Los puntos negros del gas radón

raquel iglesias RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

CARMELA QUEIJEIRO

Un estudio publicado el año pasado determina que la avenida de Ferrol de Ribeira y el núcleo boirense de Mañóns son dos de las zonas de Barbanza más afectadas

16 feb 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

La ciencia no se anda con rodeos. El radón es la segunda causa de cáncer de pulmón después del tabaco y, cuanto antes se detecte, más fácil será prevenir la tasa de mortalidad, que alcanza en Barbanza niveles alarmantes. Los estudios sobre los efectos en la salud de este gas radiactivo comenzaron en los años ochenta, cuando en la casa del empleado de una central nuclear se detectaron niveles altísimos de radiación sin que su trabajo tuviese nada que ver. Las cifras eran cientos de veces superiores a las existentes en las galerías mineras de uranio.

Desde entonces no se ha parado de investigar y en la comarca también se ha puesto el foco. Un estudio elaborado en el 2015 y publicado el año pasado ya detectó dos puntos negros en el territorio barbanzano. Se trata de la avenida de Ferrol de Ribeira y del núcleo boirense de Mañóns, concretamente su parte más alta. También entre la parroquia de Artes y en el lugar de Barral se dieron picos bastante elevados. En este último caso las mediciones se llevaron a cabo en la carretera general.

El informe lleva por título El radón, un problema de salud pública: Importancia del desarrollo de mapas geográficos que indiquen la concentración de gas radón en diferentes poblaciones y uno de sus autores, Breixo Ventoso, se interesó especialmente por la avenida ribeirense al conocer de primera mano la incidencia del cáncer de pulmón entre sus vecinos. La teoría del azar no convence demasiado y los medidores instalados en diferentes viviendas arrojaron niveles de casi 500 becquerelios por metro cúbico, cuando las recomendaciones europeas ponen el límite en 200 para evitar problemas de salud.

Elección aleatoria de casas

Para realizar el estudio se eligieron de forma aleatoria viviendas de todas las comarcas gallegas, donde se colocaron detectores de radón durante un período de tres meses.

Los resultados obtenidos clasifican a la comunidad gallega y a Barbanza como zonas de alto riesgo. Más del 10 % de las casas medidas superaron los 200 becquerelios, y el 22 % sobrepasa los 148, nivel de seguridad recomendado en Estados Unidos.

Los medidores empleados para las pruebas tienen la forma de un frasco de plástico pequeño y no suponen riesgo alguno para la salud.