Cuenta atrás para la vendimia en la que las bodegas no querrán uva

La venta se activará en el mejor caso sin margen para dar cabida a otra cosecha

Entrada de uva, la pasada vendimia, en una bodega de la subzona de Chantada
Entrada de uva, la pasada vendimia, en una bodega de la subzona de Chantada

monforte / la voz

Una especie de gafe parece perseguir a las vendimias más voluminosas en la Ribeira Sacra. La cosecha del 2011, en la que se alcanzó por vez primera el listón de los siete millones de kilos de uva (6.999.560, para ser exactos), fue muy difícil de digerir por las bodegas debido a las secuelas de la burbuja financiera. Las ventas descendieron entonces de forma drástica y no fue fácil dar salida a los 4.679.300 litros que -según datos del consejo regulador- dejó tras de sí aquella campaña vitícola. La historia se repite con la vendimia del 2019, la mayor en la historia de la denominación de origen. Ahora, tendrá que capear con las graves consecuencias económicas de una crisis sanitaria sin precedentes.

La producción récord que se alcanzó en la pasada campaña -fueron 7.262.831 kilos de uva- fue recibida con euforia por las bodegas acogidas a la denominación de origen. En la inmensa mayoría de ellas, apenas quedaba vino por despachar de la cosecha anterior. Los principales grupos que operan en Ribeira Sacra incluso se habían visto ante la imposibilidad de cerrar acuerdos comerciales por falta de existencias. Pero los cálculos que tenían vigencia hace solo unas semanas se desplomaron como un castillo de naipes como consecuencia de la pandemia.

Se echará encima

La web del consejo regulador incorporó a finales del pasado año a su base de datos los kilos de uva de la última vendimia. De momento, no ofrece una estimación de los litros de vino que pueden salir al mercado con el indicativo de la añada del 2019. Sobre la base de las cifras del 2011, serían más de 4.800.000. Un volumen de vino que, en vista de la actual situación, apenas habrá comenzado a encontrar salida cuando se eche encima la siguiente vendimia.

«Sendo moi optimistas, non se vai poder falar dunha normalidade relativa ata que pasen un par de meses. Estaríamos en xuño, xa cunha nova vendima ás portas», admite uno de los integrantes del consejo regulador. Hacer predicciones a estas alturas resulta arriesgado, pero si hay algo que tiene claro el sector es que las ventas se resentirán durante bastante tiempo. «Con todo o que está pasando, o consumo vai tardar moito en poder recuperarse aínda que sexa minimamente», apunta uno de los bodegueros que incrementaron significativamente la producción tras la última cosecha.

Los brotes arrancan estos días con fuerza en las viñas espoleados por el sol y las temperaturas primaverales. Los viticultores comienzan a eliminar las hierbas y se preparan para dar las primeras aplicaciones de azufre en las vides. La salud preocupa estos días, pero también el bolsillo. «Como veña unha colleita boa, non sei a quen imos venderlle as uvas», comenta al otro lado del teléfono un viticultor de Vilachá que comercializa la producción de sus viñas.

La compra de la uva no solo plantea problemas a nivel económico, derivados de la demanda del mercado y de la capacidad de poder afrontar nuevos pagos. «Nós acabamos de pagar a uva da pasada vendima e atopámonos con que non imos cobrar o viño porque os distribuidores tampouco cobran», resume un bodeguero. Un condicionante añadido pasa por la capacidad de almacenamiento que puedan tener las bodegas llegada la próxima vendimia. Si los depósitos están llenos, apuntan desde el sector, nadie va a invertir para ampliar capacidad.

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