El ensilado de forraje, una normalidad relativa en el campo

La campaña ha comenzado adaptada a las circunstancias para evitar contagios y garantizar el alimento de las vacas


La actividad en el campo barbanzano continúa pese a la extensión del coronavirus. De hecho, con la llegada de la primavera y el buen tiempo, incluso se ha intensificado de forma importante ya que son muchas las granjas en las que ya ha comenzado la campaña de ensilado del forraje.

«As vacas son coma as persoas e tamén teñen que comer todos os días. Mentras se poida temos que atendelas como fixemos sempre». Así de rotundo se manifestaba en la tarde ayer un ganadero de la parroquia mazaricana de Maroñas que se afanaba en repartir por el silo la hierba que llegaba en un gigantesco remolque. «Está todo tan mecanizado que non temos máis contacto que o que falamos, uns cos outros, polas emisoras dos tractores. Non é coma antes, que había 20 persoas no silo, agora un só da feito de sobra», explica el profesional que, sin embargo, si reconoce haber tomado ciertas precauciones para minimizar el riesgo de posibles contagios.

Comidas en casa

«É certo que antes comiamos o bocadillo ou xantábamos todos xuntos, pero este ano decidimos que cada un comese na súa casa. Aparentemente non temos risco, pero calquera precaución é pouca», precisa.

Si todo va según lo previsto, durante las próximas dos semanas se recogerá en la zona la superficie de forraje equivalente a más de dos mil campos de fútbol. Un trabajo que comienza con la recolección de la hierba mediante unas enormes segadoras rotativas enganchadas al tractor que, además de cortarla, la deja completamente esparcida por la finca. El objetivo es que seque y se deshidrate al sol entre 24 y 48 horas, tras lo cual una especie de rastrillo mecánico la coloca en hileras para facilitar su procesado con la cosechadora.

Esta máquina -la misma que se utiliza para la recolección del maíz, aunque con un cabezal diferente- pica el forraje y lo deposita en los remolques que lo trasladan a la explotación. Una vez allí, se reparte a lo largo del silo, se compacta y se cubre con una lona plástica que, impidiendo la entrada de luz y aire, permite su correcta conservación.

La mayor parte de estos trabajos son contratados por los ganaderos a empresas de servicios especializadas que poseen maquinaria de gran tamaño con la que poder recolectar enormes cantidades. Así, una moderna cosechadora -su precio supera los 400.000 euros- consigue ensilar en una jornada normal de trabajo el terreno que ocuparían más de 40 campos de fútbol.

Con todo, y aunque cada operario faena en su propio tractor, equipado con una cabina totalmente cerrada, sí se han visto trabajadores protegidos con máscaras y guantes. Tanto en sus traslados entre las diferentes explotaciones como al bajar de las máquinas para llevar a cabo tareas de mantenimiento

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