Estados Unidos vs. China La nueva gran batalla geopolítica
Guerra fría submarina. Este cable es el arma más poderosa (y vulnerable) del mundo
El 98 por ciento de los datos que manejamos en la web pasa a través de cables submarinos. Son la columna vertebral de la nueva economía global. Muy vulnerables a cualquier ataque, su control se ha convertido en una batalla geopolítica y comercial formidable. Quien los controle tendrá el poder. Te lo contamos.
Imagina qué pasaría si se cayera Internet: no podrías usar las aplicaciones del móvil ni enviar correos ni comprar con la tarjeta… Si unas horas sin la Red serían un incordio, un apagón de días o semanas te parecería un apocalipsis zombi. Los padres de Internet pensaron mucho en este asunto, pues era una red de comunicación diseñada para los militares. La resiliencia ante ataques del enemigo y fallos del sistema era prioritaria. Y el invento les salió de lo más robusto. Se puede dejar sin conexión a una región, incluso a varios países, pero por poco tiempo y no se generalizará. Tiene pocos puntos débiles, pero uno de ellos se ha vuelto crítico y preocupa a gobiernos y tecnológicas: la vulnerabilidad de los cables submarinos que transportan el grueso de los datos.
Los datos son el petróleo de la sociedad digital. Y el 98 por ciento de ese inmenso caudal discurre a través de la fibra óptica ... extendida por el fondo de mares y océanos. Las torres de telefonía tienen un alcance limitado. En cuanto al satélite, es demasiado caro. Casi un millón y medio de kilómetros de cables submarinos enlazan países y continentes. Estados Unidos, China y Europa se disputan su dominio, convencidos de que quien más rutas acapare tendrá la hegemonía mundial. Pero en los últimos años también se han incorporado a la lucha las grandes corporaciones digitales.
Antes, los propietarios de estos cables eran compañías de telefonía. En tres años, Google, Amazon, Apple, Netflix y Facebook se han lanzado a tender los suyos. En 2020 ya tenían el 50 por ciento del mercado de la ruta del Atlántico y en 2026 controlarán el 90
Cada día se realizan transacciones por valor de 10.000 millones de dólares gracias a que los datos fluyen por los más de 500 cables que conectan hogares, oficinas, tiendas y usuarios del comercio electrónico, las operaciones bancarias o el streaming a lo largo de distancias que llegan a decenas de miles de kilómetros.
Cada kilómetro de despliegue cuesta unos 25.000 euros y solo hay 30 barcos especializados en su instalación. La mayoría pertenece a tres empresas: la francesa Alcatel, la estadounidense Subcom y la japonesa NEC. La señal pierde calidad con la distancia, por lo que también es necesario instalar repetidores.
El sector se estructuraba en torno a los propietarios de los cables, que tradicionalmente eran compañías de telefonía. Pero ha dado un vuelco en los últimos tres años por la entrada de Silicon Valley, que desde la pandemia se ha lanzado a tender sus propios cables submarinos para garantizar el comercio on-line, el teletrabajo... Las cinco grandes (Google, Amazon, Apple, Netflix y Facebook), que en la ruta del Atlántico apenas tenían un 5 por ciento del mercado en 2020, ahora disponen del 50 por ciento y en 2026 se espera que controlen el 90.
«Estamos presenciando la privatización de la infraestructura que permite que los datos circulen libremente en Internet, y nadie parece estar prestando atención», advierte un experto en telecomunicaciones consultado por Guillaume Pitron, autor de The dark cloud. Una de las razones por las que Internet es tan resiliente es su arquitectura global y distribuida. Pero cada vez está más parcelada y puede fracturarse en 'reinos de taifas'. «Existe un riesgo de que los Estados se vean subordinados a poderosos conglomerados privados cuyas necesidades financieras no coincidan con las prioridades de la seguridad nacional», señala Pitron. Algunos ven un peligroso precedente en el hecho de que la defensa de Ucrania dependa de los satélites de Elon Musk.
Los chinos están creando su propia red de cables submarinos y a menor coste. Ya le ha dado fibra óptica 'llave en mano' a 76 países africanos
Y es que la guerra desatada por Putin está cambiando la naturaleza de las guerras futuras. Un reciente informe del Parlamento Europeo señala que «Rusia no tendría reparos en cortar cables de telecomunicaciones, como lo hizo cuando invadió Crimea, para controlar el flujo de información en tiempo de guerra». Reino Unido ya publicó otro análisis similar en 2017. «El riesgo es real y está creciendo», advertía el almirante James Stavridis.
Y el ataque a las tuberías del Nord Stream puso a todos en alerta. Sabotear un cable es mucho más sencillo que un gasoducto. Se ha informado de la presencia de submarinos rusos en las inmediaciones de los lugares donde los cables llegan a las costas del Reino Unido, Irlanda e Islandia. Hace justo un año, el cable que suministra Internet a las islas Shetland fue cortado. Casualmente (o no) un barco de investigación ruso pasaba por allí… En un islote de Taiwán sucedió algo similar: sendos cortes tras el paso de un pesquero y un carguero chinos. La revista Foreign Affairs sospecha que se trata de un ensayo para una futura invasión.
Los cables submarinos se dañan con facilidad. Se contabilizan unos cien incidentes al año, causados por anclas de barcos, huracanes… Incluso algún tiburón les hinca el diente. Y, en Asia, las mafias de la chatarra los arrancan para vender el cobre. Si no fuera por las brigadas de mantenimiento, Internet no funcionaría tan bien.
El eslabón más débil de Internet es el paso entre el Mediterráneo y el océano Índico, que concentra el 17 por ciento del tráfico mundial y casi la totalidad de las conexiones entre Europa y Asia. Atravesar Egipto, donde además hay que desplegar unos 150 kilómetros por tierra firme, y el mar Rojo, poco profundo, es lo más peligroso. Pero las alternativas son peores, pues implican el paso por países conflictivos, como Siria, Irak y Afganistán; o circunvalar toda África. Un ejemplo reciente es el corte intencionado, en Egipto, del cable que conecta Hong Kong con Marsella.
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Pero es el Pacífico el que decidirá el nuevo orden mundial. Pekín le ha puesto fibra óptica «llave en mano» a 76 países africanos, asiáticos y latinoamericanos. Según Pitron, su objetivo es facilitar la penetración de sus compañías digitales (Baidu, Alibaba, Tencent y Xiaomi), para extender así su poder blando. Esto le permite exportar su modelo político y comercializar sus tecnologías de vigilancia, aunque solo algunas (como las de reconocimiento facial), porque otras las considera demasiado vitales para su propia seguridad nacional.
Y es que los estrategas chinos están configurando una red paralela de cables que rivaliza con la de Occidente. Y que atraerá vastas cantidades de datos hacia sus servicios de inteligencia. Y en un sistema descentralizado como es Internet, donde los datos siempre buscan la ruta más rápida, el plan de China podría alejar el tráfico de otras líneas al ofrecer más ancho de banda a un coste menor.
Se espera que los avances en la computación cuántica permitan la lectura de estos datos, aunque estén cifrados. Y la inteligencia artificial es excelente para filtrar la información valiosa. Según The Telegraph: «Los nuevos sistemas podrían proporcionar el equivalente a descifrar el código Enigma en la Segunda Guerra Mundial». En otras palabras: una ventaja decisiva.
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TRES PUNTOS CLAVES
ESPAÑA TIENE ENCHUFE
1. ESPAÑA, UN NODO ESTRATÉGICO. España se ha convertido, con 28 cables anclados a su territorio, en un nodo estratégico de primer orden, lo que ha atraído la construcción de centros de datos de las grandes tecnológicas. Bilbao se conecta con Estados Unidos; Barcelona, con África y Asia; Málaga, con Marruecos; Almería, con Melilla…
2. EL CABLE MÁS LARGO. El cable más largo del mundo es el 2Africa: tendrá 45.000 kilómetros cuando esté terminado, enlazará 33 países de tres continentes y cuenta ya con varios puntos de aterrizaje en la Península Ibérica.
3. EL SECRETO MARINO. Existen 552 cables submarinos en el mundo, desplegados a lo largo de 1,4 millones de kilómetros, según la consultora TeleGeography. Son infraestructuras críticas, pero muy vulnerables. La mejor manera de proteger un cable submarino es no hablar de él. No se suelen revelar sus coordenadas.