arzúa / la voz

Cuando uno estudia en un colegio de 320 alumnos de infantil hasta terminar la educación secundaria lo normal es que su aprendizaje se desarrolle en familia. Todos se conocen entre sí y los profesores saben el nombre de cada alumno. Pero hay casos donde esa cercanía se convierte en eje fundamental de la filosofía del colegio. Uno de ellos es el centro concertado Divino Maestro (DM) de Santiago, que ha dado muchos más pasos en este camino: los padres acompañan a sus hijos hasta el aula durante toda la primaria, participan en las clases cuando pueden aportar su experiencia a los conocimientos del currículo y se implican ya desde antes de que el niño ingrese en el centro.

Este colegio tiene vocación de familia, y eso, dice su directora pedagógica, Pilar Garea, es lo que más valoran los padres para pedir plaza en el centro, que este curso tuvo el doble de demanda que de oferta. Pero no es la cercanía su único atractivo, ni mucho menos. En el Divino Maestro se estudia parte del currículo a través del aprendizaje basado en proyectos bajo el paraguas de las inteligencias múltiples; el trabajo se desarrolla en grupos, aunque hay tareas individuales; son el único centro con dos unidades específicas para alumnos con necesidades educativas especiales (NEE); apuestan por la tecnología como herramienta, y ya están en Abalar y ahora en quinto y sexto tienen libro digital (e-dixgal); tienen una intensa relación con entidades de voluntariado; hay aprendizaje colaborativo y así los de ESO enseñan a los de primaria; acogen a estudiantes internacionales; fomentan los idiomas; se está implantando el ajedrez en el aula; y hay un potente equipo de normalización lingüística (se celebran los Galexoves, y es que el jueves se habla en gallego en todo el centro), entre otras cosas.

Tanto dinamismo se explica por la buena sintonía del profesorado, 28 maestros en una plantilla muy estable y volcada en su colegio: «Todos los profesores trabajan con todos los niños», resume Mónica Fernández, la jefa de estudios. También importa la planificación. Como suele ocurrir, detrás de una actividad muy divertida se esconde una organización minuciosa. 

Aprendizaje activo

En el Divino Maestro creen firmemente en el desarrollo del niño como persona y la necesidad de enseñarle algo más que conceptos para que él lo repita. Aprender con la experiencia, con las manos o a través de la investigación es el medio. Así, los niños de primero juegan con dados sin saber que están aprendiendo a sumar, y ante el dibujo de la maestra (2+7) siguen un proceso sencillo que repiten una y otra vez: pienso, preparo, muestro; y todos enseñan el número 9 con convencimiento, mientras una alumna se queja «¡yo no tengo dados!».

Los de segundo, por su parte, tienen hoy una visita muy especial. De forma periódica, los mayores, los adolescentes de ESO, ayudan a los pequeños y echan una mano en plástica a partir de un cuento de Os Bolechas sobre el reciclaje. No hay mucho jaleo en el aula, aunque sí hay sonrisas en los grupos. Estos permanecen todo el año, los grupos, y por trimestre cada alumno tiene un papel que jugar: coordinador, portavoz... en toda las mesas hay una etiqueta (las de los pequeños tiene dibujos, las de los medianos explicaciones y entre los mayores solo aparece el puesto) y cada uno sabe lo que tiene que hacer.

En cuarto de primaria están investigando sobre los juegos tradicionales. Para ello, cada alumno ha preguntado a alguien de su familia y ha grabado un vídeo: el abuelo que recuerda que en su niñez no había juguetes comprados, que todos los hacían los niños, o el padre que cuenta el miedo que le dio uno de sus regalos de Navidad... «A los niños lo que más les puede gustar en el mundo -dice Sindo Alonso, el orientador y dinamizador del centro- es que sus familias participen, que salga su abuelo contando algo». Es cierto, en clase se vive un ambiente de fiesta y por eso no dudan en posar para la foto con las etiquetas de «miedo», «euforia» y «nostalgia», las tres emociones que vinculan a los juegos tradicionales.

En quinto y sexto han enterrado los libros en papel y ahora estudian con libros digitales que ofrece la Xunta y trabajando por proyectos. «Prefiero el trabajo en equipo -dice Alfonso, un alumno- porque hacer las cosas solas es más difícil».

Hay una pregunta inevitable ante la innovación del DM: ¿qué tal en las pruebas diagnósticas (reválidas)? Pilar Garea sonríe: «Salen muy bien, el nivel es medio alto». Y es que «los niños entienden lo que leen, entienden las Matemáticas», dice Mari Luz Fernández, la coordinadora de innovación, quien considera normal que en infantil ya se trabaje con estadística. En el colegio tienen claro que ese es el futuro, y en PISA, también.

 Las familias, lo primero

«A cada familia que viene a preguntar le enseñamos cómo funciona el centro». Este curso el DM tuvo 50 solicitudes para sus 25 plazas. Son muchas las razones del éxito y no es menor su programa de acogida a las familias. «A cada una que llega a preguntar le enseñamos el centro», le explican su filosofía y atienden sus dudas, según explica Garea. Después tienen una jornada de puertas abiertas y ya con la matrícula cerrada, una serie de charlas.

 «Niños y padres se sienten como en casa». Las mañanas en DM son una algarabía: padres y madres de infantil y primaria acompañan a sus hijos al aula, y eso hace que unos y otros «se sientan como en casa», según describe Sindo Alonso. En secundaria la relación es diferente, sobre todo porque los alumnos reniegan del control parental, y el encuentro se da en las tutorías, a las que acude no solo el profesor principal sino muchas veces otros docentes.

 No es solo entregar los boletines. Con cada evaluación se celebra una reunión de clase entre el tutor y los padres. Allí se hace un balance general de los alumnos y es habitual que el ambiente repercuta en las notas de cada estudiante. El balance incluye mostrar a los padres el material que realizaron sus hijos durante el período. Además, las familias pueden preguntar lo que deseen al maestro sin tener que esperar. 

Charlas, talleres y ayuda en proyectos. Como complemento de lo anterior, el DM organiza para las familias charlas de expertos sobre temas concretos, talleres (este año, sobre técnicas de estudio) y encuentros. Además, los padres colaboran activamente en los proyectos académicos.

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Un colegio con vocación de hogar