Los fogones del Mercantil se apagan tras 15 años de actividad

leticia castro O GROVE / LA VOZ

O GROVE

LETICIA CASTRO

Alicia Castro y Jose Antonio Devesa, que abrieron el establecimiento tras la crisis del ladrillo, han cerrado sus puertas esta semana por jubilación

23 oct 2023 . Actualizado a las 19:44 h.

El Restaurante Mercantil puso punto y final este viernes a una etapa en el sector hostelero de O Grove, dejando un poco más huérfana la calle Hospital, donde compartía actividad con la Taberna Lavandeiro y, unos pasos más allá, con la Cervecería Crisol. El negocio cierra sus puertas tras quince intensos años debido a la jubilación de sus propietarios, Alicia Castro y José Antonio Devesa, que decidieron embarcarse en esta aventura junto a sus hijas, Myriam y Sara, en parte gracias a la experiencia de Alicia, cocinera y alma del local.

Fue en el año 2008, tras la crisis del ladrillo, cuando decidieron coger las riendas del negocio, ubicado en el mismo emplazamiento donde años antes había estado el Bar Corgo. José Antonio se dedicaba al sector de la construcción y se había quedado en paro, y Alicia trabajaba en el emblemático Restaurante Dorna junto a Marisol Prieto, a quien le debe el haberse puesto al mando de los fogones. Allí estuvo cuarenta años aunque con la familia de Marisol comenzó a trabajar a los once y sus primeras nociones sobre restauración las aprendió en Casa Pepe. «A ela débolle isto, encantaríame que estivese agora conmigo, pero desgraciadamente non pode ser», cuenta.

En el Mercantil triunfaron sus arroces, guisos de pescado o mariscadas, y por supuesto también la tortilla; de Casa Pepe se llevó la receta del pulpo encebollado que tanto gustaba. Fue esa cocina familiar y tradicional la que cautivó a sus fieles comensales llegados de todo el territorio español que finalmente se convirtieron en amigos.

La mano de Alicia sorprendió incluso a los conocidos chefs Hermanos Torres, a los que en unas Xornadas da Centola cocinó una empanada y una tortilla a base de este crustáceo que los dejó sin palabras. Su marido Jose Antonio, aprendió el oficio sobre la marcha, «eu non sabía nada de hostalaría, e nin sequera bebo viño, así que imaxínate».Pero le puso empeño y se adaptó, aunque confiesa que su verdadera vocación fue siempre la construcción. El negocio funcionaba y la clientela era fija, tanto a la hora del desayuno como a la de la comida o la cena.

El local fue testigo de muchas experiencias, como aquel «simpa» de unos clientes en una Festa do Marisco. «Era unha mesa de oito que pediron de todo, tiñan unha conta de 300 euros, o restaurante estaba abarrotado. Remataron, apilaron os pratos e marcharon…», recuerdan. Pero las experiencias positivas pesan sobre las negativas porque siempre estuvieron bien arropados y acogieron bodas, bautizos y otros festejos. Así que es normal que algunos clientes se sientan desolados con el cierre. No quieren renunciar a la cocina de Alicia pero tampoco a la compañía que les brindaron. Lo bueno de hacer tantas amistades es que no les va a dar el tiempo para viajar y visitarlos a todos. Así que a pesar de la tristeza que suponen las despedidas, ahora se abre para ellos una nueva etapa.