Existen más de una decena de cementerios gallegos que pueden ser considerados parte del patrimonio histórico de las localidades por los restos que conservan
11 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El próximo 1 de noviembre, con motivo de la celebración del día de Difuntos, los cementerios gallegos se llenarán de flores y coronas. Aunque la fecha explica las peregrinaciones masivas a los camposantos de la comunidad, lo cierto es que una visita cultural está justificada el resto del año. En Galicia hay necrópolis que merecen ser consideradas como auténticos museos al aire libre.
Como ejemplo, el lugar de descanso de personajes de la cultura gallega como Rosalía de Castro. Los restos de la escritora descansan en el Panteón de Galegos Ilustres en San Domingos de Bonaval, en Santiago. También allí reposan los restos del periodista Alfredo Brañas, el escultor Francisco Asorey, el poeta Ramón Cabanillas y el pensador Domingo Fontán. En la capilla contigua, está el sepulcro del escritor galleguista Alfonso R. Castelao. En el cementerio santiagués de Boisaca descansa el también ilustre Ramón María del Valle Inclán.
La Concejalía de Servicios Sociais de A Coruña organiza visitas guiadas al cementerio de San Amaro, donde se encuentran los restos de Eduardo Pondal, Juana de Vega, el fundador de la editorial Nós, Ángel Casal; el profesor de modelado de Picasso, Isidoro Brocos, uno de los líderes del Rexurdimento gallego, Manuel Curros Enríquez, o Juan Fernández Latorre. En el camposanto de San Francisco, en Ourense, declarado de interés cultural, se pueden contemplar las tumbas de intelectuales como Vicente Risco, Otero Pedrayo, Blanco Amor, Ben-Cho-Shey o José Ángel Valente. Otros gallegos ilustres como Álvaro Cunqueiro, Pascual Veiga, Leiras Pulpeiro o Pacheco, están enterrados en el cementerio de Mondoñedo, en Lugo.
Curiosidades
Existen otros camposantos que aunque no destacan por la notoriedad de sus tumbas, también tienen su encanto. Es el caso del Cementerio de los Ingleses, de Camariñas, que es más famoso por el acontecimiento que lo creó que por su interés real. Esta necrópolis acoge a las 172 víctimas del naufrgio del buque escuela británico The Serpent, ocurrido en 1890.
El cementerio del Fin del Mundo, en Fisterra, del arquitecto César Portela, que a pesar de haber sido alabado en medio centenar de publicaciones especializadas, lleva diez años de obras y todavía no está finalizado. No hay ningún ilustre, porque no hay nadie enterrado.