Mª Dolores Muñoz: «Ver morir a un soldado es algo que no se supera nunca»
GALICIA

Tras perder a su compañera en Afganistán, la comandante médico pidió el traslado a la Brilat por «sus valores»
15 mar 2020 . Actualizado a las 05:00 h.La comandante médico María Dolores Muñoz recibirá este año el premio «Soldado Idoia Rodríguez», un galardón que otorga el Ministerio como reconocimiento a la labor para potenciar el papel de la mujer y su igualdad en las Fuerzas Armadas.
-Recibe un premio con el nombre de la soldado con la que compartía ambulancia en el momento del atentado en Afganistán en el que ella falleció. ¿Cómo se gestiona emocionalmente un episodio así?
-La muerte de un compañero nunca se supera. Intentas asimilarlo pero es algo que siempre está ahí.
-¿Les preparan para la pérdida de un compañero?
-Nos entrenamos para enfrentarnos a cualquier escenario donde España nos necesite, pero la muerte de otro soldado es algo que no se termina de asumir nunca. Los militares somos una familia. Cuando nos vamos de misión somos 300, 400 o 600 personas que durante 6 meses convivimos juntos, compartiéndolo todo. Lo que le pasa al compañero de al lado nos afecta.
-Y de aquella experiencia, ¿salió algo positivo?
-Muchas cosas. Esta brigada jamás olvida a sus fallecidos e Idoia sigue muy presente entre nosotros. El 21 de febrero celebramos un acto para conmemorar el 13 aniversario de su fallecimiento. E igual ocurre con otros compañeros caídos. En general volvimos de la misión más fortalecidos.
-¿Y a nivel personal?
-Yo conocí la Brilat en aquella misión en Afganistán, en la que participé por casualidad; el compañero médico que tenía que ir causó baja en el último momento y la siguiente en la lista era yo. Pero de repente estaba allí. Y hubo otros incidentes además del de Idoia. Los soldados de la Brilat demostraron compañerismo, afán de superación y espíritu de sacrificio en todo momento. Valores que me enamoraron y que hoy son difíciles de encontrar. Y yo me cambié de unidad. Esta unidad, que es una gran desconocida, está integrada por gente callada, admirable, incansable, entregada y yo voy con ellos a donde haga falta. Aquí me siento como un médico de familia en su consulta y los 2.300 soldados de esta base son mis chicos y los cuido mucho. Solo necesitamos mirarnos para saber qué nos está pasando.
-¿Ser mujer no supone inconveniente alguno en el Ejército?
-Aquí ocupas un puesto igual al de tu compañero varón. A igualdad de puesto el rendimiento tiene que ser idéntico. No vale decir «yo soy mujer y no puedo cargar un mortero». No. Si tu puesto es este te preparas para poder asumirlo. Aquí hace lo mismo un soldado de infantería, independientemente de su género.
-¿Las diferencias físicas no son limitantes para las mujeres?
-El adiestramiento y la preparación van precisamente orientados a minimizar esas diferencias. El primer año les cuesta a todos porque vienen de la vida civil y lo que se hace aquí no tiene nada que ver.
-¿Qué pensó cuando le comunicaron que le entregarían este premio?
-En todos mis compañeros. La distinción me la dan a mí, pero yo la recogeré en nombre de la unidad, porque me crie aquí como soldado. Ellos me enseñaron todo lo que soy como militar, compañerismo, espíritu de sacrificio, dar el 100 % en todo momento. Los soldados de esta unidad son un ejemplo en todo, pero sobre todo son unos excepcionales compañeros. En una misión todos estamos tranquilos porque sabemos que en situación de riesgo, nunca estamos solos, somos una piña.