El alijo del narcosubmarino iba a ser escondido en la casa de Cangas en la que el piloto se ocultó

GALICIA

Le dijo a otro investigado que la vivienda es de un familiar
10 mar 2020 . Actualizado a las 18:07 h.Al hundimiento del narcosubmarino lo precedieron varios intentos frustrados para soltar un lastre de 3.050 kilos de cocaína. El semisumergible se fue a pique el 24 de noviembre en la ría de Aldán (Cangas). Dos días antes, el viernes, uno de los detenidos, Iago Serantes, contactó en Vigo con Rodrigo Hermida, también investigado y ambos amigos del piloto, Agustín Álvarez. Le urgía reunirse con él. El encuentro fue a medianoche, en Teis. Iago le habría ofertado a Rodrigo la posibilidad de participar, esa misma madrugada, en una descarga de tres toneladas de polvo blanco a unos 25 kilómetros de Vigo, en O Morrazo.
Incluso le habría ofrecido de 15.000 a 20.000 euros por un chollo a vida o muerte. El único dato que Rodrigo obtuvo del encargo elevaba a 22 metros la eslora de la embarcación que traía la mercancía, nada que intuyese su aspecto de submarino. Hermida desechó la propuesta y se fue. A las pocas horas recibió un mensaje de Iago informando de que se cancelaba todo. Problemas de combustible y la mala mar implicaban un riesgo demasiado alto. La investigación relaciona esta descarga frustrada con las anotaciones confiscadas en Vigo a Iago Serantes y su padre, Enrique, con un listado de todo lo necesario para llevar a buen puerto sus planes.
Ventana indiscreta
La ley de Murphy se cumplió al dedillo en las siguientes 72 horas. Todo salió mal y Agustín Álvarez, a diferencia de sus dos marineros, escapó. Natural de Vigo y gran conocedor de la parroquia de Hío, se lo tragó la tierra aquella madrugada en la playa de O Foxo. Nada se supo de él hasta cinco días después, cuando fue detenido. Lo vieron dentro de una casa a través de una ventana sin persiana. Él, al percatarse, salió corriendo con una mochila en la mano. Los agentes lo arrestaron vistiendo un traje de neopreno y botas, presentaba un aspecto demacrado y suciedad en el rostro con manchas negras en las manos.
Portaba dos teléfonos iPhone apagados, 800 euros, escarpines, su pasaporte, un tarjetero con documentación personal y llaves. También se encontró una batería de teléfono satelital. Se trata de una vivienda para el verano y en desuso el resto del año que Álvarez conoce bien. O al menos así se lo trasladó a Iago Serantes, que también se lo expuso a Rodrigo asegurando que Álvarez cuenta con una casa de algún familiar cerca de la playa. La misma vivienda en la que el piloto se escondió durante cinco días y la misma en la que, según la investigación, se habría escondido el alijo de haberse consumado con éxito la descarga.