Gabi y Tomás, la pareja de veinteañeros que transforman en hogar una casa en ruinas: «Tenía hasta murciélagos. Parece una locura, pero estamos cumpliendo el sueño de vivir en una aldea del norte»

Ana Abelenda Vázquez
Ana Abelenda REDACCIÓN / LA VOZ

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Tomás y Gabi rehabilitan desde hace un año una casa que llevaba 40 abandonada.
Tomás y Gabi rehabilitan desde hace un año una casa que llevaba 40 abandonada. Manos a la Obra

ESTA RUINA ES UN HOGAR... Así podemos titular esta aventura de reforma que hacen Gabi y Tomás, dos jóvenes al tajo de construir su hogar desde hace un año. Los cuentan en Manos a la obraManostotheobra

12 feb 2026 . Actualizado a las 14:36 h.

¡Qué pasa, espabilaoooos!, ¡jilipichis! Disculpad tales confianzas, pero en un arrebato de nostalgia nos acordamos de Manolillo y Benito, y sus andanzas en Manos a la obra. A la mítica serie dosmilera le ha salido un revival, y nada chapucero. Al contrario, la reforma que Gabi y Tomás, una pareja de jóvenes de 24 años, están haciendo con sus manos echando el resto, mano a mano, en su tiempo libre en una aldea del occidente asturiano es una aventura tan real como increíble. Un ejemplo.

Con poca experiencia y menos presupuesto, esta pareja de novios enamorada de los veranos del norte, decidió comprar una casa en ruinas que llevaba más de 40 años abandonada. «Para muchos, una idea demasiado loca… Para nosotros, la oportunidad de cumplir un sueño», cuentan estos manitas que quieren devolverle la vida a esa vieja morada e ir compartiendo paso a paso la reforma, «con todos los problemas que vayan surgiendo por el camino».

Tomás y Gabi rehabilitan desde hace un año una casa que llevaba 40 abandonada.
Tomás y Gabi rehabilitan desde hace un año una casa que llevaba 40 abandonada.

El nombre del pueblo en el que han pasado las últimas Navidades trabajando para acondicionar su casa en ruinas prefieren, por ahora, no revelarlo. Quieren, primero, ver si los cerca de cien vecinos escasos que lo habitan tienen algún inconveniente en ello.

En el valle del Navia (esto sí lo indican) ocupan su tiempo libre, como obreros novatos pero que buscan fuentes, tutoriales online, recursos en las redes y en la gente más cercana.

Quieren aldea, pero no entra en sus planes vivir aislados. A tiro de piedra tienen una población de unos dos mil habitantes con todos los servicios básicos. «Nosotros no somos del norte, pero llevamos viniendo al norte (Galicia, País Vasco, Cantabria...) muchos años, desde pequeños», cuenta Tomás. Y añade Gabi: «Yo llevo viniendo a Galicia en verano desde pequeña. Yo siempre me he sentido gallega de corazón». De la terriña, todo y más.

A las Rías Baixas no le ven peros, pero de Galicia se quedan con Mondoñedo y la zona de O Barqueiro y Viveiro, «espectacular y menos masificada en verano». El tiempo de A Mariña para esta pareja Zeta es un punto a favor, me cuentan en su visita a Compostela con parada exprés en A Coruña.

«Donde haya olas y acantilados» Gabi y Tomás encuentran su paraíso. Y así, buscando por el norte un lugar para vivir «en la naturaleza, cerca de un embalse», «una vivienda independiente y que no estuviese justo en medio del pueblo», se movieron con esa suerte de GPS entre el sur de Galicia y la cornisa cantábrica a la busca de un hogar. El bajo presupuesto con que contaban les hizo descartar los lugares al lado del mar.

Los dos estaban de acuerdo en los requisitos. Negociación ni falta que hizo. Vieron una casa cerca de O Carballiño «con posibilidades», que finalmente descartaron. Partían de la idea de ahorrarse la reforma o, mejor dicho, de pagarla con el curro de sus manos. «Hay tres grandes tipos de reforma: la que no necesita obra de fontanería, que puede rondar los mil euros el metro cuadrado como mínimo. Si es una reforma integral en la que tienes que cambiar hasta vigas, mínimo te va a costar unos 1.500 euros el metro cuadrado. Y si haces una casa nueva, mínimo 2.000 el metro cuadrado», explican partiendo de que sea una constructora la que lleve a cabo ese trabajo de reforma. Los precios se reducen notablemente cuando pones esa mano de obra «y vas eligiendo los materiales más baratos o comprando en sitios de segunda mano para ahorrar».

El suyo no es un proyecto de un día para otro, es un reto a largo plazo. «Igual tardas cinco años en reformar la casa», dice Gabi. ¿Cuánto puede costar una casa con las características que buscabais y en la que debéis hacer la reforma integral? «Menos de 50.000 euros», responde. Y apunta Tomás: «Y mucho menos...». «Hay casas abandonadas en el norte de Galicia y Asturias por menos de 50.000 euros. Pero si no vas a hacer tú la reforma y la contratas, te va a costar como mínimo el doble», cuentan.

VIGAS ABAJO CON CUIDADO

El saber no ocupa lugar, dicen, pero tiene forma de persona. Siempre hay gente que sabe hacer lo que necesitas y dispuesta a compartirlo. Eso comprobaron sobre el terreno Gabi y Tomás, que se metieron a obreros de su casa en ruinas con cero experiencia. «Podía hacer un arco con flechas con mi abuelo, ¡pero de ahí a saber cómo se hace una pared... ni idea!», confiesa Tomás. Esa ignorancia tiene cura: «Hablar con todo el mundo». «Si hablas con la gente, te suele salir alguien arquitecto o fontanero.. Siempre hay gente. Hablar con la gente te hace descubrir a personas que pueden ayudar», tienen muy claro.

Ellos esta confianza la aplican en redes y sobre el terreno. La información, subrayan, está casi siempre al alcance de la mano. En los vecinos. En internet, en webs y vídeos de YouTube, solo que hay que saber elegir a los creadores de contenido.

Ni todas las casas abandonadas valen para comprar y reformar, ni todos los vídeos de TikTok son útiles. ¿Cómo elegir sin errar el tiro? «Lo que ves, normalmente, en las casas abandonadas de Asturias o de Galicia que tienen dos plantas es que la planta de abajo se destinaba a cuadra y la de arriba a vivienda. Puedes pensar: ‘‘La compro y hago las dos plantas de vivienda’’, pero el primer problema que te encuentras es al cimentar el suelo. Como el suelo solía ser de tierra, no dejas que la tierra respire; entonces se te llena de humedades. Una cosa en la que nosotros nos fijamos fue en que la casa tuviese el mínimo de humedades. Queríamos una casa de piedra, para que los muros fueran eternos. ¡Ya pueden pasar 300 años que sabemos que los muros de esa casa van a seguir en pie! Pero hay casas en que la piedra tiene grietas o partes de ladrillo, y esa quizá no vale la pena comprarla, porque puede caerse parte de la piedra. Para nosotros, lo importante era eso: ver cómo estaban los muros», dice Tomás.

En el proceso de reforma, en que la pareja partía de ventanas rotas, vigas podridas, paredes caídas, y hasta acompañantes a priori tan poco deseables como los murciélagos, hubo que ir sobre la marcha. De hecho, esta es una de sus recetas si te metes a reformar un inmueble en ruinas: «Hay que ir improvisando, porque siempre surgen cosas con las que no cuentas. Y si piensas que vas a acabar la casa en un año y medio, la vas a acabar quizá en cuatro». Es «un poco ir con la mente abierta» para no venirse abajo en el intento de que el baño quede utilizable.

Un año lleva esta pareja al tajo, manos a la obra (que en redes, en la cuenta manostotheobra, tiene en vilo a más de 269.000 seguidores, que atienden cada uno de sus pasos). «Al ser la primera vez que haces cada cosa, tardas mucho más que un profesional», detalla ella. Y los dos concuerdan en ese proverbio que dice que empezar a hacer una cosa es tener hecha la mitad.

En la casa abandonada a la que acaban de poner ¡la puerta principal! (hay vídeo) vivieron en otros tiempos once personas, de dos familias. Del hormigón que se usó para construir la presa del lugar en los años 50 son los muros de su hogar, que fue cuartel de la Guardia Civil, con dos viviendas aparte (una en la planta de arriba y otra en la baja, con dos cocinas). Esa casa fue donada a la Iglesia cuando se acabó de hacer la presa. Y tuvo también sus años de ser casa parroquial antes que hogar de esta pareja de veinteañeros.

Que las vigas se pueden tirar lo saben tras su experiencia, «pero unas hay que ponerlas y otras que apuntalarlas, y hacerlo bien», dicen quienes aprovechan sus días de teletrabajo para ir haciéndose a su casa en obras.

Para hacer la reforma trabajan en sus respectivos empleos por semana, de lunes a jueves, el viernes cuentan con opción de teletrabajo y sus fines de semana se entregan a la reforma.

En conexiones, su casa tiene de todo. El wifi y el móvil 5G van «perfectamente». Traída de agua y electricidad a punto, y alcantarillado bajo la parcela. «Estas cosas hay que tenerlas muy en cuenta». Así lo hicieron ellos.

Son la novedad en la aldea, pero hablando con la gente no hay barreras, aseguran. Y eso que, con tanto trabajo de obra, aún no tienen tiempo ni de ir a las fiestas de los pueblos de la zona. Todo se bailará... De momento, siguen, tan felices, manos a la obra. «Queremos animar a la gente que tenga un reto a moverse por cumplirlo. No tiene por qué ser la reforma de una casa abandonada. Lo que sea. Somos capaces de más de lo que creemos», aseguran. 

Preguntando se llega a toda aldea... y escuchando a quien sabe, dicen, con paciencia y esfuerzo se va haciendo reforma.