Alto atractivo, baja rentabilidad

Andrés Precedo Ledo CATEDRÁTICO DE GEOGRAFÍA HUMANA

GALICIA

01 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

La publicación de los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística me sirve de acicate para comprobar si mis percepciones sobre los modelos turísticos del Norte de España que obtuve en un reciente viaje vacacional eran acertadas. La lectura de los datos confirma que hay dos modelos contrastados en la cornisa cantábrica, el del País Vasco marítimo y el de la Galicia litoral, y dos intermedios, el de Cantabria y Asturias.

¿En qué me baso para establecer diferencias? En las cifras de disponibilidad de plazas, ocupación, empleo y rentabilidad. El modelo vasco, según datos del período enero-julio de este año, presenta las siguientes características: la menor oferta de hoteles y plazas de alojamiento, el más elevado número de viajeros y pernoctaciones, las estancias medias más altas, el mayor grado de ocupación (más del 80 %) y la mayor generación relativa de empleo, y, en consecuencia, la rentabilidad mayor.

Si ahora miramos los mismos datos para las tres provincias gallegas costeras vemos lo siguiente. Son las que tienen mayor oferta hotelera (principalmente Pontevedra) en número de establecimientos y número de plazas; son las que acogen más viajeros y más pernoctaciones, pero son también las que tienen un grado de ocupación más bajo, y las estancias medias, salvo en Pontevedra, son más bajas que en las restantes provincias de la Cornisa Cantábrica; es decir, la rentabilidad es menor. Pero sobre todo el empleo es también menor. La costa vasca tiene la cuarta parte de hoteles y de plazas que Galicia, pero el número de empleados es solo dos veces menor. Esto quiere decir que en Galicia la baja rentabilidad no permite incrementar el empleo, y que al haber menos trabajadores por establecimiento la calidad del servicio es lógicamente menor.

Por eso, frente al modelo de turismo de calidad del litoral vasco, Galicia está perdiendo en calidad y avanzando hacia la banalización. No hace falta más que visitar los principales destinos del turismo gallego para comprobar una masificación excesiva en algunos de ellos y una pérdida notable de la calidad de la oferta, insuficiente para atraer ese turismo de calidad que podríamos satisfacer con nuestros recursos. Galicia es una región con bellos paisajes, con excelente gastronomía, con un patrimonio cultural excepcional y con una población hospitalaria y por eso muy acogedora. Por todo ello podría aspirar a un cambio de modelo en el que los objetivos fueran mejorar la calidad de la oferta y la rentabilidad y aumentar la capacidad de generar empleo. En contraste, la propaganda oficial y también la estrategia política vigente apuestan principalmente por el número -¡cuántos más mejor!- en lugar de pensar en la conveniencia de ajustar la oferta a una demanda más rentable y por eso más exigente. Basta mirar el centro histórico compostelano convertido en un parque de atracciones, incluyendo en él la propia catedral. Así no se construye un modelo turístico de calidad y mucho menos de excelencia. Tenemos todos los mimbres pero seguimos entrelazándolos con modelos superados. Por eso somos la región costera española más barata y con un nivel de ocupación más baja o, lo que es lo mismo, la menos rentable.