Alfonso Costa se imaginó Miguel Ángel en la Capilla Sixtina y pintó la cúpula del auditorio de la villa El atlante de Baroña, o mejor dicho el atlante de La Barbanza, es concretamente y superlativamente el atlante de Alfonso Costa Beiro. Una tarde visitó Alfonso el auditorio de Porto do Son. Está cubierto por una bóveda de unos ocho metros de diámetro, blanca, virgen. De pronto, Alfonso Costa se imaginó Miguel Ángel en la Capilla Sixtina y fantaseó pintar sobre aquel techo inmaculado un gigante fresco que abrazase la mitología celta. Dicho y hecho. Lo escucharon, lo estimularon, aparecieron los mecenas y le dejaron toda la bóveda, todo el auditorio de la Casa de Cultura para que se lanzase a la gran aventura. Y el pintor de Noia se zambulló embriagado de espermatozoides. Era su ocasión. Bocetos y bocetos, andamios, colores, fantasía, silencio...
CARLOS GARCÍA BAYÓN