Lucía Sixto, bailarina y coreógrafa en la orquesta Olympus: «Buscamos que, en vez de darle la espalda al escenario, la gente se gire y mire»
VIVIR SANTIAGO

En verano va a «show» por día y en invierno compagina los ensayos con la universidad y con un trabajo como profesora de baile: «No me esperaba acabar en una orquesta. Lo que yo quería era terminar la carrera y experimentar, pero ahora estoy muy agradecida»
27 ago 2025 . Actualizado a las 21:01 h.Las orquestas gallegas, más allá de música, son espectáculo. Piruetas, acrobacias, cambios de estilismo y pasos que sorprenden llenan de emoción las verbenas. «Cada vez buscamos más el tener una buena puesta en escena, llenar el escenario y que la gente nos mire», explica Lucía Sixto. Esta compostelana de 21 años es la encargada de que la Olympus consiga precisamente lo que comenta. Bailarina y coreógrafa en la formación desde el pasado mes de noviembre —recuerda su primera actuación el 5 de diciembre—, se las ingenia para que durante el verano no se hable de otra cosa que no sea lo que pasa sobre las tablas: «No paramos. Entre las coreografías que hay, que son bastantes, y que este año nos cambiamos un montón de veces de ropa, sí que es cansado». Poco se despejan durante los meses de julio y de agosto, cuando van a show por día. Ella también va con el tiempo justo en otoño, en invierno y en primavera. Compagina la orquesta con un trabajo como profesora de baile y con sus estudios en la universidad: «A mi me gusta estar ocupada, aunque hay épocas de mi vida en las que pienso que estoy un poco loca».
El mundo de las orquestas llamó a su puerta por sorpresa. Estaba en una escuela de baile y la contactaron de La Fórmula, la primera formación a la que perteneció. Fue hace poco más de un año: «No me lo esperaba. Lo que yo quería era terminar la carrera y experimentar, pero ahora estoy muy agradecida. Mientras que estudio puedo tener un trabajo que me mantiene económicamente, que me permite ser independiente y que, además, me gusta». Lucía empieza en septiembre el cuarto año de Relaciones Laborales, carrera que prepara en la Universidad de Vigo y que compagina durante el curso con los ensayos y las fechas de la orquesta, que no se terminan con el verano, y con un trabajo como profesora en una escuela de baile de Vilagarcía. «Es complicado, te tienes que organizar. Es muy fácil decirlo, pero siempre intento no agobiarme. Yo lo anoto todo, escribo todo lo que tengo que hacer en el día y voy tachando según lo voy completando, porque si no se me olvida lo que tengo que hacer», explica.
En verano, parte de su vida transcurre en la carretera. En julio tuvieron 25 actuaciones en 31 días y en agosto suman unas 21 en 30. Normalmente tienen rachas de varias jornadas seguidas trabajando con una libre de por medio. Recorren Galicia de norte a sur, pero valora el momento de llegar a su casa aunque sea a las ocho de la mañana. «Si la fiesta termina pronto, a eso de las cuatro, a las seis puedo estar en casa. Al día siguiente me levanto antes y aprovecho para ver a mis amigos, para comer con mi familia e incluso para ir un ratito a la playa». La decisión de cambiarse a la Olympus, orquesta que tiene casi todas sus fechas en Galicia, fue, en parte, por este motivo: «Los horarios dependen de donde tengamos las fiestas, pero yo siempre valoro volver». Al día siguiente ya se impone la rutina. «Sobre todo en agosto, que tienes el cansancio acumulado, te acuestas reventada, te levantas a las tres de la tarde, comes algo y entre que recoges un poco y vas al supermercado a comprar cena ya tienes que volver a salir. Es un bucle».
Los espectáculos, de horas de duración, agotan. Si hacen dos pases, dura dos horas el primero y una el segundo. Si hacen un pase único, son tres horas. «Tenemos algún momento para parar, pero igual son dos minutos. Entre que te cambias y bebes un poco de agua, ya se pasa», explica la bailarina. Es complicado, sobre todo, teniendo en cuenta que el objetivo es que el espectador se quede atrapado en la coreografía. En el escenario de la orquesta Olympus siempre pasan cosas. «Se quiere satisfacer al público de todas las edades, pero está enfocada sobre todo a la gente joven. Cada quince minutos hay un momento para ver vocalmente a los cantantes y, al mismo tiempo, rellenar el escenario y que la gente se pare a ver. La juventud, yo incluida, está ahí hablando con sus amigos y tomando una copa, pero buscamos que, en vez de darle la espalda al escenario, la gente se gire y mire, que le llame la atención y le guste».
Ese momento lo consiguen con mix de canciones de Aitana y de Ana Mena, la parte del espectáculo que más trabajo llevó conseguir. De esta temporada recuerda algunas fiestas en las que tuvo como público a su familia y a sus amigos. También otras, como las de Marín y Mondariz, en las que vio a los asistentes más entregados que nunca. Su espinita son las fiestas de O Milladoiro, en las que cancelaron su actuación por el viento a cinco minutos de que empezara. «Era al lado de mi casa, tenía que estar a las nueve en el palco e iba a salir a las nueve menos cinco, pero si una actuación no se hace es porque de verdad no se puede hacer», lamenta Lucía Sixto, que espera con ganas poder bailar en su tierra próximamente.