«Baby boom» familiar: «Tuvimos cuatro bebés en seis meses»

CUATRO ALEGRÍAS EN LA PANDEMIA. Estas tres hermanas dieron a luz una antes del estado de alarma, la segunda en pleno confinamiento y la tercera ese verano. Cuatro bebés en medio año. ¡Una obra de arte! Lo que les falta es juntarse...


Tres hermanas y un baby boom para sacarle a estos tiempos de fatiga pandémica una alegría creciente. No una, ¡cuatro! Una por cada uno de los cuatro bebés que llegaron a esta familia cuando el mundo se frenó. A veces la vida nos cuenta un cuento. Érase cuatro hermanas, Inma, María, Julia y Claudia, de las cuales tres fueron a dar a luz en el 2020 con menos de seis meses de diferencia. La segunda hermana en orden de edad, María, fue la primera en quedarse embarazada. Y la noticia fue doble: venían dos en camino, los mellizos Oliver y Leonardo. La siguió, en eso que llaman con generosidad y sentido del humor «dulce espera», la hermana mayor de las cuatro, Inma, que ya tenía un hijo de 2 años, Martín, quien recibió la llegada de su hermana en pleno confinamiento. Inma se quedó embarazada un poquito después que su hermana María; de una niña, Gala. La última de la familia en contribuir a este baby boom fue Julia, que supo que esperaba su primer hijo, el pequeño Ares, en noviembre del 2019.

Las tres hermanas se quedaron embarazadas meses antes del estado de alarma. Los mellizos nacieron a finales de enero del 2020, Gala en pleno confinamiento y Ares en julio, en una breve y cálida tregua de esta pandemia.

«Los mellizos Oliver y Leonardo nacieron cinco semanas antes de lo previsto. Si hubiesen llegado en la fecha prevista de parto, habría coincidido con el inicio del estado de alarma»

ENCUENTRO PENDIENTE

«Aún no hemos podido celebrarlo todos juntos», lamenta el cineasta Lois Patiño, padre de Ares, que dice que en verano podría haber sido la ocasión, «pero por circunstancias laborales no pudo ser». Eso sí, los primos se fueron conociendo por tandas. María, que vive en Sevilla, vino a Galicia con los mellizos el día que nació Ares. Sus chicos, que iban a cumplir los seis meses, nacieron cinco semanas antes de lo previsto «tras un embarazo de alto riesgo, duro, complicado». Si no se hubiesen adelantado a salir, habrían nacido justo en el inicio del estado de alarma, advierte. Para María, dar a luz fue el final de una «pesadilla» por sus varios ingresos hospitalarios y la incertidumbre que afrontó en la gestación. Los primeros meses los llevó con dificultad por no poder salir y recuperarse «de forma activa».

«Tenía la necesidad de salir, por los niños y por mí, pero intenté sacarle partido por otro lado. Les di el pecho a los dos y aproveché ese tiempo nuevo para consolidar la lactancia», comparte. El verano trajo el sol de una buena noticia. «María y su padre llegaron con los mellizos a Santiago justo el día que ingresábamos en el hospital para que Julia diese a luz», recuerda Lois. Ellos llegaron por la mañana a Santiago y por la tarde Julia ingresó en el hospital para parir. Fue un empujón para que Ares se decidiese a salir al mundo.

«Al volver del hospital, los mellizos nos estaban esperando, estaban esperando a Ares», dice Lois.

Como el verano pasó sin la esperada reunión, la familia tenía la esperanza puesta en las Navidades, pero de nuevo no pudo ser por las restricciones. Inma y la pequeña Gala viven en Valencia, y no les permitían salir.

«Gala nació en pleno estado de alarma. Mi marido no pudo estar en el parto, pero tuve un posparto feliz»

Si María se libró solo por un mes del parto con mascarilla, a sus hermanas les tocó de lleno. «Gala nació en pleno estado de alarma. Mi marido no pudo estar en el parto, pero me acompañó la matrona. Al final, fue la experiencia más increíble de mi vida y el posparto fue feliz, porque lo viví ajena a lo que estaba pasando en el mundo», cuenta Inma. Aparte de hacerse la PCR, Julia y Lois tuvieron que ponerse la mascarilla ella para dar a luz y él para ver nacer a su hijo Ares. Son las reglas que impone la pandemia, que compensó en parte, señalan, «el buen trato y el cariño en el hospital».

 «Hubo una peculiaridad con la pandemia que nos pareció una bendición cuando nació Ares: no pudimos recibir visitas»

Eso ayudó a que la experiencia dejase finalmente un buen recuerdo. «Hubo una peculiaridad con la pandemia que nos pareció una bendición: no pudimos recibir visitas», confiesa Lois sin faltar a la verdad. Las flores y las muestras de afecto, si arrecian, esos primeros días agotan. La cháchara en un posparto nos la podemos ahorrar. No hay mal que un pequeño bien no traiga. «Pudimos tener nuestro espacio de intimidad cuando nació Ares, habituarnos pronto a ser tres. Al principio, solo quieres estar mirando a tu hijo, ver cómo gesticula, ver cómo va creciendo tu amor», manifiesta Lois. «Limitar las visitas tras un parto, estaría bien que se quedara...», desea.

Su pequeño Ares es Ares por el concello y porque así lo quisieron sus padres, sin discusión. Lois es gallego, pero creció en Madrid. «Tener un nombre singular a mí siempre me ha hecho sentirme poderoso. Julia y yo buscábamos un nombre original, de sonoridad bonita. El primer apellido de Ares es Llerena, por su madre...», dice el padre. ¿Le costó ceder en esto? «No, es una deuda histórica que tenemos con la mujer. De hecho, lo propuse yo, aunque siempre duele que se pierda tu apellido. Pero si lo veo desde la perspectiva de mi madre, Menchu Lamas, el Lamas se ha perdido... No hubo duda, iba a ir primero el apellido de la madre». Eso sí, para nacer Ares «escogió» Galicia. «Como en Madrid y Sevilla en julio hace mucho calor, eso facilitó que viniésemos a Santiago. Yo buscaba en la zona de Vigo... y un amigo, Pela del Álamo (el director del Festival Curtocircuíto), que es el padrino de Ares, nos dejó su casa a las afueras de Santiago. Por eso Ares nació en Santiago», relata Lois. Al nombre llegaron buceando en un libro de antropónimos gallegos. Como nombre, Ares lo habían escuchado poco, aunque hace unos días su padre confiesa que oyó en la playa de Arcade cómo llamaban a un perro: «¡Ares, Ares!».

Esto pide un guau. Por Ares, que empieza a probar el pan, y por sus primos Oliver, Leonardo y Gala, preciosos y singulares, como la alegría de ver la vida abrirse paso en la pandemia.

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