El Alborada, de A Coruña, y el Maruja Limón, de Vigo, consiguen por primera vez el distintivo. Pierden el que tenían Casa Pardo (A Coruña) y Casa Marcelo (Santiago).
La chef catalana, que tiene restaurante en Tokio, se ha visto obligada a levantar un «muro mental» para resistirse a los encantos de la gastronomía nipona y mantener su identidad mediterránea.