El bloc del cartero
Magisterios
Sabe del valor de un maestro quien lo tuvo alguna vez, y a nadie la vida deberĆa serle tan adversa como para no conocer uno nunca. Sabe quien tuvo un maestro que es del buen magisterio del que depende el aprendizaje, mĆ”s allĆ” de la disposición mejor o peor del alumno. Si se le enseƱa bien, el buen estudiante aprende mucho y el malo no deja de aprender algo. Que nuestros alumnos salgan un poco peor formados a cada nueva evaluación āa cada nueva reforma, podrĆa aƱadirseā tiene como razón primera que les estamos enseƱando peor. ĀæPor falta de maestros como los de antes? Como razonan los lectores, cuesta creer que sea esa la causa. Entre los miles de docentes los habrĆ”, como siempre los hubo, malos, medianos y excelentes. Algo mĆ”s complejo estĆ” sucediendo. Y asĆ es como una sociedad se estropea su futuro.
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Aquellos maestros
Con el demoledor informe PISA, del que se salvan algunas comunidades, como Castilla y León, se viene cuestionando la formación de los maestros. Comparo la actual carrera universitaria de Magisterio de cuatro aƱos con la que tuvimos en otros tiempos: bachillerato elemental de cuatro aƱos tras previo ingreso; tres cursos en la Normal (en los dos Ćŗltimos se hacĆan prĆ”cticas en una escuela); despuĆ©s de una revĆ”lida, se obtenĆa el tĆtulo de maestro nacional. Comparo tambiĆ©n nuestra labor de entonces con la de hoy: la mayorĆa en escuelas rurales con mĆ”s de treinta alumnos, en clases mixtas, de 6 a 14 aƱos, con medios mĆ”s que rudimentarios. DĆ”bamos clases particulares a los escolares que descollaban; los preparĆ”bamos para los exĆ”menes de ingreso en los institutos de la capital. SeguĆamos preparĆ”ndolos para los exĆ”menes de junio o septiembre de todo el bachillerato elemental; asĆ mejorĆ”bamos la exigua nómina. Gracias a nuestra labor, incomprendida y siempre mal pagada, logramos sacar del medio rural a los que, con el tiempo, sacaron a EspaƱa no solo del analfabetismo, sino del atraso endĆ©mico de siglos hasta llegar al estado de bienestar que de momento gozamos. Nuestros mĆ©todos se fueron adaptando a los cambios: los conjuntos, los lexemas, las nuevas tĆ©cnicas... ĀæEs comparable cómo terminaban formados aquellos jóvenes con los de hoy? ĀæNo habrĆ” que revisar otras causas? Apunto una: exigir a los profesores una excesiva burocracia con programaciones, planes de clase, currĆculos, memorias, informes, etc., merma la labor docente.
Prisciliano Castillo. León
Al polo opuesto
Cada noche, al cenar, le preguntamos a nuestra hija cómo han ido las clases (estudia primero de bachiller). Ayer nos dijo que no habĆan tenido Educación FĆsica porque la profesora llegó llorando tras una bronca tremenda con alumnos de cuarto de la ESO. Hace algunas semanas, Ćngel MarĆa FernĆ”ndez dejó la docencia ante el desinterĆ©s de sus alumnos en un centro educativo de Navarra; habĆa sufrido a su vez amenazas e insultos. Profesor de secundaria parece ser ya una profesión de riesgo. Esta semana hemos oĆdo, ademĆ”s, que prohibirĆ”n los móviles en primaria y secundaria tras bajar notablemente el rendimiento de los alumnos; en algunos institutos, como el de Ejea de los Caballeros, en Zaragoza, ya no se pueden usar en horario lectivo. Ā”Bravo! Quienes ya peinamos canas estudiamos en institutos donde los profesores eran respetados y, a veces, temidos. Tampoco es eso; hoy nos hemos ido al polo opuesto. ĀæSerĆa muy difĆcil lograr el punto medio? No solo es tarea de los profesores: los padres debemos apoyarlos mĆ”s. El respeto y la educación se llevan puestos 'desde casa'.
Carmen Berenguer. Zaragoza
Informe PISA: Āæen serio?
Ahora, parece, nos llevamos las manos a la cabeza, pero a nadie pareció preocuparle, cuando siguiendo la metodologĆa de moda, en los colegios sentaron a los alumnos de cuatro en cuatro, dos de espaldas al profesor, con un ordenador delante. Tampoco nos inmutamos cuando los gurĆŗs de turno decĆan que aprendiesen divirtiĆ©ndose, que no hace falta memorizar, que nada de deberes, que fueran felices⦠Yo ahora me pregunto: Āænadie lo vio venir? ĀæEn serio? Los profesores de verdad sĆ. Y seguimos profundamente preocupados, principalmente por nuestros alumnos.
Cristina Mujika. Correo electrónico
El principio de autoridad
Hay dos grupos de convivencia bĆ”sicos que nos preparan para el futuro: la familia y la escuela. En mi familia y en mi trabajo en la escuela, siempre tuve claro que son necesarias unas normas que hagan posible esa convivencia sin que nadie termine daƱado de forma injusta. Y en estos Ć”mbitos, en algĆŗn momento, todos, hijos y padres, alumnos y maestros, hemos sobrepasado los lĆmites de las normas que nos obligaban. De tantos aƱos de trabajo guardo en mi recuerdo, cientos, quizĆ” miles, de conversaciones con padres de alumnos para buscar soluciones a situaciones conflictivas. Esas conversaciones se iniciaban, en muchas ocasiones, con frases evasivas: «”Es que este niƱo no hace caso a nadie! Ā”Es que se junta con otros niƱos que lo llevan por malos caminos!Ā». Y hasta manĆas persecutorias del profesorado contra su niƱo. Y entonces yo les hacĆa dos preguntas: Āæen vuestra casa tenĆ©is unas normas conocidas y entendidas por padres e hijos para convivir? ĀæHay en vuestra casa un principio de autoridad claro y aceptado? Y, muchas veces, la raĆz del problema quedaba al descubierto. No habĆa un principio de autoridad entendida y asumida. O, lo que era peor, habĆa dos autoridades totalmente yuxtapuestas. La del papĆ” y la de la mamĆ”. Y el niƱo eso lo captaba y le creaba sentires que no entendĆa y hasta lo ofuscaban. En EspaƱa, esta escuela grande en la que todos convivimos, hay tambiĆ©n unas normas que nos obligan. Siendo yo uno de los millones de 'niƱos' de esta escuela, no tengo claro si el principio de autoridad lo ejercen los jueces o las mayorĆas polĆticas en el Congreso. Tampoco entiendo si los jueces, al dictaminar sobre posibles ataques a las normas, lo hacen con fundamento en su conocimiento de las leyes o segĆŗn sean progresistas o conservadores. Y serĆa bueno para el buen convivir que no hubiera en estos temas malentendidos que conduzcan a ofuscaciones que nos enfrenten.
Juan de Dios Molina SuƔrez. AlmuƱƩcar (Granada)
La fortaleza de la sociedad civil
En tiempos de democracias bajo sospecha, la fortaleza de la sociedad civil siempre es una buena noticia. Lo que nació hace poco en un corrillo de padres en un parque puede terminar con un pacto de Estado para proteger a los menores de las pantallas. Pese a la polarización de posturas, todos coinciden en decir Ā«bastaĀ». El 85 por ciento de los niƱos de entre 12 y 14 aƱos tienen un smartphone. Un 49 por ciento de los adolescentes pasa mĆ”s de cinco horas al dĆa en Internet. Seis de cada diez menores duermen con el móvil. Un 42 por ciento de los adolescentes ha recibido en su móvil contenido sexual. La edad media de acceso a la pornografĆa: 9 aƱos. Pocos dudan de la relación entre la sobreexposición en redes y los trastornos de salud mental. A la espera de ese pacto de Estado, la sociedad civil ha sido capaz de pasar por encima de ideologĆas por el bien comĆŗn y mostrar su fortaleza.
Miguel Perdigón. Correo electrónico
Por qué la he premiado⦠Porque no estÔ de mÔs anotar alguna buena noticia, algún consenso sobre lo sustancial.