Cuando los monjes decidían el inicio de la vendimia en la Ribeira Sacra

Un medievalista recrea a partir de los foros el mapa de viñedos de los monasterios

Viejas viñas junto a la iglesia románica de Atán (Pantón), que formó parte de un antiguo monasterio
Viejas viñas junto a la iglesia románica de Atán (Pantón), que formó parte de un antiguo monasterio

MONFORTE / LA VOZ

A lo largo de la Edad Media, la iglesia se convirtió en la mayor propietaria de terrenos agrícolas en la Ribeira Sacra. Aglutinados en torno a una amplia red de monasterios, parte de ellos se dedicaron al cultivo de la vid. El medievalista Víctor Rodríguez Muñiz ha examinado en profundidad las huellas documentales del proceso de transformación que experimentó entonces el viñedo en este territorio. «Aínda está pendente de facer un estudio histórico do viño en Galicia», advierte el investigador.

Sobre los orígenes de la viticultura en Galicia, y según sus palabras, todavía existe «certa controversia». El vino llega con el mundo romano, pero su rastro en forma de restos de ánforas delata que era «un viño importado». Los hallazgos arqueológicos ponen de relieve, sin embargo, un parón en las importaciones que coincidió con el siglo primero de muestra era. «O lóxico é pensar que entón se empezou a cultivar o viñedo na Gallaecia», señala este experto.

Lagar rupestre de Penalonga, situado en la zona del Bibei, dentro de la denominación de origen Ribeira Sacra
Lagar rupestre de Penalonga, situado en la zona del Bibei, dentro de la denominación de origen Ribeira Sacra

Era aún una producción a pequeña escala, pero suficiente para reducir de forma significativa la llegada de vino de otras zonas. Para Rodríguez Muñiz, los recientes hallazgos de lagares rupestres de la época tardorromana apuntan en esa misma dirección. «Falar dun lagar non implica necesariamente que se fixese viño. Tamén se terían empregado para a elaboración de sidra ou aceite, aínda que o máis frecuente era que fose viño».

Por lo que respecta a la Ribeira Sacra, la primera mención al vino es de las más tempranas de Galicia. Se remonta al año 876, cuando varios fieles donan al monasterio ourensano de Santa Cristina unas viñas situadas en Barantes y Bolmente, parroquias pertenecientes en la actualidad a la subzona vitícola de Amandi. La donación se hizo a cambio de que los monjes velasen en sus oraciones por el eterno descanso de sus benefactores. Esta fórmula de «viño a cambio de salvación» fue habitual en las cesiones a las comunidades religiosas.

Bodega monumental del antiguo convento dominico de Pantón, que actualmente esta siendo restaurada
Bodega monumental del antiguo convento dominico de Pantón, que actualmente esta siendo restaurada

Rodríguez Muñiz, autor del libro O mosterio de Santa Cristina de Ribas de Sil na Idade Media y coautor de la obra Arqueoloxía do Viño. Os lagares rupestres de Monterrei, ha examinado exhaustivamente las referencias a los viñedos en la Ribeira Sacra en la documentación medieval de los monasterios. Sobre esos documentos, relativos a la obtención del dominio de las viñas, y a su gestión con el fin de cubrir las necesidades religiosas, habló en el pazo de Tor en una reciente conferencia organizada por el Museo do Viño de Galicia.

Según pudo constatar a lo largo de su investigación, a partir del siglo XIII se generalizan las anotaciones de los monasterios sobre los viñedos y sus aforos. La excepción es Santo Estevo de Ribas de Sil, donde no hay referencias ni al vino ni a las viñas hasta 1370. Hay que tener en cuenta, apunta el historiador, la pérdida de documentación «por extravíos, incendios e outras vicisitudes». También se echa en falta, por otra parte, documentación relativa a las casas señoriales.

Distintas áreas de influencia

De las referencias documentales que se conservan se desprende que cada monasterio tenía su área de influencia en el mapa vitícola de la época. Santa Cristina también obtuvo viñas en Rosende y Pinol. Santo Estevo, por su parte, poseía viñedos en Bolmente y en la ribera del Cabe entre Siós y Acedre, donde se conserva el enigmático eremitorio de O Cotillón. El monasterio femenino de Ferreira controlaba abundantes viñas en Moreda, Castillón, Marce y Vilar de Ortelle, mientras que San Vicente do Pino se centró en la ribera de Vilachá de Salvadur. Las posesiones vitícolas del monasterio de Montederramo, según Rodríguez Muñiz, se extendían por Parada de Sil, Doade y San Fiz de Cangas.

La documentación disponible solo ofrece algunas pinceladas sobre la viticultura de la época. No hay referencias a las variedades de uva cultivadas ni a la construcción de bancales. Hay constancia, por el contrario, de que no se podía vendimiar «sen o mandato expreso dos mordomos ou as persoas nas que delegasen os monxes ese cometido», explica el historiador.

Pagos en vino, mosto e incluso en racimos si las viñas aforadas eran de poca producción

«O viño era unha necesidade alimentaria e un aporte calórico importante», dice Rodríguez Muñiz en referencia a la dieta de los monasterios de origen medieval. De la documentación examinada por el historiador se desprende que también existía «certo fluxo comercial para abastecer ás vilas» desde esos centros religiosos. Las alusiones a los tintos escasean. «Hai unha excepcionalidade no tinto», apunta. Esta circunstancia podría deberse a las peculiaridades de su producción, que precisaría de un mayor volumen de depósitos. A diferencia de blancos y «rosetes», en la elaboración de los tintos es preciso el contacto con los hollejos.

Bodega monumental del antiguo convento dominico de Pantón, que actualmente esta siendo restaurada
Bodega monumental del antiguo convento dominico de Pantón, que actualmente esta siendo restaurada

En la documentación de los monasterios no hay alusiones ni a los bancales ni a los tipos de uvas. «O que era coñecido non se poñía por escrito», sugiere a modo de justificación este investigador. En ocasiones se establecía la obligatoriedad de plantar solo viñedo en las tierras aforadas, especialmente tras la peste negra que asoló a Europa en el siglo XIV y el consiguiente abandono de zonas de cultivo. Las órdenes religiosas, por otra parte, trataban de concentrar tierras haciéndose con la titularidad «de viñas lindeiras de campesiños de certo poder adquisitivo».

En la construcción de las bodegas -detalla Rodríguez Muñiz- se exigía «pedra, madeira e colmo», la cubierta de paja típica de las pallozas. Un foro del monasterio de San Paio de Abeleda dice que estaba provista de cubas, tinajas y arca. Las órdenes religiosas también poseían lagares y tenían establecidos precios por su utilización. Las rentas en viñas, señala el historiador, «tiñan un pago moi elevado», que podía alcanzar «ata o 40% do que se podía recoller». Había pagos en vino, en mosto e incluso en racimos cuando se trataba de viñas de escasa producción.

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