Patricia Faraldo: «La igualdad va muuuuy lenta»

La catedrática gallega y redactora de la Ley de Protección de la Libertad Sexual se muestra favorable a regular la prostitución y se queja de la  dureza del Código Penal


En su día, fue la catedrática de Derecho más joven de España y es redactora de la Ley de Libertad Sexual aún a debate en el seno del Gobierno. Patricia Faraldo (A Coruña, 1969), habla con la economía propia de los juristas pero seguro que después de leer esta entrevista van a cuestionarse algunas cosas.

Se ha montado un buen debate con esa ley de «Solo sí es sí». ¿Se acabará aprobando?

—Dependerá de los equilibrios en el Gobierno. Como hay otras bolas en el aire, no sé cual caerá.

—Ya, aprobamos una si no aprobamos la otra.

—Eso es. No estoy versada en cómo funciona un gobierno de coalición pero se está viendo que es difícil.

—Por lo que se discute, ¿está nuestra sociedad madura para entender que solo sí es sí?

—No hemos conseguido explicar bien lo que se pretende con esta ley y ha habido un sector de los medios y de los partidos que se han lanzado a ridiculizar la idea de que solo sí es sí, señalando que deberíamos tener un notario en el dormitorio o una app de consentimiento sexual, cuando no es nada de eso. Parte de las críticas no tienen que ver con lo que está escrito sino con lo que se ha hecho ver.

—¿Qué quiere decir?

—Llevamos muchos años en los que muchos hombres han querido entender el silencio de una mujer o su pasividad como aceptación de una relación sexual. Y un sector de los tribunales, también ha querido verlo así: si una mujer no se opone, se entiende que consiente y lo que pretende cambiar este proyecto es ese paradigma. Ha habido hombres que han aceptado la sumisión como un consentimiento. Pues la sumisión o el sometimiento no son un consentimiento. Eso es lo que cambia la propuesta.

—¿Le ha sorprendido el debate?

—Un poco. Otros debates jurídico penales se llevan de una forma más aséptica. Si hablamos de reformar el blanqueo, se discute sobre la base de argumentos técnicos y aquí parece que opinamos con lo que dice el corazón o la barriga. Y con una acritud que el asunto no merece. Me recuerda al debate sobre la prostitución. Es como si ambas partes no pudieran hablar.

—¿Qué opina sobre eso?

—Yo soy regulacionista total. Hay que legalizar la prostitución para proteger a quienes la practican. Y luego, por supuesto, tratar de ofrecerles alternativas a quienes lo deseen para salir.

—Parece que últimamente el feminismo anda algo más dividido.

—No hay un movimiento feminista, hay movimientos feministas que siempre han tenido voces muy variadas. Y eso enriquece. Lo que va a saliendo a la luz son esas diferentes perspectivas, aunque hay un par de temas que se enquistan y en los que parece que no se puede llegar a acuerdos.

—¿Va a salir a la calle el día 8?

—Estaré en Alemania. Tengo mi familia allí, mi marido es alemán. No creo que allí permitan manifestaciones. Fíjese que desde mediados de diciembre mi hijo no tiene clase.

—¿Son menos machistas en Alemania?

—No. Y me quedé asombrada cuando vi que mis amigas alemanas empezaban a casarse y a adoptar el apellido del marido. Ellas trabajan fuera y dentro. Son las que crían a los niños y el hombre cumple una función muy clásica. Su contribución a las tareas del hogar es ínfima.

—¿Llegaremos a vivir un 8 de marzo sin reivindicaciones?

—No. Esto va muy lento. La igualdad va muuuuuy lenta. Y esto no es un desarrollo progresivo, hay retrocesos. Nosotros no. Quizás nuestros hijos.

—Hablando de retrocesos, el otro día, el latinista Emilio del Río, comentaba que una película como La Vida de Brian hoy no se podría hacer. ¿Estamos aplastados por lo políticamente correcto?

—Creo que tampoco se puede decir todo lo que a uno le apetezca decir. Tiene que haber límites que tienen que ver con los derechos de los demás y hay que tener en cuenta que el Código Penal debe ser reformado para revisar esos límites, pero creo que no se pueden tolerar expresiones que inciten a la violencia contra colectivos desfavorecidos o minoritarios. La libertad de expresión es fundamental, pero tiene unos límites.

—Se dice que es usted crítica con la dureza de las penas que recoge el Código Penal.

—Sí. Solo hay que dar un dato: en Alemania, el 80 % de las penas que se aplican son multas. La prisión es un último recurso. Nosotros tenemos más prisión y más duradera, pese a ser uno de los países más tranquilos de Europa.

—En España solo hace falta un incidente para reformar el Código Penal.

—Porque es fácil y barato. No cuesta nada. Es mucho más fácil que tratar de solventar aquellos problemas que llevan a la gente a la delincuencia.

—Las libertades ¿se conquistan o se negocian?

—¿Me está preguntando si apoyo una revolución?

—Ja, ja. Tómesela como quiera.

—Estudiar Derecho Penal significa hacerse consciente de la profunda injusticia que late detrás. Los clientes del derecho penal son los pobres. Cualquier medida que evite la entrada en prisión, me parece ideal. A veces hay que conquistar las libertades, pero durarán más si se negocian.

—Habrá escuchado mil veces eso de «Entran por una puerta y salen por la otra».

—¡Uf! No es así. Nuestro sistema penal es lento y mientras esperan juicio, entran y salen. Pero una vez que les empiezan a caer las condenas, se quedan. Y se quedan mucho tiempo. El triple que la media europea.

—¿Por qué se interesó por el Derecho?

—Mi padre era abogado y me dijo desde pequeña que tenía que estudiar Derecho. Y yo, que lo adoraba, decía: «Sí, papá».

—¿Era una niña traviesa?

—No, era muy estudiosa.

—¿Nunca la echaron de clase?

—¡Nooo! Bueno, en la guardería mordía orejas.

—Usted es catedrática y desde muy joven, ¿tuvo problemas para llegar por el hecho de ser mujer?

—No. Tuve un director de tesis que me dio muchas oportunidades. Y no sentí discriminación.

—¿La ve en su entorno?

—Sí. Son lo que llamamos micromachismos. Se ve paternalismo en muchas cosas.

—¿Celta o Dépor?

—Dépor, naturalmente .

—Busque algunas palabras que la definan.

—Sentido común, capacidad de organización, capacidad de trabajo, pasión por la lectura, curiosidad.

—¿Qué lee?

—Mucha novela negra y ciencia ficción. Necesito evadirme.

—¿Cuál es su autor favorito?

Tolkien. He leído El Señor de los Anillos más de quince veces.

—¿Le gusta cocinar?

—Mucho. Me gusta probar nuevas recetas, de la cocina asiática.

—¿Practica algún deporte?

—No, soy muy perezosa.

—¿A quién de estos les daría una charla sobre la Ley de Libertad Sexual: a Bertín Osborne, Espinosa de los Monteros o Pablo Casado?

—A Carmen Calvo.

—¿Cuál es su lugar favorito, el más bonito en el que haya estado?

—Son cosas distintas. El sitio más bonito en el que he estado es el desierto de Atacama, los lagos altiplánicos, bellísimos. Y un sitio en el que me siento muy cómoda es Friburgo.

—Hablará bien alemán.

—Nooo. Mi hijo, sí. Yo hablo como los indios. Pero me arreglo.

—Si fuera presidenta del Gobierno, ¿cuál sería su primer decreto?

—Una nueva reforma laboral.

—¿De que se arrepiente?

—De no haber tenido un segundo hijo.

—Una canción.

Dance me to the end of love, de Leonard Cohen.

—¿Qué es lo más importante en la vida?

—Dejar un buen recuerdo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos
Comentarios

Patricia Faraldo: «La igualdad va muuuuy lenta»