La señal eléctrica de los marcapasos permite predecir la progresión de una arritmia cardíaca

El seguimiento a 5.000 pacientes coordinado por un investigador gallego abre la vía a la medicina personalizada para los pacientes con fibrilación auricular y tratarlos a tiempo antes de un desenlace crítico


redacción

El latido cardíaco se vuelve irregular, caótico, incluso en reposo. El compás natural del corazón de desajusta hasta que, en no pocos casos, una aceleración abrupta puede desencadenar en una insuficiencia cardíaca o en un ictus, cuando la sangre se acumula en las aurículas en forma de coágulos que pueden taponar el cerebro. Es lo que les sucede a los pacientes con fibrilación auricular, la forma más común de arritmias que acabará desarrollando una de cada tres personas a lo largo de su vida. Y el verdadero problema ocurre cuando la frecuencia cardíaca se desboca de forma inesperada. Los médicos, en buena parte de las ocasiones, llegan demasiado tarde.

Pero este proceso crítico sí podría llegar a predecirse en el futuro de forma individualizada en cada paciente, de tal modo que se pueda administrar la medicación adecuada en cada caso para evitar un desenlace fatídico. Esta nueva puerta que se abre hacia la medicina personalizada en pacientes con fibrilación auricular acaba de ser probada por un equipo de científicos liderados por el investigador gallego David Filgueiras, del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), Hospital Clínico San Carlos de Madrid y del Centro de Investigación en Red de Enfermedades Cardiovasculares.

Los especialistas han demostrado, tras el seguimiento a 5.000 pacientes de 55 hospitales durante tres años y medio, que es posible monitorizar y predecir la progresión individual de la enfermedad. ¿Cómo? Gracias a la información eléctrica cardíaca obtenida desde dispositivos como marcapasos o desfibriladores. Ello es posible gracias a la tecnología actual de transmisión remota, a través de la cual se puede analizar la señal eléctrica del corazón durante los episodios de fibrilación auricular y así establecer tanto el estadio de la enfermedad como la velocidad de progresión de la misma.

«Toda la información eléctrica se puede transmitir remotamente a una central, donde la puede examinar un médico para comprobar la evolución de un paciente y predecir incluso un episodio de fibrilación auricular. Nos permite ver cómo evoluciona cada persona en la progresión eléctrica de su arritmia», explica David Filgueiras, el responsable de un trabajo que se ha publicado en la revista científica Europace. En la investigación también participaron pacientes de los hospitales CHUS de Santiago, Álvaro Cunqueiro de Vigo y CHUAC de A Coruña.  Luisa Pérez-Álvarez, de este último centro, también firma como autora del artículo.

El estudio ha permitido establecer, en primer lugar, que la evolución de cada paciente es muy distinta, por lo que, conociendo las pautas que va a seguir cada uno, se podrá realizar una medicación personalizada que permita controlar la arritmia. «No somos iguales. La tasa de aceleración de la actividad eléctrica es muy distinta en cada persona», constata Filgueiras.

En los últimos años se han establecido distintas escalas que posibilitan estimar el riesgo de una determinada persona de sufrir fibrilación auricular en un período de diez años. Sin embargo, una vez iniciada, «tiene una evolución significativamente distinta de unos pacientes a otros», apunta el investigador gallego. «Por ejemplo -añade-, en algunos se mantiene con episodios de corta duración durante años y, en otros, progresa de forma rápida a episodios de larga duración, con dilatación asociada de las aurículas del corazón y con grandes dificultades para un control eficaz del ritmo cardíaco».

Por ello existe la necesidad de disponer de herramientas capaces de monitorizar y predecir de forma personalizada la progresión de la fibrilación auricular de cada paciente. Esto pemitirá, una vez que se han producido los episodios, «la toma de decisiones terapéuticas en el momento más oportuno, evitando llegar demasiado tarde cuando la arritmia ha progresado a estadios más difíciles de controlar», según advierte el doctor José Jalife, otro de los colaboradores del estudio liderado desde el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares.

Los científicos han comprobado que es posible, mediante la monitorización de la señal eléctrica de marcapasos y desfibriladores eléctricos implantables, predecir la evolución de la enfermedad, pero hace falta un nuevo estudio, con la colaboración de los hospitales, que permita establecer cómo se puede establecer las pautas de medicación personalizada en cada caso y determinar si esta opción también es factible, como todo parece indicar. «Confiamos -apunta Filgueiras- en que lo podremos llevar a cabo».

Ocurre también que los pacientes que llevan marcapasos suelen tener una cierta edad -unos 76 años de media- por lo que quedarían muchos, sobre todo los más jóvenes, a los que no se les podría realizar un seguimiento. La alternativa que se plantea para estos casos es aplicar la misma tecnología de los marcapasos y desfibriliadores automáticos en camisetas inteligentes y relojes (smart-watches), con lo que también se podría monitorizar sus señales eléctricas. «En estos casos -advierte Filgueiras- la señal eléctrica no llegaría directamente de su corazón, pero podría ser igualmente un avance importante que nos permitiría controlar a un gran número de pacientes con fibrilación auricular».

Los resultados del estudio actual fueron posibles gracias al análisis independiente de grandes datos procedentes de centros hospitalarios nacionales de primer nivel y a la colaboración interdisciplinar de médicos e ingenieros. El trabajo contó con la financiación de la Fundación Interhospitalaria para la Investigación Cardiovascular (Fundación CIC).

«Volví a nacer. Estuve tres o cuatro minutos con el corazón parado»

r. romar

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«De repente perdí el conocimiento. Sin más, sin previo aviso». A Paula Elena Ramos se le paró el corazón en Ibiza el 4 de julio del 2014 a los 27 años. Se le apagó latido por un fallo completo de la transmisión del impulso eléctrico. Por un momento, el cableado cardíaco se le activó de nuevo y tuvo fuerzas para llamar a una ambulancia. Del centro de salud pasó a Urgencias donde le pusieron un marcapasos provisional. No había hecho más que empezar una pesadilla que la mantuvo ingresada en la uci durante una semana, con varias recaídas, hasta que le implantaron el dispositivo definitivo que lleva ahora. Lo peor, sin embargo, estaba por llegar. Ocurrió justo antes de entrar en quirófano, cuando la preparaban para la operación. Al cambiarla de mesa alguien, por un descuido, dio un tirón al cable que la sostenía a la vida. « Volví a nacer porque fue una experiencia cercana a la muerte. Estuve tres o cuatro minutos con el corazón parado, sin latido», relata.

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