Jacinto Campaña, José García y Adolfo Antonio Grela, tres camariñáns víctimas por la libertad

luis lamela

CAMARIÑAS

GALICIA OSCURA, FINISTERRE VIVO | Epitafios, nombres y avatares que los hoy vecinos de Camariñas deberían conocer

31 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Las vidas normales no suelen dejar huellas. Nuestro destino es morir y ser olvidados. No obstante, cuando ocurren sucesos como el golpe de Estado de julio de 1936 y la represión que después siguió, una cruzada contra la democracia republicana, el gobierno y las ideas progresistas, quedan epitafios como los que siguen, y que deberían conocer los actuales vecinos de Camariñas.

Jacinto Campaña Martínez nació alrededor del 1907 en la capital del encaixe, estuvo casado con Ludivina Leis Rey y dejó varios hijos. Trabajó de pescador, fue dirigente de la cofradía, pequeño comerciante, concejal de la corporación municipal y también presidente del Sindicato de Oficios Varios, afecto a la CNT.

Después de intentar defender al régimen republicano y la democracia contra el golpe de Estado, y permanecer escondido durante un largo período de tiempo, logró huir por mar a Asturias, pero desembarcó en una zona ya controlada por los franquistas y de inmediato fue detenido y fusilado, en octubre de 1937, en Luarca.

Mientras estaba escondido, el 22 de diciembre de 1936, Jacinto Campaña fue declarado en rebeldía por el juez de Corcubión. Años después de ser fusilado, el Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas, de A Coruña, le abrió un expediente en el que se afirma que Jacinto había estado «afiliado a la Confederación Nacional del Trabajo, desempeñó el cargo de Presidente del Comité en dicha localidad, distinguiéndose por la activa intervención directa que tomó en las elecciones de febrero de 1936 en defensa de la candidatura del Frente Popular»...

Ya fallecido, Jacinto Campaña fue condenado el 21 de junio de 1941 por el Tribunal de Responsabilidades Políticas, mediante sentencia 425/941, a 5 años de inhabilitación especial para el desempeño de cargos o empleos del Estado, Provincia y Municipio, públicos de mando, confianza y directivos, y al pago de 150 pesetas. Y la viuda se vio obligada a trabajar en lo que pudo, malviviendo ella y sus hijos, de su producto y de las limosnas que solían ofrecerle algunas almas caritativas, muy pocas, del pueblo en el que vivía.

Por su parte, José García Suárez, Italia, de 23 años en julio de 1936, vecino de A Ponte do Porto, jornalero y limador, soltero, el 22 de diciembre de 1936 fue declarado en rebeldía, aunque él aseguró ante la Guardia Civil que lo detuvo el 2 de marzo de 1939 en la pensión La Flor de Cuba, de A Coruña, que durante todo el llamado Movimiento había estado en su domicilio. José ingresó en la Prisión provincial el 5 de marzo siguiente. Con anterioridad efectuara su presentación en la Caja de Recluta de A Coruña y al poco fue detenido e ingresado en prisión.

Y así seguía en octubre de 1939 sin que le hubiesen interrogado ni notificado resolución, ni instruido procedimiento alguno. Después, cuando a su requerimiento se presentó un juez militar instructor, Italia confesó que «pertenecía a la UGT de Puente del Puerto, sin haber desempeñado cargo directivo». El informe del comandante del puesto de la Guardia Civil de Camariñas, de 10 de noviembre de 1939, destaca que «los antecedentes político-sociales del detenido en la Prisión Provincial de esa capital, José Suárez García (sic), son pésimos, toda vez que era de ideas avanzadas, habiendo militado en la UGT, significándole que estos datos han sido adquirido por personas de solvencia, y aún cuando no existe datos en este Puesto sobre la detención del mismo, se sabe que fue detenido en esa Capital, al intentar enrolarse en la legión»…

Otras piezas de un rompecabezas, misterios aún sin desvelar

La alcaldía de Camariñas informó sobre José que «ha pertenecido al Sindicato UGT; sin que con respecto a su vida pública y privada pueda decirse nada malo, exceptuando su ideología izquierdista»… Y el párroco Juan Bautista Boo Romero, ya sin el freno de la incerteza de quién ganaría la contienda civil, el 15 de noviembre de 1939 informó que José García «fue víctima de un ambiente moral pernicioso, ausente su padre, y sin vínculo eficaz de sujeción por parte de su madre, estuvo en constante relación en tabernas, casinos y centros sociales de bajos fondos con elementos disolventes que le extraviaron, siendo uno de tantos engañados y equivocados por culpa de los predicadores de la antipatria que tanto abundaron en los tiempos de la desdichada república. Consecuencia: su moral privada, completamente negativa; la pública siguió el ritmo de los dirigentes marxistas, en cuyas milicias actuaba con disciplina de convencido prosélito, y en las modalidades más avanzadas del comunismo libertario; pero, concretando sus desmanes, no tiene sus manos manchadas en sangre, y sí solamente es un extraviado en ideas, como tantos otros que lo fueron y al contacto con las ideas sanas y patrióticas que supieron inculcarles los forjadores de la nueva Patria que renace, se reformaron, y hoy se hallan encauzados y orientados hacia los fines patrióticos que se propuso restaurar el movimiento salvador. Por tanto, cree el que informa, que puesto el referido ciudadano en ambiente patriótico y fuera de esas células corrosivas del malvado marxismo, es susceptible de ser regenerado y convertido en elemento social constructivo en la nueva España; pero repito, si se extirpan los centros disolventes que todavía vuelven a renacer en la localidad a ciencia y paciencia de las autoridades del actual régimen, y que no debieran consentirse, y si sustituirse por escuelas de verdadero patriotismo, si hemos de edificar la nueva España que soñamos»…

También informó Eliseo Moreira Canosa: «Solo puede decir que perteneció al comité rojo…, así como que era de ideas avanzadas y uno de los elementos más destacados, que acompañó a sus compañeros en todos los atropellos cometidos, como fueron la requisa de radios, asalto a la Casa Rectoral y que también anduvo paseando en las calles haciendo propaganda marxista, pero que antes del Movimiento observó buena conducta privada». Y, Francisco Noya López, dijo que «es persona que no dejó nada que decir, que su conducta privada era buena pero que motivado a la compañía y ambiente de varios elementos de ideas avanzadas, que llegaba a formar parte del comité rojo esta localidad como tantas otras pero que ignora tuviese cargo alguno, que no obstante acompañó a sus compañeros a los mítines, pero que no cree cometiese atropellos». No obstante, y a pesar de estos testimonios negativos, el 30 de marzo de 1940 fue sobreseída su causa provisionalmente, quedando en libertad.

Otro de los fusilados fue Adolfo Antonio Grela, nacido en A Ponte do Porto. Tenía 24 años en 1936, estaba soltero y trabajaba como jornalero. En el mes de julio de 1936, cuando los militares se sublevaron contra el gobierno legítimo de España, Adolfo estaba destinado de soldado en el Regimiento Simancas, de Gijón, en la 1ª Compañía, la misma que intentó declarar el estado de Guerra. Pero, al poco de salir del cuartel, el brigada desarmó al capitán y al teniente sin que Adolfo Antonio Grela hiciese nada por evitarlo. Al contrario, en lugar de cumplir las órdenes de los dos oficiales desarmados, que se refugiaron en el cuartel, Adolfo Antonio siguió al brigada y a los gritos de ¡Viva la República! y ¡Viva el Poder constituido!, se presentaron en la Casa del Pueblo y tomaron parte en el asedio a los cuarteles de Zapadores y Simancas. Más tarde, luchó en diversos frentes con el ejército de la Segunda República y al ser tomado el Principado por los franquistas, Adolfo fue fusilado en Gijón el 28 de julio de 1.938.

Injustamente arrinconados

También hay algunos individuos que no están en el almacén de la memoria, de los que muy pocos datos poseemos, aunque no nos esforzamos en buscarlos, pero son igualmente piezas de un rompecabezas, misterios que quizás ya nunca puedan desvelarse, ni podamos conocer el catálogo exacto de sus desgracias. Por ejemplo, Faustino Dios Vidal, que nació en Camariñas y desempeñó la profesión de marinero. Tenía 45 años cuando fue fusilado en Ferrol el 15 de septiembre de 1.936. O Juan Fernández (¿Hernández?-)Moreira, que nació también en Camariñas y en julio de 1936 trabajaba como escribiente en el cuartel de la Policía de Asalto, de Gijón. Fernández Moreira fue fusilado por los militares sublevados junto a las tapias del cementerio de Ceares el día 9 de noviembre de 1.937. O Antonio Santos, Castañiñas,, que fue declarado en rebeldía el 22 de diciembre de 1936. Parece que fue «paseado», pero su cadáver nunca apareció, formando parte de las innumerables víctimas que no dejaron rastro alguno.

En fin, que lo importante es no olvidar a los defensores de la democracia en la demarcación de Camariñas. Con el previsto reconocimiento que la corporación municipal ofrecerá a estos antiguos vecinos, hasta ahora injustamente arrinconados, y la reparación moral a sus familiares, que resistieron y sufrieron en una España herida por la intolerancia y el hambre tras la guerra, entiendo que se conseguirá al mismo tiempo justicia y memoria, en una metáfora de su vuelta a casa y a la dignidad que el franquismo les arrebató.