Los «hobbies» clásicos reconquistan a los jóvenes: «No puedo estar un día sin hacer croché»

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De la costura a la cerámica, pasando por el ganchillo o la calceta. Cada vez más, la generación Z rompe con los prejuicios en el ocio, busca huir de las pantallas en su tiempo libre y opta por aficiones creativas
13 mar 2025 . Actualizado a las 15:54 h.¿Quién dijo que la calceta es de abuelas? Cerámica, ganchillo o bordado o costura son algunas de las aficiones que se están volviendo cada vez más populares entre los más jóvenes. Las actividades manuales renacen entre la generación Z y los contenidos relacionados con estas disciplinas inundan las redes sociales para aquellos que, paradójicamente, buscan escapar de las pantallas en su tiempo libre.
Algunos están tan enganchados como Carlota Fiaño: «Yo comencé en el otoño del 2023 y ahora no puedo estar un día sin hacer croché», reconoce esta joven de 25 años. «¡Nunca pensé que fuera a engancharme tanto! A día de hoy, es imprescindible en mi vida, es mi momento de relajación», confiesa esta vecina de Oleiros. Otros, como Ana López, acaban de iniciarse nada más cumplir la treintena: «Empecé a coser en noviembre del año pasado, con el fin de aprender a hacer cosas básicas, como poner una cremallera o subirle a un pantalón», explica esta vecina del concello coruñés de Monfero.
Algunas aprendieron de forma autodidacta, como Carlota: «Empecé haciendo cuadritos muy sencillos y viendo vídeos de YouTube», destaca. Otros, en cambio, se formaron con profesor. En esta última tesitura se encuentra Selene Milán, que empezó con la cerámica tan pronto como se mudó a A Coruña, hace casi un año: «Voy a clases una vez a la semana al taller de Susana Anta. ¡Duran dos horas y media y se queda corto!», asegura esta argentina de solo 17 años. Y no es la única a la que el tiempo que le dedica a esta nueva pasión «se le queda corto». «Lo habitual es que haga un poco de ganchillo por la noche, y sobre todo, el fin de semana. Quiero dedicarle más tiempo, porque para mí supone salud mental», dice Carlota Fiaño. Aunque, a la hora de aprender, en la mayoría de los casos, se combinan ambas técnicas: «Estoy yendo a clases de costura un día a la semana y, por otro lado, veo muchos vídeos en redes sociales, que es de donde saco ideas. También saco patrones de algunas revistas», explica Ana López.
Con profesor o sin él, con años de aprendizaje detrás o con apenas unos meses, las tres están «enganchadas» a crear con sus propias manos, de un modo u otro. Pero ¿qué tienen estas aficiones para conseguir atraparlas? Carlota, Ana y Selene lo atribuyen a varios factores. Para Selene está directamente ligado con la creatividad y las posibilidades infinitas: «De la cerámica nunca te puedes cansar, porque tienes muchísimas formas de usarla y eso la hace muy entretenida», argumenta. Para Carlota Fiaño tienen algo que no se puede explicar. «Creo que para poder entender bien qué es lo que engancha del croché es necesario practicarlo», dice. Y, cuando empieza a hablar del tema, igual que cuando coge lana y aguja, se viene arriba y ya no hay quien la pare: «Es como si en cada vuelta, en cada fila, fueras viendo el progreso y tu cabecita quisiera más y más para verlo terminado. Las horas pasan volando con el ganchillo».
Selene Milán, 17 años: «Voy a clases una vez a la semana. ¡Duran dos horas y media y se queda corto!»
Pero todas coinciden en algo a la hora de señalar qué les aportan estas disciplinas: desconexión. Y es que salir de la rutina, dejar de pensar en el trabajo o los estudios y apartar la vista del móvil durante más de diez minutos conforman uno de los grandes atractivos de estos pasatiempos. Lo resume Ana López. «Yo creo que la gente se aficiona a hobbies de este estilo para desconectar de las pantallas y del estrés diario en el que vivimos», reflexiona. El ejemplo lo pone Selene Milán. «Las clases de cerámica son mi momento de paz en la semana. Es el único día en el que desconecto del estudio y me dedico la tarde y eso, a veces, resulta difícil de conseguir», explica esta alumna de segundo de bachillerato.
Se suma Carlota Fiaño. «Hacer croché me relaja. Tu cerebro deja sus preocupaciones de lado y se concentra para evitar cometer un error que te haga deshacer toda una pieza», relata esta joven que, además, comparte contenido relacionado con el universo del croché en las redes sociales en las que ella misma tomó contacto por primera vez con este mundo. «Llevaba meses pensando en compartirlo porque estudié Comunicación y quería sacarle partido. Así, la combinación de la comunicación y el croché se convirtió en mi mayor pasión en estos meses», cuenta Carlota, que sube sus creaciones a TikTok (donde ya suma 37.000 seguidores) y también tutoriales a YouTube para que otros puedan aprender, como lo hizo ella.
Carlota Fiaño, 25 años: «Aprendí a hacer croché de forma autodidacta y quiero dedicarle más tiempo, porque para mí es salud mental»
Otro de los puntos fuertes de estas aficiones, apuntan quienes las practican, es la satisfacción personal. A mí coser es algo que me relaja y me satisface, porque, en un período corto de tiempo, veo los resultados de cosas que tengo en mente. Por ejemplo, tú en unas horas puedes hacer desde una bolsa hasta un llavero», cuenta Ana López. Una sensación que comparte Carlota Fiaño: «Ver que iba consiguiendo hacer cosas chulísimas con puntos muy sencillos me hizo comenzar a dedicarle mucho más tiempo al croché», relata. «Me enganchó la posibilidad de crear tus propias prendas y que sean únicas, la satisfacción de ver el resultado de un jersey o una chaqueta hecha por ti misma después de muchas horas de dedicación», añade.
Ana López, 30 años: «A mí coser es algo que me relaja y me satisface, porque, en un período corto de tiempo, veo los resultados de cosas que tengo en mente»
Algo que está directamente relacionado con el progreso en la disciplina. «¡Al principio mis piezas eran para mirarlas de lejos!», bromea Selene a la hora de describir sus inicios en la cerámica. «Pero —continúa—, como todo, con el tiempo y la práctica mejoras. La manera en la que tienes que armarte de paciencia para poder crear una pieza te ayuda en la vida cotidiana». Con la «vida cotidiana» lo relaciona también Carlota Fiaño y, sobre todo, con el «momento vital». «A mí siempre me han gustado la moda y los mercados artesanales, y desde hace unos años intento huir de la moda rápida. Creo que el ganchillo encajaba perfectamente con ello», concluye.