Las playas del pueblo se vieron asediadas por una oleada de piche que incluso llegó a salpicar algunas casas Cuando los corrubedanos que viven frente a la costa abrieron sus persianas ayer por la mañana, se toparon con un panorama que, no por ya esperado, dejó de ser especialmente amargo. La mancha remató la faena de rodear el pueblo por los cuatro costados, y las playas que lo adornan -de dorada arena fina y gélidas aguas algosas- se habían transformado, en algunos trechos, en tibias piscinas de asfalto.
Abdón Dorca