
Si analizas a los más seguidos, repararás en que ya no son unos niños. Nadie daba un duro por ellos, pero diez años después su negocio está consolidado. Dos expertas nos explican por qué
15 ago 2020 . Actualizado a las 05:00 h.Si uno analiza el ránking de los más seguidos en Instagram, descubre que la mayoría ya no son tan niños. A sus recién cumplidos 43, Paula Echevarría sigue teniendo una legión de adictos a sus actualizaciones. Dulceida, Olivia Palermo, la viguesa Alexandra Pereira o Pelayo Díaz están felizmente casados. Otros nos muestran su día a día junto a sus hijos, como es el caso de Sara Carbonero o Chiara Ferragni. Y hay miles de seguidores enganchados a los que vienen en camino, como ocurre con María Pombo y su expectante embarazo. Youtubers como El Rubius -el más grande en cuanto a suscripciones del país, el tercero en lengua española y el número 32 con más suscripciones a nivel global- ya han soplado las 30 velas, alejándose de aquel adolescente que creó su canal allá por el 2006. En definitiva, los influencers se nos hacen mayores. Y lejos de caer, sus cifras solo van a más. Muy pocos apostaban por ellos hace diez años. Los blogs de moda y los canales de vídeo empezaron a emerger y, a pesar de la criba, algunos le han sacado rendimiento al hecho de haber sido auténticos visionarios. Hoy, gran parte de los blogs han desaparecido y su canal de comunicación se ha trasladado a las redes sociales, que por el momento sustentan estilos de vida aparentemente idílicos que mantienen enganchados a sus usuarios. Las marcas apuestan por ellos, el cine y la televisión les contratan para sumar en las audiencias a sus fieles, y el paso del tiempo ha demostrado que ya no podemos seguir hablando de nuevas profesiones. ¿A qué se debe este fenómeno? La doctora en Comunicación Olga Casal y la profesora de Sociología y Ciencias de la Comunicación de la UDC Natalia Quintas reflexionan sobre ello.
Casal lo achaca principalmente a dos factores. «Como dice el refrán, el que da primero da dos veces. No es lo mismo lanzarse hace diez años, que eran todos amateurs, que hoy. Ahora hay muchísima competencia», indica la docente, que añade que el otro motivo radica en que salieron victoriosos de la criba: «Los que conocemos están afianzados, son casos de éxito en los que han creado una marca personal que se ha consolidado en el tiempo y que se ha vuelto firme, por eso apuestan por ellos las marcas comerciales. Pero no sabemos nada de todos los que se han quedado por el camino».
SON UNA CONTRADICCIÓN
Para Quintas, su éxito también tiene que ver con el hecho de que abarcan a grandes perfiles de gente y promocionan ciertos estilos de vida utópicos para la mayoría, pero de una forma cercana: «Te puedes ver reflejado en ellos. En cierto modo entrañan una contradicción, porque en sí mismos no son inalcanzables, pero muestran un día a día que no tiene nada que ver con el del gran público que resulta inalcanzable para él». Es la forma de hacerlo, dice la profesora de la UDC, lo que mantiene a sus adeptos: «Dicen que se muestran como son ellos mismos. Aparecen hablando a cámara, aparentemente sin preparar y con mucha cercanía a través de Instagram Stories. Durante el confinamiento, funcionaron muchísimo». Y es que de nuevo han sabido adaptarse, y muy bien, a este salto a la comunicación audiovisual. «Ahí sí que han sabido. Ahora todos tenemos smartphones y tiempos mucho más cortos. Mientras esperas el bus o el metro vas mirando cosas en el móvil, y ellos han sabido aprovecharlo con contenidos de corta duración y un mensaje muy claro», señala Quintas.
Ambas expertas coinciden en que sus seguidores han ido creciendo con ellos, por lo que sus intereses también han evolucionado. «La propia sociedad va demandando estos perfiles. Muchos de nosotros nos creamos un perfil de Facebook en el 2008. Esa gente ha ido creciendo, y al mismo tiempo ahora personas de cualquier edad tienen su perfil en las redes. Las redes sociales son ya parte de la vida. Antes hablábamos de la vida online y la vida offline, pero la vida es una sola», argumenta Olga Casal, que coincide con Natalia Quintas en que, gracias a la globalización, también hacen posible que ya no haya intereses minoritarios. La segunda incluso lanza un mensaje a los políticos: «Deberían aprender de ellos a adaptar el lenguaje según a quién le están hablando. No pueden dirigirse de la misma forma a unos electores que a otros». El hecho de que visibilicen ciertas realidades quizás más desconocidas para su público, como es el caso de María Pombo con la esclerosis múltiple que le fue recientemente diagnosticada, es uno de los puntos positivos que la profesora de la UDC ve en este fenómeno. Ella distingue claramente a dos perfiles de influencers: los que lo son pero no les gusta que se les catalogue como tal porque a mayores tienen su profesión, y los que siempre se han dedicado exclusivamente a ello. También diferencia a estirpes como la de las Kardashian -Kim ya tiene 39 años-, que han estado toda su vida expuestas a los medios y ya saben cómo manejarlos, de otras celebrities como Sara Carbonero, que mezcla muy bien sus facetas personal y profesional.
No esconde que le preocupa, y mucho, lo que pueden transmitir a los más jóvenes: «¿Qué les están ofreciendo? Me preocupa que muchos niños quieran ser youtubers o influencers, y que eso les genere grandes frustraciones en la juventud. Porque esto es una profesión, pero no está del todo regulada. No tiene horario y parece que están todo el día viajando, cuando en realidad están generando contenidos, pero esa parte no se ve». Más o menos, algo parecido a lo que ocurría cuando los hora millennials crecían queriendo ser futbolistas o cantantes.
Lo que está claro es que cuando Alexandra Pereira lanzó su blog Lovely Pepa, nadie creía que acabaría viviendo de ello, siendo imagen de firmas de moda o lanzando su propia línea. «Parecía un fenómeno efímero, y ya vemos que no lo es. Empezaron hace 10 o 15 años y se han ido adaptando», señala Quintas. Casal recuerda que cuando nacieron, «nadie sabía lo que eran y no se conocía la palabra. Hoy están totalmente profesionalizados con agencias, cachés y demás. De hecho, se han tenido que regular los contenidos publicitarios identificando cuáles son los post patrocinados para que no lleve a engaño». Atrás quedó, por tanto, el término de nuevas profesiones.
«Lo curioso es preguntarse qué ocurrirá dentro de otros 10 años. ¿Qué va a pasar con ellos? ¿Van a seguir ahí o van a ser sustituidos? ¿Podrán soportar el paso del tiempo?», se pregunta Quintas. La respuesta es tan incierta como lo que le responden sus alumnos cuando les pregunta por qué permanecen enganchados a determinados perfiles: «No me acaban de describir exactamente por qué les siguen», apunta. Quién sabe, quizás ese es el secreto.