¿Cenar carbohidratos es bueno o malo?

No es por enarbolar a nosa bandeira en el medio de la escalera, pero la realidad es que no hay una respuesta clara. Dime con quién hablas y te diré si la contestación es positiva o negativa. En la nutrición, también hay corrientes


Estás un año más tratando de perder esos kilitos que has cogido no sabes cómo y que deslucen en la playa. Tienes asumido que van a llegar los ingleses a Benidorm antes de que tú te reconcilies con la báscula. Empiezas a darle vueltas a tu dieta, pero te resistes a ponerte en manos de un profesional, que es lo que deberías hacer. Y, casi seguro, te metes en Internet buscando dietas mágicas. Restringes los alimentos al máximo. Pasas hambre. Se te pone un humor de perros. Dentro de esas prohibiciones que te autoimpones está el consumo de carbohidratos por la noche, porque de toda la vida has oído que están prohibidos. Pero alguien te ha dicho que ya no es así y no te aclaras.

Hablamos con cuatro profesionales de la nutrición. La pregunta es directa: ¿Cenar carbohidratos es bueno o malo? La respuesta no podía ser más gallega: «Depende». Sobre todo, de quién conteste. La corriente más conservadora lo desaconseja. La más innovadora, incluso los recomienda. Pero todos coinciden en que, «en la nutrición 2 y 2 no siempre son 4, hay muchos condicionantes que hacen que lo que para uno es bueno para otro sea malo».

Saúl Sánchez, nutricionista de la Deporclínica, apuesta por su consumo nocturno. De forma moderada y selectiva. Eso sí. Pero sin excesivas restricciones: «La ciencia dice que el cuerpo, según los ciclos hormonales, está más preparado para procesar el azúcar y los carbohidratos, en general, por la noche que por la mañana. Se demostró que consumirlos por la mañana aumenta el riesgo de obesidad. A partir de ahí, comenzaron los temas del ayuno intermitente».

Para esta práctica, la responsable de Hipersalud, Ana Golpe, entiende que «puede estar bien», aunque sostiene que para adelgazar, fuera los hidratos nocturnos. «Si hablamos de una dieta para adelgazar, no se deben consumir, porque no se gastan. La gente que no hace ejercicio no va a bajar tomándolos en la cena. El que quiere mantenerlo, tampoco debería. Y, si lo hace, reducirlos al máximo».

En esta línea se manifiesta Fátima Branco. Aunque ella insiste más en los carbohidratos simples (azúcares, principalmente). «Si tomamos como referencia una persona que después de cenar, se va a dormir, no debe consumir azúcar, ni siquiera el de la fruta. En cuanto al resto de carbohidratos, si es una persona que tiene una vida activa, está bien de peso y no quiere perder grasa, puede consumirlos, de forma moderada. Sin embargo, si lleva una vida sedentaria, tiene kilos de más y/o quiere perder peso, pues es mejor no tomarlos de noche. Otra cosa son los adolescentes, que están en crecimiento».

Volvemos al polo totalmente opuesto, en el que Víctor Reyes, creador de Fitnessreal, popular web que combina la actividad física y la nutrición, aunque entiende que el problema no es el consumo o no de carbohidratos —«Lo que hay que analizar es si la persona lleva una dieta equilibrada o no. Es como si te preocupas de si queda bien el color de una pared, cuando la casa se te cae a trozos», aclara—, sí es partidario de su ingesta. Y pone de ejemplo estudios realizados en practicantes del Ramadán: «Hay una mejoría en el control de peso, con una mejor respuesta a nivel de glucosa en sangre. Durante esta época, los practicantes ofrecen una serie de marcadores que mejoran los niveles de salud». Y discrepa sobre quienes dicen que por la noche el metabolismo se para: «El cuerpo sigue funcionando. Los procesos de reparación y recuperación funcionan por la noche y necesitan la energía de los carbohidratos. Además, ayudan al descanso porque influyen en los niveles de triptófano que llegan al cerebro».

En algo que coinciden todos los profesionales es en que, a la hora de analizar los beneficios o los perjuicios de los carbohidratos y su ingesta a determinadas horas del día, hay que diferenciar entre los diferentes tipos que hay. «Su procedencia es fundamental. Importa mucho la calidad del carbohidrato. No podemos comparar comer dónuts con manzanas o quinoa», explica Saúl Sánchez, que sí es partidario de la fruta avanzado el día: «Tiene fructosa, que es un azúcar, y un consumo alto se puede asociar con obesidad, diabetes, riesgo metabólico... Pero si la consumimos de forma aislada, no. El problema está cuando va en un producto procesado. Por norma, yo cuanta más fruta comes, dentro de unos límites, menos riesgo de mortalidad tendrás. Lo dicen los estudios».

En su línea, Víctor Reyes, pone el foco más allá de lo que pueda ser una dieta particular. «Mucha gente defiende que hay tipos de fruta que puedes tomar y otros que no. Y se tiende a prohibirla. Hablo de plátano, mango, piña... Claro que tienen un alto contenido de azúcar, pero ¿el problema de la obesidad en el mundo es que se coma plátano o mango? Los tiros no van por ahí. Van por otro lado. Lo que hay que prohibir son otros excesos. La fruta, en su medida, nunca puede ser mala»,

Fátima Branco defiende su postura alegando que, «aunque por sí la fruta no es mala, todo lo contrario, la velocidad de absorción que el cuerpo hace de la fructosa es lo que provoca que por la noche no sea aconsejable. No es lo mismo ser dañino, que no ser idóneo».

Así que ya lo ves. Ni bueno, ni malo, sino todo lo contrario. Al menos, sabemos que los hidratos nocturnos no son el demonio con cuernos, cola y tridente.

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