Ramón y Rebeca, pareja corresponsable desde que salieron del hospital siendo tres: «Quen di que o traballo de ser pai non é para tanto é que non se implicou o suficiente»

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Rebeca y Ramón con sus hijos a la salida de la escuela infantil, en Dodro.
Rebeca y Ramón con sus hijos a la salida de la escuela infantil, en Dodro. SANDRA ALONSO

«Cando eu estou dando o peito, el fai outras cousas», dice Rebeca. «Non me vou poñer no sofá a ver a tele...», razona Ramón. Estas parejas reducen la brecha de género en cuidados y en tareas del hogar, que supone un coste de 95.581 millones de euros al año

01 may 2026 . Actualizado a las 18:27 h.

Rebeca y Ramón llevan juntos 13 años, creciendo como pareja de padres los 5 que tiene su hijo mayor, Xoel, que se multiplicaron con la llegada de Lúa, la benjamina, de 3. Para ellos no hubo luna de miel, sino noches de leche e insomnio. Empezaron a vivir juntos siendo tres, «ao saír do hospital con Xoel no colo», con cólicos para hacer más heavy el cambio de vida de estos dos hijos únicos que practican la corresponsabilidad. «Foi tremendo saír do niño da casa dos nosos pais e ir vivir xuntos cun bebé de días. Saín chorando do hospital», dice Rebeca, que enseguida vio la necesidad de ir a terapia para afrontar la situación, que vuelven más dura el «todas pasamos por eso», «siempre se hizo así» o «no es para tanto, te organizas mal».

No son la pareja perfecta, despejan, pero están de acuerdo en que en la vida diaria, fuera del territorio de su hogar, no es corriente la igualdad. También en que tener hijos obliga a dar el estirón en tomar decisiones y a renuncias, o en lo difícil que es repartir la carga mental. «É que as mulleres vimos educadas en coidar, mamamos iso de forma inconsciente. Eles non, ao revés, así que xa non pode ser igual. As mulleres sobrepensamos as cousas, temos presións por todas partes, por todos lados, dende a laboral ou a de como te vistes e se engordaches, á da lactancia. Porque aínda seguimos, entre outros, co mito de que a teta ten data de caducidade», advierte, y hay gente que opina libremente sobre las tetas y la lactancia de las demás.

No fue ni es un camino fácil, pero en este equipo de familia están los dos a pensar, negociar, fregar, cocinar y cuidar. Sobre todo, a cuidar desde el respeto a sus hijos. «E os dous a derrubar os mitos que hai», coinciden Rebeca y Ramón, que van eligiendo batallas para sobrellevar el peso del cómo lo hacen los demás.

«Llegaremos antes al planeta Marte que a la corresponsabilidad en casa», afirma poniendo en órbita espacial la cuestión el psicólogo y padre Máximo Peña, autor de Paternidad aquí y ahora. De otro modo, la economista Laura Sagnier, que definió como «losa de hormigón» la brecha doméstica y de cuidados que cargan en España seis millones de mujeres, calcula que «harán falta dos generaciones para que haya corresponsabilidad en el hogar». «Pero lo conseguiremos», confía esta experta en inteligencia de mercados y equidad que, en una de sus investigaciones, tras encuestar de forma aleatoria a mil hombres y mil mujeres, concluyó que unos y otras tienen una percepción diferente en cuanto a la parte que asumen en cuidados y tareas de casa (ellos piensan que se ocupan del cuidado de los hijos un 45 % y que sus parejas mujeres lo hacen un 48 %, mientras que las mujeres piensan que ellas se ocupan un 69 % frente a un 25 % ellos).

Ramón y Rebeca no viven en Marte, viven en Dodro, y no van a dejar para otros el reto de ser pareja equipo en el hogar. «Nós somos equipo en todo 24/7, aínda que ás veces, vendo o panorama, penso se sería mellor, por máis doado, vivir coa venda nos ollos que telos abertos á realidade habitual, porque ver como te miran, por exemplo, por mercarlle unha camiseta das K-pop o teu fillo, é unha desas pequenas cousas que fan máis pesada a carga mental», piensa Rebeca.

Tanto ella como su marido trabajan fuera (él es autónomo, ella asalariada) y dentro de casa se organizan «sen reunións semanais, porque somos caóticos, fluímos», dando prioridad a sus hijos, sin omitir que a veces el estrés no te permite «ser o mellor pai», el que todos puestos a soñar queremos ser.

Hombres que cuidan

En más de 95.580 millones de euros al año, según el informe Coste de oportunidad de la brecha de género de ClosinGap, liderado por Repsol, se calcula el coste de la desigualdad de género; las mujeres dedican cerca de una hora más al día a las labores del hogar, tiempo que sumar a las 2,4 diarias de media que destinan más que ellos a atender a menores o dependientes, según los datos del Barómetro del CIS al respecto. Ramón tuvo pronto clara esa desigualdad y la teoría: «A realidade superouna. Eu sabía que había presión, pero cando chegaron os fillos vin que era moita máis». Eso que se espera de cada persona en función del género lo ven en el parque. «Séguese a educar de maneira diferente a nenos e nenas. Hai regras non escritas que pasan de xeración en xeración. E o que non cumpre é excluído. Parece que a nena ten que xogar con bonecas, hai que educala para ser mamá... E, ao final, quen coida? Sempre son as mulleres», observa Ramón. La frase va como un guante al peso que acusan las madres españolas frente a las de otros países de Europa: el 78% de las mujeres con hijos en España declaran que están mentalmente sobrecargadas.

Ramón y Rebeca se reparten, y no cargan la agenda de eventos deportivos, a menos que sus hijos lo pidan. Salvo dar el pecho, tarea de la madre, los trabajos de casa y en relación con los niños las asumen los dos sin distinción. Los dos saben que contar un cuento es mucho más, «é o agasallo de ir durmir cunha aperta de papá».

«Non temos folla de Excel. Se hai louza no fregadeiro non penso se me toca ou non, hai que fregar», dice Ramón. «E cando eu estou dando o peito, el fai outras cousas», afirma Rebeca. «Non me vou poñer no sofá a ver a tele. O que hai que ter claro é que todas as persoas dunha familia teñen que colaborar», subraya él. «Hay parejas a las que les viene bien un Excel y otras que se mueven mejor en el terreno de los ajustes naturales. Lo importante es que los hombres reconozcan el desbalance en materia de cuidados y labores domésticas», destaca al hilo el experto Máximo Peña.

«Hai algún que che di que o traballo da casa e de ser pai non é para tanto. Se dis que a paternidade non é para tanto é que non colaboraches. O pai, como a nai, que di que a maternidade non é para tanto é que non se implicou o suficiente», subraya Ramón. Coincide Rebeca. «Eu traballando descanso —admite él en referencia a lo laboral—. Cando tiven os fillos diminuíu o meu volume de traballo, porque é que se traballase como traballaba antes sería ese pai que aparece polas mañás ou o a fin de semana.... E cando se dá conta perdeu toda a infancia dos fillos!».

Es la elección de Ramón y Rebeca, lo que que ven en casa Lúa y Xoel, que «mañá non van preguntar quen é o que ten que facer a comida ou fregar —piensa su padre—. O outro día Xoel, con só 5 aniños, colleu a vasoira e púxose a varrer».

Para esta pareja, el tiempo con hijos no vuela, pesa. No es productivo, pero tiene valor. «Renuncias a veces a ter vacacións, pero estar con eles déixache o corazonciño cheo», piensan. Valiente, y no frecuente, elección.

 La brecha doméstica y del cuidado

Según el informe Coste de oportunidad de la brecha de género del 2025 de ClosinGap, liderado por Repsol, el impacto económico de la desigualdad de género en conciliación es el 6,4% del PIB del 2023, frente a 8,9% que reflejaba el informe del  2019. Ese coste son 95.581 millones de euros anuales.

 

De acuerdo con el Barómetro de percepciones sobre la igualdad entre hombres y mujeres del 2023 (CIS), las mujeres dedican casi una hora más al día que los hombres a las labores del hogar.  La brecha se amplía aún más en el ámbito de los cuidados: las mujeres destinan 2,4 horas diarias más que los hombres a atender a familiares menores o dependientes.

 
Ell informe El peso invisible de la maternidad, de la Asociación Yo No Renuncio, refleja que el  86% de las mujeres que conviven en pareja asume la principal responsabilidad en la organización familiar y la carga mental.  El 62 % de las mujeres separadas y el 41 % de las que conviven en pareja dicen que es la principal razón para romper con sus parejas.