Judy Clarke
Miércoles, 5 de octubre 2022, 13:04
La atención psicológica y psiquiátrica para tratar la depresión es solo uno de los frentes desde los que se intentan combatir los altos índices de suicidio. La biología y la neurología es otro. En laboratorios de todo el mundo se buscan fórmulas y métodos que ayuden a prevenir lo que ya se ha convertido en una lacra del siglo XXI. La depresión a menudo no es visible y no todos los afectados logran, por sus circunstancias o por la propia enfermedad, expresarla, por eso hay investigadores que buscan indicios de tendencias suicidas en parámetros externos, biológicos, y los han encontrado... en nuestro pelo.
El equipo de investigación dirigido por el psicólogo Alexander Karabatsiakis del Instituto de Psicología de la Universidad de Innsbruck ha demostrado que las personas con ... mayor tendencia suicida tienen una mayor proporción de la hormona del estrés, el cortisol y ese incremento se puede determinar con un análisis de cabello.
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Ya había varios estudios que sugerían la relación entre un mayor riesgo de suicidio y un nivel elevado de cortisol. Pero la investigación llevada a cabo en Innbruck es el primer trabajo científico que demuestra la tesis con datos fiables.
Para ello, los científicos examinaron muestras de cabello de 45 personas que se suicidaron. En todos los casos, el nivel de cortisol aumentó considerablemente en comparación con las personas sin o con depresión leve. Según Karabatsiakis, tales biomarcadores podrían representar un progreso real en la prevención del suicidio.
Con este tipo de análisis, la atención médica puede implementarse incluso si el paciente no expresa ninguna queja. Aun serán necesarios más estudios al respecto para poder establecer un protocolo de medidas preventivas, pero el trabajo de los investigadores de Innsbruck es un paso importante para comprender mejor el trasfondo de las tendencias suicidas y poder intervenir antes de que sea demasiado tarde.
Alexander Karabatsiakis es un experto en los estudios de laboratorio sobre trastornos psicológicos. Ha liderado otras investigaciones relevantes sobre los efectos del maltrato en la genética. El abuso, el maltrato y el abandono en la infancia no solo tienen consecuencias psicológicas para los afectados. También pueden conducir a cambios biológicos en el metabolismo que afectan a su descendencia. Como investigador de la Universidad de Ulm, su centro anterior, Karabatsiakis investigó cómo las experiencias estresantes de la infancia afectan el metabolismo energético mitocondrial de las células inmunitarias de las madres y si esos bioenergéticos se pueden detectar en los niños.
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