Viernes, 09 de Enero 2026, 10:30h
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Siempre ha sido una pulsión de los hombres –y mujeres– pode- rosos la de estar presentes en la vida de los demás. En este siglo XXI, la pulsión se ha extendido al ciudadano común, que a través de las redes sociales aspira a ser centro de atención de personas desconocidas con un propósito más difuso –y menos rentable– que el que el poder lleva implícito. Sin embargo, estar presente, como bien constata el joven papa de Paolo Sorrentino, tiene sus desventajas y conlleva un menoscabo que puede llegar a convertir la ausencia en un bien codiciable. Presidir el Gobierno es, apunta un lector, un modo de hacer de acerico de la insatisfacción ajena. Que cada miércoles te vean en el hemiciclo, anota otra, puede resultar poco edificante. Y mandar en Hacienda... darte plaza como el fantasma cenizo de las Navidades.
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