En junio de 1882, el emperador de Brasil, Pedro II, apodado el Magnánimo, designó comendador de la Orden de la Rosa al emigrante vigués Manuel Diego Santos. Tardó en enterarse el beneficiario: viajaba a bordo de un trasatlántico, de retorno a su tierra, cuando se publicó el decreto imperial. Al año siguiente, el indiano Manuel Diego Santos promovía en Vigo, desde la presidencia de la sociedad Recreo Artístico, la creación de una escuela de artes y oficios. Y no cejaría en su empeño hasta convertir el sueño en realidad.
Fernando Salgado