Los cinco grandes mitos del cuidado de la piel

Sara Cabrero
Sara Cabrero REDACCIÓN / LA VOZ

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¿Qué tiene que tener una crema para ser perfecta? Ni copiar la rutina de la vecina, ni escoger el producto más caro. Estas son algunas claves para encontrar la mejor forma de que el «skin care» no se te atragante

24 dic 2025 . Actualizado a las 08:43 h.

Las rutinas de skin care kilométricas y con productos que pueden provocar un pequeño agujero en las economías familiares se han convertido en uno de los grandes fenómenos de las redes sociales. Allí, influencers prescriptores de belleza recomiendan toda clase de exfoliantes, mascarillas y cremas sin tener conocimientos básicos de los pormenores de la piel. Y lo más preocupante es que, al otro lado de la pantalla, los consumidores son cada vez más jóvenes. Niños de 9 años que ya no piden en sus cartas a los Reyes Magos juegos de mesa, sino una larga lista de formulaciones. Detrás de esta industria que cada año mueve miles de millones de euros hay muchas leyendas. Para desmitificar el mundo de las cremas, preguntamos a la doctora Laura Taboada, dermatóloga en el Hospital Meixoeiro y Vithas de Vigo, que desde su cuenta de Instagram (dra.laurataboadapaz) trabaja cada día para arrojar algo de luz sobre el mundillo de las cremas.

Mito 1: Más ingredientes, es mucho mejor

Este es, sin duda, uno de los errores más comunes. «En realidad, una fórmula con muchos ingredientes no garantiza mejores resultados», resume Taboada. Y es que, explica la experta que, cuando la lista se extiende de manera importante, en la mayoría de los casos los compuestos que nos prometen están presentes con concentraciones mínimas con las que es difícil conseguir los efectos deseados: «Cuantas más sustancias lleva, más posibilidades hay de que cause irritación, que los activos se neutralicen entre sí o incluso que provoquen alergias de contacto, y esto último es especialmente importante en gente con dermatitis atópica», resume.

¿Qué es importante entonces cuando nos vamos a fijar en los ingredientes? La doctora Taboada lo tiene claro: hay que buscar activos con respaldo científico como el retinol, la niacinamida, la vitamina C, alfa y beta hidroxiácido o las ceramidas: «En este caso, menos es más».

 Mito 2. Puedo copiar otras rutinas

Conseguir la piel perfecta que tiene la vecina no pasa precisamente por repetir al pie de la letra lo que ella hace cada día. Ni mucho menos. Aunque copiar rutinas puede resultar muy tentador, la realidad es que cada piel es única y tiene sus propias características. Y ojo, porque incluso una misma persona puede pasar por momentos diferentes a lo largo de su vida en los que aquellos productos que durante tanto tiempo le funcionaron ya no sirven. «Si tenemos exceso de grasa nos interesan activos que ayuden a controlar el sebo como el ácido salicílico (BHA), la niacinamida y fórmulas ligeras oil-free», explica Laura Taboada, que confiesa que no es raro ver en consulta pacientes que llegan con acné y están utilizando productos con base oleosa en su rutina.

Si nos encontramos ante una piel seca o irritada, debemos priorizar ingredientes hidratantes y reparadores, como ceramidas, ácido hialurónico, manteca de karité y aceites vegetales: «Siempre priorizando rutinas minimalistas, con pocos ingredientes y sin perfumes».

 Mito 3. Las cremas naturales son más seguras

Las etiquetas eco y natural ganan enteros en las estanterías de las tiendas. Pero no siempre son la mejor opción. La mayoría de las veces, dejarse llevar por el márketing no es la mejor opción. Que algo sea natural no significa necesariamente que sea seguro ni que sea lo mejor para la piel. «De hecho, muchos ingredientes naturales pueden causar reacciones alérgicas, irritativas o fotosensibilizantes. Ejemplos que todos conocemos son aceites esenciales como el árbol de té o extractos de plantas como aloe vera», relata Taboada.

Entonces, ¿qué ingredientes deben ser los que prioricemos en nuestra rutina? La respuesta es sencilla: activos con respaldo científico y eficacia demostrada.

El retinol, por ejemplo, es uno de ellos. Este derivado de la vitamina A estimula la renovación celular y controla la producción sebácea. Sirve para mejorar arrugas, textura y exceso de grasa. Otro de los que deben llamar nuestra atención son los alfa-hidroxiácidos (AHA), como el ácido glicólico o el láctico: «Son exfoliantes químicos que estimulan la renovación celular; mejoran la textura de la piel aportando luminosidad y unificando el tono», señala. También son interesantes los beta-hidroxiácidos (BHA), en concreto el ácido salicílico que penetra en el poro eliminando células muertas y exceso de grasa. Tal y como muestra la doctora Taboada, esta es una de las mejores soluciones para las pieles grasas. La vitamina C, por su parte, es un potente antioxidante y protege frente al daño solar: «Aporta el efecto glow, atenúa manchas y mejora la función barrera de la piel». En esto de las vitaminas, otra que debe ser tenida en cuenta es la E, que es un gran antioxidante que refuerza la barrera cutánea, hidrata y calma. Las niacinamidas son cada vez menos desconocidas. Y no es para menos. Es un ingrediente versátil que destaca por su poder seborregulador, antiinflamatorio y despigmentante: «Por eso lo vemos presente en muchos cosméticos», resume Taboada. Por su parte, las ceramidas restablecen la función barrera y son muy útiles en pieles secas, atópicas o tras tratamientos agresivos.

 Mito 4. Rutinas largas desde la adolescencia

Las redes muestran sin pudor a niñas de 8 años pregonando sus complejas rutinas de skin care. Pero no es necesario comenzar desde tan jóvenes con esos maratones de cuidado de la piel. «En la adolescencia, lo esencial es la limpieza con geles específicos ya que por el revuelo hormonal de esta etapa tenemos exceso de grasa», insiste. A partir de los 20 o 25 años, se puede incorporar antioxidantes como la vitamina C y, según necesidades, hidratantes más potentes. El retinol y otros activos antiedad suelen recomendarse a partir de los 30, cuando aparecen los primeros signos de envejecimiento.

 Mito 5. Priorizar lo caro 

El precio, explica Taboada, no siempre refleja calidad: «Lo importante es saber en qué repartir el presupuesto. Es mejor invertir en dos o tres productos eficaces que en diez que no lo son. Obviamente la calidad hay que pagarla y una crema mágica por cinco euros no existe, pero podemos llegar a tener una rutina completa por 100 euros y que esos productos nos duren más de cuatro meses», sentencia la dermatóloga.