Los fallos de gestión fuerzan el relevo en la cúpula del Instituto de Oceanografía

Tras la dimisión de su director, Ciencia nombrará un grupo de expertos para tratar de superar la asfixia financiera


La Voz

La rebelión que protagonizó la semana pasada la plantilla del Instituto Español de Oceanografía, que inundó las redes sociales con mensajes en los que denunciaba las consecuencias del colapso financiero de la institución en el día a día de su actividad, ha acabado forzando un relevo en la cúpula del IEO. El Ministerio de Ciencia comunicó ayer que ha aceptado la dimisión del director del organismo, Eduardo Balguerías, cuyas funciones serán asumidas provisionalmente por el hasta ahora subdirector general de investigación, Rafael González-Quirós, quien llevará las riendas hasta el nombramiento de un nuevo responsable.

Pero el problema es serio y no se soluciona solo con un cambio de caras. Por eso, el departamento que dirige Pedro Duque, «consciente de los problemas de gestión que está atravesando el IEO», ha decidido crear un grupo de trabajo, integrado por científicos y gestores, tanto de la casa como externos, para tratar de encauzar una situación que parece límite. Para ello, y bajo la batuta del secretario general de Investigación, Rafael Rodrigo, deberán entregar en un plazo de dos meses una suerte de auditoría en la que expongan con claridad la situación real del organismo y las medidas necesarias para ponerlo de nuevo en funcionamiento.

Tras reunirse con directivos de los diferentes centros del Oceanográfico, el Gobierno se muestra también dispuesto a poner de su parte para garantizar la continuidad de los proyectos de investigación de un organismo de referencia en el ámbito internacional.

Y es que los problemas del IEO no se limitan a la anécdota de que en algunos centros tengan que pedir que les fíen hasta el papel higiénico a unos proveedores que nunca tienen la certeza de cuándo cobrarán. La asfixia financiera afecta al núcleo de su actividad.

La semana pasada, trascendía que la falta de fondos obligó a dar la orden a toda la flota de poner rumbo a sus puertos bases, ya que no había dinero para financiar víveres ni combustible. Con el riesgo que eso supone para el futuro de proyectos de investigación cofinanciados por otras instituciones o para el mantenimiento de los cultivos acuícolas.

Problemas estructurales

El IEO arrastra problemas financieros desde hace dos años, pero la situación, según relataron trabajadores del organismo, se agravó el pasado mes de septiembre, cuando se habría agotado el presupuesto. En febrero del 2020 todavía no se había abierto el nuevo ejercicio contable, lo que provocó la parálisis de decenas de expedientes.

De hecho, la secretaria general del IEO, en un documento interno, reconocía «problemas estructurales que afectan tanto a la escasez de funcionarios como a la carencia de puestos de unas cualificaciones profesionales que son fundamentales para poder hacer una gestión eficiente». Eso, al margen de «la insuficiencia presupuestaria», otra causa de «la dificultad de tramitación de determinados expedientes». Y aludía a los parches adoptados para tratar de enmendar la situación temporalmente, como «una reestructuración del personal» y un refuerzo con funcionarios cualificados de otras instituciones, al tiempo que aludía a posibles soluciones en el plano financiero, como un «suplemento presupuestario, con cargo al remanente de tesorería del IEO».

Queda por ver si el golpe de mano del ministerio y el descabalgamiento del director es suficiente para enderezar la situación de un organismo clave en el ecosistema científico español. Por lo pronto, en el sector no las tienen todas consigo. La elección del nuevo responsable en funciones del IEO no convence. Le atribuyen poca experiencia en la gestión, una competencia que semeja crítica en un momento como el actual.

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