Donald Trump azuza la violencia como arma política

maría cedrón REDACCIÓN / LA VOZ

INTERNACIONAL

Un cartel alude a Trump como racista en jefe, en vez del oficial comandante en jefe
Un cartel alude a Trump como racista en jefe, en vez del oficial comandante en jefe KEVIN LAMARQUE | Reuters

Usa la inestabilidad para recuperar el favor de los votantes que le dieron la presidencia en el 2016

03 jun 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

«Arde cariño, arde». De ese modo los periodistas Jerry Cohen y William Murphy titularon el reportaje que la revista Life llevó a portada un año después de los disturbios del barrio de Watts, en Los Ángeles. Durante seis días de agosto de 1965 miles de personas tomaron las calles de la ciudad californiana en una verdadera batalla campal. La chispa la prendió una infracción de tráfico. La detención del conductor del vehículo, un joven afroamericano de 21 años, Marquette Frye, por parte de policías blancos movilizó a los vecinos de ese barrio negro y, como ha ocurrido esta semana, la madeja de violencia fue haciéndose cada vez más grande hasta acabar provocando 34 muertos, más de mil heridos y unos 3.500 detenidos.

Cuando Cohen y Murphy, que acabaron ganando el Pulitzer por la cobertura de los altercados para Los Ángeles Times, regresaron a Watts doce meses después, la rabia no había desaparecido. Mucho menos las razones que habían conducido al caos: la pobreza, la desigualdad, la falta de infraestructuras o el racismo institucional recogido en leyes como la Proposición 14, que permitía a los propietarios de viviendas rechazar a inquilinos por cuestiones raciales. El tiempo ha demostrado que un año era muy poco tiempo para cambiar las cosas. Lo que está ocurriendo estos días en Estados Unidos muestra que más de cincuenta también se quedan cortos. 

Los barrios del «New Deal»

La lucha por los derechos civiles no es un tema del pasado. Buena parte de la población afroamericana, sobre todo la que continúa viviendo en los barrios donde se asentaron los protagonistas de las migraciones internas del New Deal de Roosevelt, tiene los mismos problemas que hace medio siglo. Eso se ha convertido en un arma poderosa, sobre todo en período electoral. Lo saben los demócratas. Lo saben los republicanos. Pero también lo sabe Trump. Basta con remitirse a la historia. Su mensaje es claro: Aquel que maneje con inteligencia las protestas ganará la batalla.

El profesor de la Universidad de Princeton, Omar Wasow, ha estudiado el asunto. No solo se ha detenido en ver cómo la Rebelión de Watts acabó influyendo en las elecciones para gobernador de California de 1966. Según explica esta semana en The New Yorker, habituales votantes del Partido Demócrata decidieron entonces no apoyar a su candidato, Pat Brown, al entender que había realizado una muy mala gestión de los disturbios. Su cambio de voto acabó dando la victoria a un exactor de películas del oeste llamado Ronald Reagan y que aunque, al igual que Marquette Frye, había llegado a California desde el Medio Oeste, no aceleró la abolición de normas claramente discriminatorias como la polémica Proposición 14. 

Una poderosa arma electoral

No es el único caso en el que los republicanos salen beneficiados de una protesta en pro de los derechos civiles de los afroamericanos. Las manifestaciones violentas que se produjeron por todo el país después de que dispararan a Martin Luther King en el hotel Lorraine de Memphis en 1968, también dieron la victoria a Richard Nixon. La razón de fondo fue la misma que hizo ganar a Reagan. El temor a la inestabilidad por parte de ese grupo de habituales votantes demócratas que comulgan con la igualdad, pero al mismo tiempo gustan de la estabilidad social. Aunque claro está que en 1968 tenían motivos para estar inquietos: Vietnam, la muerte de Robert Kennedy... No había más que razones para la revuelta y Nixon vendía estabilidad.

Ahora, un desgastado Trump -no solo por el coronavirus, también porque no logró cumplir con las promesas realizadas a los agricultores o los blancos de clase trabajadora que le dieron la victoria en el 2016- parece que estos disturbios podrían no venirle tan mal. Por eso son varios los alcaldes demócratas que estos días han aludido a Martin Luther King, artífice de marchas como la de Selma, una ciudad que no eligió por casualidad. Sabía que el sheriff James Clark no se iba a quedar quieto. ¡Qué mejor apoyo para ganarse a la opinión pública que unos policías atizando a unos manifestantes que caminaban de forma pacífica! Con todo algunos de los contemporáneos del doctor como Stokely Carmichael creían que era un referente, pero tenía demasiada paciencia.