Bal y Gay en la catedral de Mondoñedo

La Filharmonía ofrece un excelente comienzo al festival homenaje al gran músico lucense

La Real Filharmonía estuvo dirigida por Zumalave
La Real Filharmonía estuvo dirigida por Zumalave

El pasado miércoles día 12 se inauguró la séptima edición del Festival Bal y Gay, enriquecido con la presencia en la catedral de Mondoñedo de la Real Filharmonía de Galicia, dirigida por su director asociado Maximino Zumalave. Obras de Wolfgang A. Mozart (1756-1791), el Adagio y Fuga en do menor KV 546; Félix Mendelssohn (1809-1847), la Sinfonía n.º 4 «Italiana», y el Concerto Grosso, de Jesús Bal y Gay (Lugo, 1905-1993). La seo mindoniense, románica, gótica, clásica, «la catedral arrodillada» por proporción y altura, fue marco formidable para esta apertura del festival homenaje al gran músico lugués, investigador, musicólogo, folklorista, compositor y escritor. Como espacio acústico adolece de exceso de reverberación.

Mozart, en 1788, una vez más menesteroso, ofrecía obras de «ocasión». Es el caso de esta KV 546. Retoma una Fuga para dos pianos escrita en 1783, de formidable traza, homenaje a Bach, y le antepone un Adagio en la tonalidad de do menor lleno de melancolía. Es Mozart.

El culto y genial Félix, recién cumplidos los 20 años, viaja por Escocia e Italia. Fuentes de inspiración para la exquisita sensibilidad del redescubridor de J. S. Bach. Sintoniza con las brumas y paisajes escoceses y queda deslumbrado, como Bach (Vivaldi), por la luminosidad de la música meridional. Dedica a Italia su cuarta sinfonía. Esa luz está ya en el comienzo y alcanza hasta la exultación con el saltarello final.

Antes, sonó en la catedral mindoniense la música de Bal y Gay -de nuevo el espíritu de Bach mediante-, a través de su Concerto Grosso, obra a la que tenía gran estima, nacida de la admiración bachiana y por sugerencia del gran maestro Carlos Chávez, su valedor en el exilio mexicano. Bal reviste a Bach con estilemas del Stravinski neoclásico. Difícil facilidad de resonancia histórica y ropaje contemporáneo.

La orquesta, bien asentada en calidad sonora y prestaciones interpretativas, bajo la sensible batuta de Zumalave otorgó a cada obra versión idónea, luchando contra las dificultades acústicas. Momentos de conseguida belleza el adagio mozartiano, el andante de la Italiana y el segundo movimiento del Concerto. Muy aplaudidos orquesta, solistas y director. Excelente comienzo.

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