bárbara Grandío me atiende el lunes en un descanso del rodaje de la temporada doce de la serie La que se avecina. Es curiosa su historia. Hace ya bastante tiempo la ficharon para un capítulo de la décima entrega para interpretar el papel de Sonia, la jefa de estudios del cole de los niños de la ficción. Tanto gustó que le propusieron continuar. «Estoy muy contenta, en un buen momento», comenta la intérprete de 35 años. Y digo que es curioso su caso porque participó en el rodaje de la temporada once y ahora está inmersa en la que, dicen, será la última de la saga. Es decir, lleva un montón de meses en este proyecto pero solo la pudimos ver en un capítulo. Cada dos por tres aparecen informaciones que hablan de un inminente estreno, pero pasan las semanas y parece que la cadena no encuentra el hueco ideal en la parrilla. «Es la primera vez que sucede que en un año no se presenta una nueva temporada y no dicen nada. Nadie sabe nada», confirma Bárbara, que apenas puede desvelar detalles del papel que interpreta y que espera le dé un impulso definitivo a su carrera. «Solo puedo decir que hago de una profesora un poco especial, chapada a la antigua y con algo de mala leche. Tengo más trama, que es importante», avanza. «Estoy deseando que se estrene la temporada once porque la grabamos justo hace un año», apunta desde Madrid, donde todavía tiene trabajo por delante. «Y tengo una cosa para el verano, pero no puedo decir nada porque me matan». La que se avecina es Bárbara.

VINOS DE LUJO Y COLMENILLAS

A Juan Crujeiras le van los retos. Justo el día en que la guía Repsol anunciaba que su restaurante Bido obtenía el segundo sol tuve la oportunidad de cenar en su acogedor local. Fue una cena imponente. De esas en las que la comida está a la altura de los vinos, en este caso de las bodegas Emilio Moro. Sí, porque resulta difícil encontrar la perfecta armonía (la palabra maridaje ahora ya no está de moda) entre un Malabrigo del 2015 o los Malleolus de Valderramiro o Sanchomartín, que andan en torno a los 100 euros y que son una auténtica maravilla. Este último lo acompañó de cinco quesos gallegos y al anterior con una costilla de vaca, berenjena asada y ahumada y colmenillas en escabeche. Juan, además de ser un cocinero al que le van los retos, es muy osado. Porque en el restaurante se percibió un runrún importante cuando dijo la palabra colmenilla. «Llevamos varias semanas trabajando con ella. Nunca hubo ningún problema. Creo que en el caso de Valencia tuvo que ser algo relacionado con la manipulación», analiza. Me fijé en los platos de los comensales y, la mayoría, cenaron las colmenillas. Yo, sugestionado, solo comí la mitad de una de las dos, lo reconozco. Javier Moro, director comercial y miembro de la tercera generación de esta bodega de Pesquera de Duero, comentó de manera breve y didáctica las principales características de cada vino que fueron sirviendo. Singular La Felisa, una producción ecológica que homenajea a la madre de Javier y con un sabor a bodega de siempre que lo hace diferente. Lo dicho, fabulosos los vinos y los platos. Muy de temporada y original el xeno de repollo con garbanzos y caldo de cocido. Difícil de superar el salmonete con calçots catalanes y erizos o las habas verdinas en salsa verde con cocochas de raya al ajillo. Fue una armonía perfecta entre vinos y platos. Y mañana arranca el Fórum Gastronómico en A Coruña. Un punto de encuentro de la gastronomía gallega y donde seguro habrá muchas cosas nuevas que conocer y probar. La que se avecina es bárbara.

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