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Riazor y su ídolo festejaron la victoria sin alardes a la espera de otros duelos
26 mar 2023 . Actualizado a las 21:29 h.Cualquier derbi pasado era mejor que este de tercera, en el que el deportivismo nunca quiso participar. Pero la realidad del equipo coruñés es esta, la de enfrentarse a un Celta B que desplazó a A Coruña a cerca de un millar de seguidores célticos, que siguieron el partido desde la grada de afición visitante con mucho alboroto. Riazor está para otra cosa.
No es que el choque diese igual a los blanquiazules, todo lo contrario, pero la intensidad de un derbi se percibe desde el principio. Desde el mismo himno gallego, que esta vez no sonó por los altavoces. No hay partido de rivalidad vecinal entre iguales, no hay Os pinos, debió de pensar alguien, y el partido arrancó como cualquier otro.
Los cánticos en los que una afición se choteaba de las debilidades del contrario animaron un partido en el que poco pasó en el césped. Si desde la grada blanquiazul se reían de las copas de cristal, en la esquina celeste pedían la selección para Lucas. La ruidosa grada visitante sacaba tajada en un Riazor donde imperaba la concentración en un partido de importancia capital en una temporada que se tambaleaba. Los tres puntos valían su peso en oro, y la hinchada que nunca se rinde lo comprendió desde el principio de la semana, cuando otra vez se volcó a comprar entradas para esta noche y para el próximo partido en Salamanca. Porque esto no se acaba con los tres puntos.
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También se dio cuenta Lucas, que hizo lo suyo: marcar, ejercer de capitán sin brazalete y pedir, sin abrir la boca, otro duelo de rivalidad para Riazor. La asistencia superó de nuevo los 25.000 espectadores en una nueva muestra de que el Dépor no volverá a caminar solo en esta liga, que el ascenso se logrará en comunión con un campo abarrotado o no se logrará. Y los derbis ya llegarán.