¿Mayor presión fiscal?

MERCADOS

Chema Moya

08 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La etapa depresiva de la economía española ha terminado. Hace ya unos meses que las mentes están clavadas en la recuperación. El presidente Sánchez lo ha tenido claro: nuevo gobierno, nuevo impulso y nuevas ilusiones. Otra cosa es que lo consiga, querer no siempre es poder. Podemos, incapaz de hacer una reestructuración ministerial y con más facciones que ministros, ha buscado relanzar su discurso ideológico. Más presión fiscal. No sé en qué momento de nuestra historia hemos llegado a visualizar el exceso de carga tributaria como la quintaesencia de la izquierda económica. Si fuera así, a Cristóbal Montoro ya lo habrían hecho miembro de honor del Partido Comunista de España. Y aunque no es objeto de esta columna centrarse en los debates ideológicos, déjenme recordar que su gran meta ha sido satisfacer, desde la creación de bienes públicos gratuitos, las necesidades más relevantes de la sociedad. Otra cosa es debatir quién provee esos bienes y a qué coste, si el sector público o el privado; o tener claro cuáles son las necesidades compartidas por el grueso de la sociedad. Los comunistas pensarán que todas, y los liberales dirán que muy pocas. En todo caso, que algunas fuerzas políticas elijan como bandera la presión fiscal no sorprende: es la asignatura preferida por los malos estudiantes. Voy a la hoja de Excel, creo un escalable, es decir, multiplico, y ya está: soy el ministro del mes. Lo que realmente molesta es que nadie, absolutamente nadie, plantee alguna medida de contención del gasto público ¿El camino a recorrer? Fusiones de corporaciones locales y provisión privada de bienes públicos. Alguno dirá que no hay mayorías parlamentarias.

Lo que está igualmente claro es que la nueva acción política debe activar el capital privado, tanto incentivando la inversión productiva como el consumo doméstico. Por ello, quiero felicitar a la Consellería de Medio Rural, tanto por su proyecto de smart villages como por los polígonos agroforestales, que son un claro ejemplo del camino correcto ¿Que fracasan? Es irrelevante. Lo importante es tener una Administración que asuma riesgos por la mejora del bienestar y lo haga, siempre, buscando la complicidad del capital privado. Si falla hoy, que lo dudo, triunfará mañana. Es un ADN ganador. Otro ejemplo es la línea que lleva Vicepresidencia económica, ayudando a que la industria forestal sea pilar de la transición ecológica. Algún día veremos una aldea inteligente reconstruida con piedra y madera estructural, en donde vivan empresarios que gestionan cientos de hectáreas vinculadas a un polígono agroforestal, algunos de ellos madereros que trasladarán pino de Galicia secado a muy altas temperaturas a fábricas que los transformarán en inmensos paneles estructurales destinados a parques de vivienda, una parte de ellas públicas. Esa Galicia no es un sueño de Disney, es una realidad que está a la vuelta de la esquina. Una Galicia armónica, que dialoga y construye en positivo. Otro ejemplo es el que se está produciendo entre la eólica marina y el sector del mar, liderado por el vicepresidente Conde, y que ha de terminar como ha de terminar, construyendo los eólicos allá donde no perjudiquen a nuestros pescadores. Si es posible, ¿por qué no ha de hacerse? Dicho esto, Galicia nunca debe olvidar que pertenece a un Estado donde las autonomías compiten entre sí, y los capitales se reubican en segundos. Y esta tendencia no es pasajera, todo lo contrario. Por lo tanto, ignorar la importancia de los incentivos territoriales no es inteligente. Ese debate también ha de llegar aquí.